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La Plantilla del FC Barcelona

Esa Plantilla cuenta con el mejor jugador del mundo que es Lionel Andres Messi.

La Plantilla del Real Madrid FC

Esa Plantilla cuenta con el goleador mas ambicioso e insaciable que es Cristiano Ronaldo.

El tridente de la casa Blanca la BBC

Bale-Benzema-Cristiano.

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sábado, 14 de mayo de 2016

Real Madrid vence al Deportivo con goles de Cristiano Ronaldo


El asalto a la Liga quedará donde habita el olvido. La historia sólo recuerda a los ganadores, pero para la historia inmediata del Madrid, la que se escribirá en Milán, haber peleado hasta el último momento por el título es un subidón de moral. Al final se trata de eso, no de olvidar los fallos que le quitaron la Liga al Madrid, sino de superarlos.
La esperanza duró 22 minutos, los que tardó Luis Suárez en hacer el 0-1 a unos 1.000 kilómetros de Riazor. Porque el Madrid empezó la tarde jugando en dos estadios y la terminó cumpliendo en uno y renegando del pinganillo en el otro. Revisada la recta final de la competición es de obligado reconocimiento el mérito de un equipo que estaba desahuciado y que ha terminado por hacer cosquillas hasta el último día a un Barça que tenía tomadas las medidas del trono y hecho el hueco en el salón.
El partido, la verdad... Pues no tuvo mucho. Salió el Madrid a torturar al Depor para mandar un mensaje al Barça y durante un rato le salió bien el plan. En el minuto 7 ya iban ganando los blancos con un gol 'made in BBC'. Bale entró por banda izquierda, se coló en el área, la puso atrás y el remate defectuoso de Benzema le cayó a Cristiano para empujarla a la red.
Marcó el Madrid y se rindió al auricular. Más pendiente de la oreja que de la bota, aún hizo el 0-2 Cristiano en una jugada de barullo, extraña, como correspondía al partido. Bale arremetió contra Arribas, que quedó tendido en el suelo, dejando a Cristiano solito para rematar el segundo con la colaboración de la chepa de Mosquera.
Con un Deportivo al que tampoco le fue la vida en el partido, Cristiano pudo hacer el tercero y el cuarto pero se topó con palo y larguero de forma consecutiva. A cuatro goles de Suárez en el Pichichi al inicio de la jornada, el tipo saltó a Riazor a quitarle el trofeo al uruguayo. Este jugaría con la misma intensidad en el patio del colegio en una reunión de exalumnos, no conoce amistosos ni bajadas de tensión.
Y se murió el partido. Las noticias de Granada no provocaban ilusión en los blancos y sin chispa no hay nada que hacer. Jugar sin ambición es como enamorarse sin ganas, un sinsentido. Fede Cartabia lo intentó y Pletikosa se despidió del fútbol dejando buenas sensaciones y, a pesar de la derrota, con una sonrisa.
El Madrid no ganó la Liga. Pero la peleó hasta la campana del último asalto. Se mantuvo de pie y no besó la lona. Perdió, como suele suceder en el fútbol, a los puntos. Concretamente por uno.La siguiente estación es Milán, premio gordo de la temporada, segunda entrega del partido más importante de la vida de los madridistas que tratan en su día a día con algún atlético.

Barcelona se proclama Campeón de la Liga BBVA tras vencer al Granada


En Granada todo es posible. Lo ilógico y lo natural. El Barcelona jamás había perdido un título dependiendo de sí mismo en la última jornada y así seguirá siendo un año más. El dominador del campeonato durante toda la temporada se impuso en el partido decisivo en un ejercicio de control y paciencia hasta la aparición de Luis Suárez, demoledor.
El instinto del pistolero uruguayo ha resultado fundamental en tiempos de duda. La serie en los últimos cinco partidos explica el pleno azulgrana. Cuatro goles al Dépor, cuatro al Sporting, uno al Betis, dos al Espanyol y los tres de ayer en Los Cármenes. Lucho pelea cada balón como si en ello le fuera la vida, un ingrediente que ha cuajado de fábula en el académico juego azulgrana. A falta de elaboración, la puntualidad de Suárez para llegar a todos los remates ha cuadrado el círculo.
Durante dos tercios largos de campeonato nadie discutió la jerarquía del Barcelona. Esa superioridad reapareció en Los Cármenes, donde el Barça no consintió dudas. Cogió la pelota y la movió con paciencia, de un lado a otro, aguardando a que surgiera el espacio. El Granada se cerró por dentro e invitó a los azulgranas a entrar por los costados. Dicho y hecho. Aunque la primera ocasión fue un córner rematado por Piqué que Andrés Fernández sacó con los pies dentro de la portería (no pareció que entrase), las bandas fueron el camino al título. Lo detectó Messi, que se fue al centro para abrir espacio a Alves y buscar la diagonal a Neymar. En una no acertó el brasileño. En la siguiente se asociaron Ney y Alba, que entró solo y entregó para que Suárez anotara el primero.
Llegó la diana en el momento justo. Se masticó en la grada el gol del Madrid en Riazor, lo que convirtió en campeón virtual al equipo blanco durante unos minutos. Quien estuviera viendo el partido de Los Cármenes sabía que aquello era una anécdota. El triunfo del Barça era cuestión de tiempo.
El primero de Suárez templó aún más al Barça, que no perdió el sitio ni con alguna salida de tono de Miguel Lopes. El lateral, que empezó en la izquierda, cambió a la derecha para vigilar a Neymar y le dejó la suela en el tobillo, sin castigo arbitral. El Granada se supo inferior y tuvo poca opción de salir. Sólo una carrera de El Arabi mal resuelta por el atacante entregaron los rojiblancos en el primer acto. Mientras, sin un ritmo alto ni exquisiteces, los azulgranas pusieron a buen recaudo el título aprovechando el césped alto y seco. Una diagonal larga y precisa de Mascherano buscó a Alves. Con el campo regadito no habría llegado nunca, pero el bote contuvo la bola, el lateral templó y Suárez acudió donde ningún defensa esperaba encontrarle. 0-2 y la Liga lista de papeles.
El segundo tiempo brindó la mejor versión del Barça. Iniesta enganchó en el centro del campo y fue imposible quitarle la pelota. Controles extraordinarios, pases precisos, cambios de ritmo incontenibles... El manchego coronó una temporada estupenda con un partidazo sobresaliente. Su control del escenario abortó casi todas las inentonas granadinistas.
Nadie puede dudar de la intención del Granada, eso quedó claro. Tuvo una buena opción Fran Rico cuando se plantó solo ante la meta azulgrana, bien habilitado por El Arabi. Ter Stegen aguantó en la media salida y contuvo el remate con eficacia germánica. Las broncas también dejaron muestra del carácter local. Rubén Pérez recordó a Neymar que los lujos innecesarios molestan. Se contuvo a tiempo para evitar la roja. Y Cuenca, ex azulgrana, provocó la indignación culé al jugar una bola para El Arabi con el rival parado. Un par de tarjetas para serenar los ánimos y sigan.
Rozó el Barça el tercero en varias ocasiones, pero tardó en llegar. Lo hizo al final, generoso Neymar para coronar a Suárez como Bota de Oro, y entonces sí se decretó la fiesta azulgrana. Honor al campeón. No hay mejor equipo en la Liga que el Barça.

domingo, 8 de mayo de 2016

Real Madrid vence a Valencia y se coloca en el segundo puesto de la Liga


Hasta el final. El Real Madrid no se va rendir. Jamás. Lo puede contar Arbeloa, que se despidió del Santiago Bernabéu en el campo y pidiendo la hora. El Valencia amenazó con un gol que hubiese dado el título al Barça. El Atleti se cayó de la pelea, pero no el Madrid. Todavía puede ser campeón aunque necesite ganar en Riazor y un favor del Granada, ya salvado, que recibe al Barcelona.
Antes de la final de Milán, llegó la undécima. La undécima victoria consecutiva del Madrid. Encabezada por el de siempre, Cristiano Ronaldo, autor de dos de los tres goles. Vital fue tambiénKiko Casilla, que tiene manos para jugar en el Madrid. Su soberbia segunda mitad evitó un sofoco al Bernabéu.
James apareció en un once con Benzema y con Cristiano. Los dos, entre algodones todos estos días, están listos para la final. Aunque para eso todavía queda mucho. Mientras, hay que seguir ganando. Hasta el final. No dejar de creer, ya saben.
Si Casilla dio un recital, el Bernabéu volvió a ver otro de Diego Alves. Le metieron tres, pero sacó balones imposibles. Le superó Cristiano. Por primera vez cerca de la media hora. Chutó con precisión de cirujano para abrir la lata. Y el encuentro saltó por los aires.
El partido se convirtió en un correcalles. Alves siguió demostrando que hay días en los que engaña y tiene más brazos. Cancelo perdonó el empate y Benzema marcó antes del descanso previa parada terrible de Diego. Era fuera de juego, pero subió al marcador.
Como presentación de la segunda mitad, Ayestarán metió a Mina y André Gomes. Y el Valencia sembró el pánico. Parejo tocó dos veces madera y Kiko Casilla fue de hierro. Se contaron hasta cuatro paradones que evitaron goles cantadísimos.
Rodrigo acortó distancias y Cristiano poco tardó en volver a alargarlas. Marcó a pase de James, al que se le vieron cositas. Sólo cositas, pero algo es algo. En Milán una de esas puede transformarse en Undécima.
Zidane, hay que decirlo, descompuso al equipo con los cambios. Hasta quitó a Cristiano a diez del final para que entrase Arbeloa y, brazalete en mano, sufrió con el madridismo. André Gomes metió un golazo y el Valencia acabó con diez (expulsaron a Rodrigo por decirle algo fino al línea). El Bernabéu se despidió inquieto. Pero feliz. Ahí hay que estar. Hasta el final. Como Arbeloa. Eso es madridismo.

Barcelona aplasta al Espanyol y esta a un paso de ser campeón de la Liga


El Barcelona tiene la Liga en la manita. Al líder le bastó con un arranque brillante y la voracidad de su tridente para liquidar al Espanyol como quien espanta una mosca. El Tamudazo fue un recuerdo lejanísimo que ni asomó por el estadio azulgrana. Lo mejor para los pericos fue sellar la permanencia gracias a resultados de terceros. Al conjunto azulgrana le bastará con ganar al ya salvado Granada para sumar un título que tuvo ganado, que vio peligrar y que ha amarrado con una reacción poderosa. Desde la derrota contra el Valencia, 21 goles a favor y ninguno en contra. Brutal.
Messi es el centro de gravedad del Barcelona, es una evidencia. Por eso cuando la necesidad aprieta es La Pulga quien toma las riendas. Sin pestañear, además. Leo capitalizó el arranque del líder con un gol, una amarilla y la presencia en casi todas las acciones de su equipo, en ataque o de presión para recuperar la bola y asfixiar al rival.
Al Espanyol le duró la pelota menos de diez segundos desde el saque inicial, síntoma del carácter azulgrana. Esta vez no permitiría dudas desde el inicio. Se volcó sobre el área perica y generó llegadas continuas, algunas claras. En la izquierda desbordó Neymar superstar, con quiebros, fintas y hasta una rabona. Suárez fijó a los centrales, y por la derecha partió Messi e incidió Rakitic. El extraordinario lanzamiento de falta en el minuto ocho, a la escuadra derecha de Pau, destapó el corcho. Y cuatro minutos después, un rapidísimo ataque entre Suárez y Messi encontró a Rakitic en boca de gol, anulado por fuera de juego. Lo pareció, pero no lo era. Lo anulaba un defensor, sentado al otro lado de la jugada. Tampoco tuvo suerte el Barça con Gil Manzano en otro lance polémico, una caída de Messi ante Duarte, que le derribó en el arrastre.
El Espanyol tardó media hora larga en asomarse al balcón de Ter Stegen. Superado por el alto ritmo azulgrana, sólo un par de balones diagonales a Caicedo metió algo de picante al duelo. El punta sólo remató uno, bien blocado por el meta alemán. A falta de llegadas, los pericos llenaron el depósito de tarjetas, y aún pudo darse por contento con Hernán Pérez, que bordeó la roja en varias oportunidades.
No necesitó esforzarse demasiado el Barcelona para resolver la disputa. Para colmo, el único futbolista con aspecto de amenaza, Caicedo, se quedó en la caseta tras el descanso y poco más se supo de los pericos, que pusieron de su parte para agrandar la derrota. En el 2-0 fallaron Diop en el pase de salida y Roco al habilitar a Suárez. Robó Alves, sirvió Messi y resolvió Suárez. Antes del cuarto de hora, el uruguayo cabeceó un córner a la red. Con falta clara sobre Javi López, pero el colegiado tampoco acertó en ese lance.
El uruguayo recogió el protagonismo de Leo con ese doblete y con una excelente asistencia a Neymar, tan intratable en el regate como poco activo en el remate. Para su diana no tuvo más que empujar la bola en una jugada iniciada por Alves, a gran nivel. Cuando juega bien, juega bien.
El final del partido fue cruel para el Espanyol, rendido con los cambios a falta de casi 20 minutos. Pau, alma perica, amenazó en la previa y recogió su castigo tras un error clamoroso que permitió el quinto de Rafinha. El Camp Nou se ensañó con el meta, que se recompuso como pudo. La gradería masticó el título cuando llegaron noticias con goles de Levante y Valencia, pero faltó un tanto en el Bernabéu para completar la fiesta.
Aunque no esté al nivel de hace tres meses, el Barça encara la última jornada con todos los triunfos en la mano. Tiene nivel de juego y confianza para sellar el título, aunque hará bien en resolverlo cuanto antes. El Granada no se jugará nada. Como el Levante ante el Atlético.

sábado, 30 de abril de 2016

El Líder no falla ante Betis y esta mas cerca de ganar la Liga


Una diana precisa de Luis Suárez evitó un sofoco mayor del Barcelona, que cumplió estrictamente con su cometido. Venció y respondió a la presión trasladada por Real Madrid y Atlético, pero lo hizo con dificultades en un choque que en otro momento de la temporada habría resuelto sin pestañear. La expulsión de Westermann en el minuto 35 condenó al Betis, pero el equipo verdiblanco no dobló la rodilla hasta el 81', cuando Lucho embocó el 0-2. Hasta entonces, el orgullo y la inspiración de Iniesta fueron lo mejor de un líder que no parecía estar jugándose medio título.
Es más que probable que el Barcelona acabe ganando la Liga, pero emite síntomas extraños. No es normal, ni ante el Sporting ni en el Villamarín, que desperdicie medio partido con un ritmo lento, poco movimiento y escaso de agresividad. Se rebrinca Luis Enrique hasta la mala educación cada vez que le preguntan por la forma física, pero da la sensación de que sus futbolistas se regulan conscientes de que tienen gasolina para un ratito. El resto es cuestión de minimizar riesgos.
En todo un primer tiempo, con un Betis muy replegado, el Barça apenas generó dos remates a portería, uno de Jordi Alba tratando de hacer un Sylvinho (remate directo desde la banda, amagando con el centro) y otro de Neymar, que al menos participó más que en anteriores compromisos. Pero con la excepción de Iniesta, siempre claro con balón y en el pase, y Jordi Alba, la mejor opción para desbordar por fuera, no resultó complicado para los verdiblancos controlar los ataques del líder hasta la pausa.
Era imposible de prever los minutos locos de Mateu Lahoz, que tiró a la basura su manual de árbitro templado. Castigó cada falta con tarjeta, y en esa tormenta el menos hábil fue Westermann, que vio dos en siete minutos. Pura imprudencia del central, que dejó a su equipo con diez con una hora larga por delante. Con guasa, el respetable cantó el "campeones, campeones" y el himno del Atlético, por chinchar al Barcelona más que nada.
El decorado cambió algo en el segundo tiempo, aunque sin exagerar tampoco. Contra diez y con una Liga por perder, el Barça colocó sus líneas en torno al área verdiblanca hasta obtener recompensa. Gran parte del mérito recayó sobre Iniesta, que apareció por todos lados para pivotar en la circulación azulgrana. En un pase estupendo de Neymar estuvo a punto de atinar Suárez con la zurda, y fue un aviso de lo que estaba por llegar. El tanto cayó de forma poco honrosa, con un centro llovido sin peligro aparente que buscó Adán muy lejos de su portería y pifió Pezzella en un intento absurdo de chilena. Mansa y amable, la pelota cayó en Rakitic, un ex sevillista, que empujó sin oposición. Adán abroncó a su central por la pirueta innecesaria, pero el meta tampoco estuvo fino en la salida. Será pasto de los memes. Su promesa de fastidiar al Barça pasa factura.
Esas gracias no tendrán en cuenta un paradón del portero, como Hart ante Pepe, achicando la portería a Luis Suárez, que remató sin oposición a servicio de Messi. El caso es que el Villamarín comprendió que sólo un milagro daría una satisfacción. Y no sería porque el Barça no puso de su parte para amenizar la velada. Regularon los centrocampistas azulgranas y los puntas se adornaron en lugar de rematar, lo que permitió al Betis soñar. Era cuestión de llegar al último cuarto de hora a tiro de un gol y buscar la suerte en cualquier balón largo.
Entraron Musonda y Van Wolfswinkel para refrescar a los puntas, y se marchó Ceballos, tan revolucionado que coqueteó con la doble tarjeta. También lo hizo Alves, y los dos técnicos reaccionaron antes de poner a prueba el brazo ligero de Mateu. Con el 0-1 en el marcador una pelota larga para Riki VW probó la agilidad de Bravo y espabiló al Barça, que al fin cerró la función. En una jugada parada, con Iniesta y Messi pasándosela andando, la zaga bética dejó pensar a Leo y eso siempre conlleva castigo. Esperó la diagonal de Suárez, metió el pase y el uruguayo coronó sin pensar, como hacen los delanteros de instinto. Otra muesca en la Bota de Oro.
En ese minuto 81 el Barça se sintió a salvo, con sólo dos jornadas para certificar la Liga. La conjura de los canelones, esa comida de hermandad para lograr el doblete, funcionó a medias. En el electrónico, sin duda. En el juego no tanto. Está claro que a estas alturas lo que cuenta es amarrar los puntos. Como sea.

Un cabezazo de Bale mantiene al Real Madrid en la lucha por la Liga


Si una oportunidad te sonríe a los ojos, tienes que aguantarle la mirada hasta las últimas consecuencias. Y el Madrid no piensa pestañear en lo que queda de Liga. La cabeza privilegiada de Gareth Bale volvió a resolver un día complicado, un testarazo de campeonato para derribar un muro, físico y psicológico, que se empezaba a hacer demasiado alto para los de Zidane llegados al minuto 80 y que se derrumbó dejando a la vista el camino a la Liga.
De la Real poco más se puede decir que su última jugada. Falta peligrosa cerca de la banda, cerca del área, y con Rulli presto al remate. Illarra no la levantó un palmo del suelo y el partido se acabó.
Bien cerrado atrás, el equipo de Eusebio embreó la zona que cubría su defensa y la primera línea del centro del campo, haciendo imposible que el Madrid acampase allí. James, más voluntarioso que acertado, participó en las dos primeras ocasiones en una suerte que no parece reservada a alguien de su categoría pero que domina de lujo, la puntera. Con ella asistió a Bale, que chutó desviado, y con ella probó a Rulli, que respondió entonces y siempre.
Con muchos cambios en el once, el Madrid no se encontraba porque no encontraba a Modric. Luka es el puntito azul del GPS blanco, el que lo ubica, el que triangula su posición. El que coge al equipo por los hombros cuando está nervioso y lo tranquiliza. Pero empezó a jugar y a dominar. Aun en un partido poco vistoso, empezó a dejar detalles de los suyos, como controlar balones con el pecho como quien se aplica Vicks VapoRub hasta que se le derrama a la bota, y a encontrar huecos donde otros veían persianas bajadas. Sus recopilaciones de jugadas bien podrían tener la categoría de poemarios.
No encontraba camino el Madrid, pero por alto empezó a hacer sendero. Cada córner y cada centro acababa en remate. Empezó a pisar por ahí y acabó fabricando un puente aéreo que le serviría para ganar.
El minutero fue navegando en un mar de tarjetas, faltas e imprecisiones. Durante un buen rato pareció que el colorín colorado del Madrid en Liga se escribía en Anoeta y la depresión de juego se contagiaba al ambiente. Avisó Bale con una ocasión clarísima, cazó un zurdazo en un claro del área, pero el pie de Rulli le negaba el gol. Pero el galés se cambió la chaqueta, se quitó las referencias al Ejército de Tierra y se vistió de aviador.
Quedaban diez minutos y la Liga pasaba de guiñarle un ojo al Madrid a cerrarle el paso a sus pupilas. Isco tardó 75 minutos en salir y cinco en bautizar el gol. El malagueño, a veces redundante en el gesto, tuvo un par de acciones en las que oteó el tanto pero no encontró cómplice hasta el 80', donde miró a banda y surgió Lucas. El canterano colgó un balón que pareció más trozo de carne lanzado a una jaula de león hambriento, porque Bale saltó a por él como el niño al que se le escapa un globo. Pero Gareth lo alcanzó y lo remató a la red, el único imposible para Rulli en la tarde.
Sufrió el Madrid al final y Keylor tuvo que hacer de las suyas, pero la Real sigue sin ganar desde que tumbó al Barça y se volvieron los blancos de Donosti con tres puntos y una certeza. Por ellos no va a quedar. La han rondado, la han mirado y les ha sonreído. Pero para besar la Liga dependen de otros pretendientes.

sábado, 23 de abril de 2016

Barcelona golea al Sporting y sigue siendo dueño de la Liga


Ocho goles en tres días es un registro al alcance de elegidos. Luis Suárez pertenece a esa estirpe, y por ello se coloca en el primer puesto de los goleadores de Europa. También se ganó un trocito del corazón de los aficionados con el guiño a los enfermos de PKU, a quienes dedicó su primera diana.
Como corresponde en Sant Jordi, el relato del partido tuvo un héroe clarísimo y un villano de manual. Clos Gómez despachó un arbitraje malísimo, y aunque nadie en el Sporting explicó la derrota en los errores del colegiado, le protestaron el 1-0, el 2-0 y dos de los tres penaltis. No acertó en casi nada.
Pese al tanteador abultado, el liderato del Barça esta vez se asentó sobre un juego sospechoso. Ni el vibrante ritmo ante el Valencia ni el acierto demoledor frene al Deportivo. El Sporting, con siete cambios en el once para refrescar a sus guajes, intuyó que podía sacar tajada del Camp Nou casi sin quererlo.
Se puso pronto el partido cuesta abajo para el Barcelona, aunque ni siquiera llegó producto de un arranque fulgurante. Es más, cayó como reacción a una ocasión clarísima de Menéndez, solo ante Bravo tras una buena acción de Guerrero al burlar a Piqué. Al minuto, un globo de Iniesta hacia Suárez encontró a Cuéllar, derribado por el ímpetu del uruguayo. Messi rebañó el balón suelto y lo colocó con la cabeza en la red. El meta no pudo volver, derribado en su área. Clos no vio falta.
Animó poco la diana, aunque Cuéllar tuvo que sacar el pie para repeler otro disparo de Messi. Poco más aportó el Barça en un primer acto larguísimo por culpa del desinterés local. El Sporting tenía asumido que no le iba demasiado en el envite, pero tampoco era cuestión de rechazar la invitación. Defensa ordenadita y salidas verticales lanzadas por Halilovic en busca de Guerrero. No fueron muchas, pero las suficientes para llevar la desazón al graderío. De hecho, el broche al primer acto fue una doble ocasión de Guerrero, salvada por Mascherano en la línea, y otra de Halilovic, despejada por Piqué entre el brazo y el costado. Difícil asegurar con qué parte tocó la pelota. Clos no tuvo dudas. Ni mano ni gaitas.
Luis Enrique movió el equipo por obligación. Las molestias de Sergi Roberto obligaron a dar entrada a Alves, protegido tras el vídeo del pelucón. El brasileño juega mejor que actúa. Activó la banda derecha y contribuyó a subir un puntito las revoluciones, aunque aún dio tiempo a escuchar algún pitido del respetable, especialmente dedicado a Neymar. Dos entradas de Vranjes de inicio le marcaron el territorio y se encogió el brasileño, incluso en un par de ocasiones solo frente al portero.
El cuartelillo acabó en el 64'. Poco después de que Abelardo colocara a Sanabria buscando la igualada llegó el tanto culé. La triangulación sencilla entre Messi e Iniesta encontró a Suárez solo en el segundo palo. Tan solo que estaba en fuera de juego, aunque ni Clos ni su asistente lo vieron. Sí que vieron la mano evidente de Canella en el área para inaugurar el festival de los penaltis. Transformó Suárez el primero, y desde entonces cada acción dividida fue castigada por el colegiado con el máximo rigor. Pitó dos más, el segundo ridículo que supuso además la expulsión de Vranjes. Suárez marcó el primero y Neymar el último. Buen gesto de Messi, que colaboró al recuperar al brasileño para la causa.
Expulsado Vranjes en la acción del último penalti, aún tuvo tiempo Lucho para completar el cuarteto de dianas. Un remate seco junto al palo, de nuevo habilitado por Messi en profundidad. Una recompensa enorme para el desinterés que mostró el Barça durante demasiado tiempo.

Victoria del Real Madrid que le permite seguir en la lucha por la Liga


El Madrid salió vivo de Vallecas. Rayo, lluvia y barrio se unieron para preparar una emboscada al blanco que casi acaba con las aspiraciones madridistas a la Liga. Pero el día que todas las miradas estaban puestas en Bale, Bale ganó el partido. Con la inestimable ayuda de los de la franja roja, sin dedos en los pies de tanto tiro que se han pegado esta temporada. Normalmente cuando todas las miradas están en una persona, lo que realmente esperan los observadores es que se la pegue. Que se tropiece en las escaleras, que se trabe en el discurso o que pierda los pantalones al posar en la foto. Pero Bale fue impecable en su exposición.
Cuando trincan a un corrupto, lo normal es que a las pocas semanas el juzgado se llene de visitas obligadas de los que eran sus compañeros de fechorías. Cuando en una clase de un colegio de un barrio (uno de verdad) el profesor busca al culpable de alguna gamberrada, hay silencio. Son los códigos del barrio, el honor, eso que no se aprende creciendo entre corbatas y sí jugando en descampados y parques. Y una de las máximas es que el barrio nunca olvida.
Por eso el Rayo le tenía tantas ganas al Madrid como para ir 2-0 en el minuto 15. Por eso el chaparrón que caía del cielo no era el único que empapaba a los de Zidane. Embarba aprovechó el baile desacompasado de la zaga madridista, que le dejó solo en la frontal del área pequeña, para empujar a la red un pase de Bebé, que venía de dejar por el camino a Danilo y Pepe. Y al poco, Miku vio botar un balón huérfano de bota tras un córner y fusiló a Keylor. 2-0, un cuarto de hora de raza del Rayo, una siesta fatal para el Madrid.
Y si Embarba llega a controlar bien y se planta delante de Keylor... Según le llegaba el balón, un Modric incómodo en el banquillo se echaba las manos a la cabeza. Pero controló mal, el 3-0 no llegó y el Madrid abrió un ojo, se recolocó el protector bucal y se puso en pie en la lona. Una de esas leyes que nadie escribe del fútbol porque una semana se cumplen y la siguiente no retumbó en la mente de los jugadores del Madrid. "Hay que hacer el 2-1 antes del descanso".
Bale, que ya había soltado el drive contra el palo al poco de comenzar, se elevó en un córner como si le ayudase un andamio, impactó con la frente en el balón y giró el cuello en busca de la diagonal cruzada al palo contrario, abajo, donde hace daño, al fondo de la red de Juan Carlos. El galés proyectó la remontada y acabaría por cincelar su cúpula.
En estas estaba Trashorras sobre el césped. Jugando. A su ritmo. Nadie lo hace como él. Durante la primera media hora le dio un clínic al joven Kovacic de los que hacen daño y crean escuela. Si pueden, además de por el ambiente único y los precios populares (a veces), compren una entrada para ver a Trashorras en Vallecas un día. Juegan 22, pero fíjense en uno, el 10 franjirrojo. Habrá merecido la pena la tarde.
Tras el descanso salió el sol y salió el Madrid. Zidane, despojado del chubasquero tras el 2-0 en un gesto de rabia que podría hacer creer que iba a saltar él al campo, dio una única instrucción. "Remontad esto como sea". El Rayo jugó a ahorrar el 2-1 de la hucha y no sabe. Dejó de tener el balón, que es lo que tiene memorizado, el partido se convirtió en un balancín y ahí pesa más el Madrid. En una arrancada de Danilo acabó empatando Lucas Vázquez con un cabezazo de especialista a la escuadra. Es lo que tiene estar inspirado.
El ludismo del Rayo es digno de estudio. No es premeditado ni a propósito, pero se cargan su propia maquinaria semana tras semana. Esta vez fue Embarba, uno de los mejores del partido, quese lió en las ganas de Paco de no pegar un pelotazo a falta de diez minutos y acabó dando un pase al hueco a Bale que no hubiera firmado alguno de sus compañeros. El resto fue correr y cantar.
Bale definió abajo ante Juan Carlos, ganó la Liga del barrio y dejó al Madrid, gracias a la actualización automática de las clasificaciones de las webs, líder de la Liga española. El Madrid peleará hasta el final. Como el Rayo. Dos formas de entender la vida y el fútbol que se mezclaron durante 90 minutos y nos dejaron un cóctel delicioso.

miércoles, 20 de abril de 2016

Real Madrid no se rinde en la lucha por la Liga tras vencer a Villarreal



El Madrid no enseña la bandera blanca. En esta ruleta rusa que ha sido la jornada 34, la bala que hunda a uno de los candidatos a presidir la Liga no ha salido de la pistola. El fútbol, al contrario que la vida, ofrece segundas oportunidades y los de Zidane la piensan pelear hasta el amén de la competición.
Viendo a los blancos contra el Villarreal hay que preguntarse sin respuesta por aquellos días en los que las crónicas (servidor levanta la mano) hablaban de Liga finiquitada y de un Madrid que tiraba sus opciones en Valencia o Málaga. Las madres de niños pequeños resuelven con una frase todo un tratado de astronomía al ser cuestionadas por las noches de Luna nueva. "Es que la Luna tenía sueño, se ha ido a la cama y por eso esta noche no sale". Ojalá el fútbol fuera así de fácil. Pero no, así que vamos al lío.
El punto 1 es el de Keylor, un portero que recibe el pitido inicial a porta gayola y que detiene balas de cañón con los guantes. La única ocasión clara del Villarreal y que pudo hacer tambalear las opciones madridistas acabó en sus manos, como tantas otras esta temporada. El disparo de Denis fue de lo poco que pudo hacer el equipo de Marcelino, que fue como la amiga de la novia de tu amigo que te quieren presentar. Te hablan bien de ella y te gusta al verla en fotos... pero en el primer encuentro en persona te decepciona.
Para entonces el Madrid ya iba ganando. En la tercera intentona idéntica de Cristiano por banda izquierda, su centro fue demasiado fuerte para la manopla de Asenjo, que sólo pudo despejar de aquella manera y al punto exacto por el que apareció la cabeza de Benzema. Otro partido que desbloquea Karim. Tiene gracia que el momento más nervioso de la temporada lo esté resolviendo el tipo más hipotenso de la plantilla, el Pippen de Jordan, el Joe Pesci de Goodfellas, el secundario perfecto.
El gong del Athletic-Atlético cambió el partido de ilusión a obligación para el Madrid y tras la reanudación buscó el segundo, aunque los acelerones dieron paso a un equipo que se movía en marchas bajas. Hasta que apareció Lucas. Lucas vive en corveta, en esa posición que tienen los caballos en los cuadros de los reyes, con las dos patas delanteras levantadas, prestas para la carrera y la batalla.
Fabricó una pared con Benzema, el mejor amigo de todos, y se lanzó al galope contra la portería de Asenjo. Donde otro hubiera buscado con un ojo biónico el hueco y el golpeo, él puso alma y puntera. Al palo y gol. La ovación que se llevó al ser sustituido no es suficiente, debe llevarse otra de la directiva en verano cuando le aseguren otro año de blanco.
No hizo mucho el Villarreal ni con el 2-0 y es una pena. Adrián pasó sin pena ni gloria, como un Bakambu del que los ojeadores esperaban mucho más. Incluso Denis, que lo intentó, se quedó corto. Es un chaval con cara de bueno que al mínimo descuido te roba la cartera y cuando le quieres mirar para recriminarle ya tiene de nuevo los ojos de no haber roto un plato. Pero en el Bernabéu no lo rompió, para lástima de 'su' Barça.
Fue un gran día para el binomio Kroos-Modric, que parecían con las pilas gastadas hace pocas fechas y que se sacaron un partidazo de las botas de los que se enseñan en las escuelas. Las rotaciones de Zidane parecen funcionar, al menos lo hicieron en el croata. Descansado en Getafe y tras una semana sin jugar, Luka se hacía fútbol encima. Y dejó un golazo, una volea con la zurda aprovechando un centro fantástico de un Danilo de menos a más que sigue con su lucha propia por ganarse al Bernabéu y a esos madridistas que le pitan por fallar un control. Tiene ambición.
Pues eso, que 3-0 y el Madrid sigue con el traje de camuflaje, esperando un tropiezo de los líderes para abalanzarse sobre la presa. Es un "falla tú que a mí me da la risa", un juego de las sillas con tres participantes y un único trono. El Madrid sigue bailando.

Barcelona sigue siendo líder de la Liga después de aplastar al Deportivo de la Coruña


El Barça solventó el primer match ball con la eficacia que lució hasta entrar en su crisis de fe. Riazor resultó el estadio perfecto para recuperar autoestima, porque el Dépor, sin objetivos claros más allá de molestar en la disputa por el título, se desplomó tras el 0-2 y recibió una paliza sonrojante. Suárez aplastó a los coruñeses, Messi firmó su gol 500 y el líder trasladó la presión a los perseguidores, anunciando que no está dispuesto a dar más facilidades.
Fueron los latigazos de Suárez los que despejaron el camino antes del descanso. Derribó a Sidnei antes de que mirase el árbitro y embocó sin oposición el primero, remachando a dos metros un córner lanzado por Rakitic. En el minuto 11, el Barça estaba en ventaja con facilidad aparente, a pesar de que no necesitó mover la pelota a gran velocidad. Se especuló con que el Dépor devolvería el favor del pasado año, cuando conquistó la permanencia en el Camp Nou. Desde luego, no fue el Dépor del derbi gallego. Ni intensidad ni emoción.
El momento azulgrana se hizo carne justo antes del segundo de Suárez. Dos llegadas coruñesas mal defendidas dejaron a Borges dos goles cantados, mano a mano con Bravo. Esta vez el portero azulgrana, criticado en las últimas semanas, respondió con instinto a los dos remates a quemarropa del costarricense. Alves se despistó en el primero y Mascherano en el segundo, y fue un milagro que el Dépor no empatara.
La efervescencia de Riazor acabó poco después, con la segunda diana de Lucho. El uruguayo, quemado tras no rematar ni una sola vez entre los tres palos ante el Valencia, descargó toda su munición en La Coruña hasta completar el póker. Pero la diana decisiva fue el 0-2, al coronar un estupendo pase de Messi de primeras con la diestra y allí acabó el partido. El Dépor, sin respuesta, con el orgullo de Laure, Mosquera y Lucas como únicos salvavidas, se fue hundiendo poquito a poco.
El protagonismo de Suárez fue absoluto. Otra vez Lucho acudió en auxilio de Lucho, el entrenador, nervioso hasta comprobar la exhibición de los suyos y la rendición de los contrarios. Luis Enrique hizo cambios esta vez, pero no todos los que hubiera querido. Se acercó a charlar con Suárez, pero éste no le aceptó la propuesta. Así que los sustituidos fueron Iniesta, muy aplaudido, Busquets y Alba. Ni siquiera se retiró Neymar, que tuvo que esperar al desorden local para apuntarse un tanto.
Messi, muy activo en la creación, sincronizó bien con Suárez para engordar la goleada. En una tarde plácida relanzó su candidatura para alcanzar la Bota de Oro y el Pichichi. Pero pocas dianas tuvieron tanto valor simbólico como el de Bartra. Bien construido, además. Robando en una salida del Dépor, buscando el pasillo entre el central y el lateral, luciendo zancada ante Sidnei y batiendo cruzado a Manu. Además de hacer su trabajo defensivo, negando el empate a Borges, se permitió firmar un gol reinvindicativo, después de muchos partidos relegado por el técnico. Cuando se le necesitó, cumplió con creces.
La grada asumió la fatalidad de la escandalosa goleada con resignación, como algo natural. Pocos reproches, pocos pitos pese a la flojísima actuación de un equipo corto de carácter, a pesar de la salvación. Medicina perfecta para el líder, consciente de que era el día para cambiar el rumbo. Ni Piqué, en el palco, esperaba que fuera tan fácil superar la primera final. Quedan cuatro.

domingo, 17 de abril de 2016

El Barcelona deja dudas en ganar la Liga tras perder frente a Valencia


Los grandes caen con estrépito, preguntándose en pleno vuelo qué han hecho de malo para partirse la crisma contra el suelo. Si antes de la visita a El Madrigal se decía que sólo el Barcelona podía perder la Liga, tres semanas después los azulgranas están en ello. Un punto de 12 y la eliminación europea retratan el desplome azulgrana, al que esta vez no le sirvió ni jugar bien ni poner actitud. Los errores puntuales, la falta de fe y la inspiración del Valencia, encarnada por Diego Alves, provocaron una derrota imprevista. Hay crisis.
Y eso que el arranque fulgurante del Barça anunciaba una reacción vigorosa. Los azulgranas entraron a todo trapo en el partido, validando el plan de Luis Enrique. Mantuvo el once de gala con la excepción de Dani Alves, que apareció sonriente en el banquillo. Como si el vídeo del pelucón no le hubiera costado la titularidad. Alegría. La cuestión es que en 15 minutos los azulgranas forzaron cinco llegadas y dos ocasiones clarísimas que requirieron los servicios de Alves, Diego, un gato bajo palos.
Remató desde muy cerca Messi, solo, tras una gran maniobra de Suárez y el portero brasileño metió un guante duro. Poco después, en el 12, Messi fue vivo y dejó solo a Ney, que buscó el globo. Alves frenó, se estiró hacia atrás y no hizo una parada, hizo un póster. Otra llegada de Alba a la que no llegó por milímetros Suárez completó ese inicio intimidatorio.
Pero el Valencia ya no es el que bordeó el precipicio. Se sacó el plomo de las botas ante el Sevilla, y lo demostró en cuanto el Barça quiso tomar aire. Con el centro del campo superpoblado, un robo a Busquets sirvió para que Rodrigo se plantase solo ante Bravo. Ajustó mucho al palo y se le fue. El Camp Nou comprendió que la noche pintaba fea por cómo se resolvió el siguiente intercambio de golpes. De una contra que Alves le sacó a Messi con otra mano increíble se pasó al autogol de Rakitic al tratar de tapar un centro de Siqueira, bien habilitado por André Gomes.
El 0-1 atacó el sistema anímico del Barça. Produjo pocas llegadas antes del descanso. Tras una falta sobre la barrera recogió Messi de nuevo solo y su cabezazo a quemarropa volvió a ser contestado con otra salvajada de Diego Alves. Envalentonado por un portero invulnerable, el Valencia se estiró antes del descanso, empezó a combinar, trenzó un pase tras otro y construyó un monumento. El exquisito final entre Parejo y Santi Mina coronó todo un homenaje coral al juego de toque, ese que convirtió al Barça en referencia.
No quedaba otra que la heroica para remontar en medio partido lo que el Madrid hizo en un encuentro entero. No faltó actitud en el grupo azulgrana, que por momentos arrinconó en su área al equipo de Ayestarán. Pero el Valencia, que hace un par de semanas era un cúmulo de desgracias, resbalones y despistes, se sintió fuerte en el papel de saboteador de la Liga. Defendió con orden, facilitado por la ansiedad azulgrana, y ni siquiera se descompuso cuando Messi rompió su maleficio coronando una combinación con Alba.
Quedaba tiempo por delante y faltaba oxígeno en los azulgranas, fatigados por el esfuerzo del Calderón. Ni siquiera mandó a nadie a calentar Luis Enrique, que no encontró en el banquillo ningún Nolito o similar con quien subir las revoluciones. Ni Alves, ni Aleix, ni Munir... Por esto pidió refuerzos en invierno, porque no ve opción en caso de emergencia. Y porque tampoco vio un desmayo evidente en los suyos, que lo intentaron por encima de sus fuerzas. Otra cosa es que estén más que justas.
El Valencia salió poco, en parte porque se sentía cómodo al abrigo de Alves. Aún sacó el meta otro remate venenoso de Rakitic. Con el Camp Nou hirviendo, Neymar bajó la temperatura escogiendo mal en todas las acciones. Por primera vez brotaron algunos silbidos contra el brasileño, que acabó 
Ya con Piqué como ariete y Mascherano como único tapón, lo increíble fue que el marcador no se moviera. Alcácer despejó en lugar de embocar en el balcón del área chica, sin oposición. Y si parecía imposible fallar el 1-3, fue Piqué quien desperdició el empate con un balón botando, controlado, al borde del área pequeña. Junto al palo se marchó el disparo y toda la renta del Barça, que no entiende cómo se le puede escapar una temporada destinada al Museu. Ahora ya no tienen margen. O espabilan en Riazor o se les puede hacer larguísima la temporada.

sábado, 16 de abril de 2016

Real Madrid golea al Getafe por 5-1 y siguen creyendo en la opción de ganar la Liga


El Real Madrid cree en la Liga. Si se le permite al Madrid utilizar el verbo creer, que parece apropiado en los últimos tiempos. A un punto del Barcelona, que aún tiene un partido por disputar, es imposible que los de Zidane ya no se vean peleando por el título. El efecto de jugar unas horas antes, aunque no tenga repercusión al final en la clasificación, sí lo tiene a nivel psicológico. Es la píldora del día antes, que hace acostarse al madridismo más cerca que nunca de un rival que le había mandado al sofá semanas atrás.
La verdad es que el Getafe lo puso fácil. Muy fácil. Aunque pueda parecer ofensivo para el equipo azulón, es que a veces pareció un entrenamiento. El Madrid tocaba sencillo, como en un ejercicio en una sesión de entre semana de Valdebebas, sin que ninguna camiseta azul opusiera más resistencia que la que los muñecos de metal que hacen las veces de rival en los entrenos. Y claro, pues goleó el equipo que sabía lo que se jugaba.
Los primeros cinco minutos fueron un monólogo en el más concreto sentido de la palabra. El Getafe no tocaba el balón más de tres o cuatro segundos seguidos. Y esa fue la tónica del encuentro, con un Madrid chocando dos piedras esperando que saltara la chispa del gol. En uno de esos huecos que dejó el equipo de Esnáider, que tiene trabajo, apareció James para centrar con todo el tiempo del mundo y encontrar a Benzema en el segundo palo. El remate no es que fuera muy ortodoxo, porque la bola le rebotó en el pie de apoyo después de fallar el remate con la diestra, pero acabó en la red.
Antes del descanso ampliaría diferencias el Madrid con un tanto de Isco tras una pared académica, de enciclopedia, que tiró con Benzema. El malagueño definió de exterior y la jugada dejó la belleza que dejan los goles que se anotan tras una pared. Es la acción más antigua del mundo y sigue siendo efectiva y preciosa.
Si algún aficionado azulón pensó en el descanso que los suyos cambiarían la actitud en la reanudación, les debió durar cinco minutos la idea, lo que tardó Benzema en soltar un balón bombeado a la espalda de la defensa de futbolín del Getafe. Por allí sólo y solo (las tildes) corrió Bale, que definió ante Guaita con facilidad. El portero será buena gente y seguirá saludando a sus compañeros en el vestuario a diario, pero es para aparcar el coche cruzado en la plaza reservada a sus centrales en la Ciudad Deportiva.
Y así, con el partido resuelto y Keylor desafiando las leyes que imposibilitan que un hombre pueda volar, fluyó el marcador hasta los últimos cinco minutos, en los que Sarabia enchufó un golazo desde la frontal para intentar maquillar el resultado, pero lo que hizo fue reactivar el hambre blanco. James, con las pulsaciones por los suelos, recortó y definió con clase para el 1-4 y Cristiano cerró con un regalo de Jesé la tarde para seguir sumando de cara a la Bota de Oro.
El partido dejó varios detalles buenos para el Madrid, como la presencia de Isco y James, si bien no excelsos ni chorreando magia, sí dejaron gotitas de perfume del que huele a distancia y se recuerda tiempo después, incluso cuando el dueño del olor no está. Haría mal el Madrid en recordar ese olor con un suspiro el año que viene si deja escapar a alguno de los dos.
El que no cree es el Getafe. Le faltó actitud y juego, aunque se inunden de comentarios las crónicas diciendo que "el filial se dejó ganar para que el Madrid pelee la Liga". En fin. También hay gente que cree que Margarita es el diminutivo de Marga. Al Geta le hace falta actitud de verdad, de la de reflexionar y asumir los errores, pero sobre todo trabajar para resolverlos. Esa gente que lo resuelve todo con un "al final siempre sale el sol" y cobra por ello... ¿No debería estar en la cárcel?

sábado, 9 de abril de 2016

Un Tropiezo fatal del Barcelona frente a la Real Sociedad vuelve a dar opciones al Altletico y Real Madrid en la Liga


Pues hay Liga. Parece mentira que el Barça de hace dos semanas, dueño y señor del torneo antes de visitar El Madrigal, dormiría hoy sintiendo el aliento del Atlético y el Madrid en el cogote. En el momento decisivo, la visita a San Sebastián subrayó la falta de frescura del líder. La Real volvió a ser un gigante, especialmente en su comportamiento defensivo. Bastó con un golazo de Oyarzabal para alimentar la seguridad donostiarra, cimentada por las milagrosas manos de Rulli.
En Anoeta cambió la vida del Barça de Luis Enrique. Las dudas por aquella derrota del pasado año se resolvieron de forma modélica y el Barça salió disparado hacia la triple corona. Allí acabaron las rotaciones inesperadas y se labró un once casi prácticamente inamovible, especialmente en el ataque, que lo ganó todo. Casi año y medio después, el asturiano volvió a tirar de rotaciones dadas las obligaciones de Champions y en el descanso ya asumía que su plan no funcionaba.
La salida fulgurante de la Real tuvo buena parte de culpa. Eusebio, la materia gris del Dream Team, envió a su grupo a perseguir al Barça por todo el campo, con mención especial en el sector de Alves, y obtuvo rendimiento muy pronto. Una rosca exquisita de Xabi Prieto tuvo la respuesta perfecta de Oyarzabal: salto potente, giro de cuello y frentazo a la escuadra. Como Satrustegi o Kodro. La locura en la grada.
Tan pronto por delante, los donostiarras se plegaron sobre su área y defendieron cada metro de su zona con disciplina prusiana. Cuatro atrás y cinco por delante se convertían en seis al fondo por la aplicación de Prieto y Oyarzabal al perseguir a los laterales. Tampoco les exigieron demasiado. Entre la posición extraña de Sergi Roberto, a contrapié, y la escasa precisión de Alves, con y sin balón, el Barça se vio abocado a jugar por dentro. Más fácil para el equipo que defiende.
La aplicación defensiva de la Real tuvo sus disfunciones, no se crean. Brych habría expulsado a Illarra en el minuto 36, 12 después de ver la primera amarilla, justísima. En la segunda agarró a Neymar. A criterio del alemán era una expulsión de manual. Claro que no pita en la Liga.
Pese al monumental atasco, al Barça le alcanzó para crear un par de buenas ocasiones, una para Munir y otra para Arda. Rulli anunció entonces lo que vendría en el segundo tiempo. En todo caso, poco caudal, y poco claro, para todo el talento culé.
El descanso no cambió el plan realista. Eusebio, que dejó Can Barça de mala manera, quiso que su equipo buscara contras rápidas con Vela como meta, lanzado por Oyarzabal y Zurutuza. Enganchó pocas en el primer acto, y casi ninguna en el segundo. La entrada de Iniesta reactivó la banda izquierda, completada por Jordi Alba, y la entrada de Rakitic ofreció un retrato más reconocible del Barcelona. Tuvo más fútbol en la continuación, pero le faltó lo que antes tenía a toneladas: daño arriba. Echó de menos el infatigable martilleo de Suárez, por supuesto, pero Neymar nunca buscó por banda, sólo en diagonal. Munir desapareció gadualmente, y Messi apareció poco en posiciones sensibles. Y cuando se escapó de la jaula apareció Rulli, excelente en un par de remates cercanos
El dominio del área del portero argentino y el blindaje defensivo acabaron por desesperar a los azulgranas, que al menos murieron en área rival. Un cabezazo de Messi y un tiro de Iniesta, bien interceptados por el portero, fueron los últimos coletazos de un Barça que pensó en la Champions y ahora está obligado en mirar también a la Liga. Tiene ventaja y el calendario a favor, pero el desplome en las últimas tres jornadas -un punto de nueve- son una invitación a las dudas. Las que siempre se crean en Anoeta.

Real Madrid golea al Eibar y ya piensa en la vuelta de la Champions League


El Madrid conoce el camino. No, el Eibar no es el Wolfsburgo y por ganarle 4-0 la Undécima no aterrizará en el Museo del Bernabéu. Pero el equipo debió aprender en Alemania para no repetir el 'mal del nuevo soltero', creerse galán tras una noche de éxito y acabar abrazado a la almohada al siguiente envite. La afición recurrió al huevo, pero lo del martes se gana con juego. El que desplegó durante un buen rato el equipo de Zidane para engordar el marcador.
El Eibar fue un sparring muy flojo que cayó en el primer round y que sólo le sirvió como entrenamiento al Madrid hasta el descanso. En la segunda parte los blancos ensayaron su juego de pies, pero se dejaron los golpes guardados para el martes. No soltó los puños por no necesitarlo, por lo que el bajón tras el 4-0 no debería preocupar porque fue más pérdida de tensión que otra cosa y contra el Wolfsburgo la electricidad correrá por Chamartín hasta el miércoles por la mañana.
Salió enchufado el Madrid y en el minuto 5 James puso los brazos en jarra en el arco de la frontal, buscó el sitio de su recreo, el palo del portero, y según acariciaba la bola la red, el Bernabéu hizo lo propio con el colombiano. Un abrazo de gol que necesitaban todas las partes y que puede darle un impulso al equipo en la recta final de la temporada.
Y antes de que el Eibar se pudiera dar cuenta, cayeron el segundo de Lucas y el tercero de Cristiano. Dos acciones de puñalada, dos jugadas verticales, de velocidad, de buscar la cosquilla del rival y abusar de ella. Jesé, que acabaría anotando el cuarto a pase de Cristiano en otra acción similar, jugó en 'fast forward'. Llegaba a todo un segundo o dos antes que el resto. Se vio con chispa y quiso prender fuego. Y quemó a más de un rival.
Descanso y 4-0. Si los primeros 45 minutos cayeron en el reloj de arena a chorro, tras la reanudación cada grano engordó y le costaba pasar por el embudo. El ritmo bajó, el fútbol decayó y el Eibar tuvo alguna ocasión que solventó el larguero o un Casilla sereno y brillante pese a su ausencia habitual.Borja Bastón, que quizás estuvo demasiado tiempo en el banquillo, tuvo la más clara con un cabezazo que estrelló en el travesaño. Cuando vista de rojiblanco tendrá la gota de sangre que ayer le faltó para anotar.
Mención aparte para un Nacho que se ha quedado con la etiqueta de cumplidor y que no lo es. Es un pedazo de central al que muchos ningunean por ser el cuarto defensa del Real Madrid como si ese logro fuese sencillo.
Con un Cristiano que no quiso descansar y que jugó su partido más generoso y sensato en modo Pichichi, Zidane tiene los raíles para la remontada. Ahora falta que el tren coja velocidad, no descarrile y que la energía del Bernabéu haga funcionar al equipo. Los huevos tienen que estar en la grada, el juego en el césped. No hace falta pierna fuerte, hace falta pierna buena. Y no volverse locos. Toque, corazón e inteligencia. Para ganar a los lobos hay que ser unos linces.

sábado, 2 de abril de 2016

El Real Madrid vence al Barcelona por 2-1 en el Camp Nou y acaba con su racha de imbatibilidad



El Real Madrid participó en el Periscope que Gerard Piqué ya tenía entre manos. Respondió con grandeza en el Camp Nou cuando peor pintaba la cosa. Benzema igualó el partido y Cristiano Ronaldo firmó el 1-2 definitivo a cinco del final. El Clásico lo acabó decidiendo el hombre que se escondía en las noches grandes. Pero él no fue el único que se señaló el escudo. Ahí estaba en el pecho. El Madrid recuperó el respeto perdido. El que comenzó a ganarse Zidane como entrenador.
El Clásico acabó en pedazos. La enorme respuesta del Madrid confundió a un Barcelona irreconocible que no suele inquietarse con casi nada . Sí le pasó esta vez. Cometió el grave error de dar a su rival por muerto. Eso no se hace, y mucho menos con el enemigo blanco madridista.
Vayamos al principio de las hostilidades. El fútbol es inexplicable. El Barcelona abrió el marcador la noche del homenaje a Johan Cruyff en un córner. Pepe perdió de vista a Piqué y el catalán superó a Keylor, que antes había volado para desviar una vaselina de Messi. En el Camp Nou ya estaba todo preparado, pero la fiesta iba a ser otra. El Madrid, el de siempre, se mueve bien entre arenas movedizas. Su respuesta fue tan grandiosa como el escenario. Se levantó cuando otros, incluso otro Madrid, se hubiese ahogado en el fango.
Marcelo, ese falso lateral, hilvanó una jugada de salón. Cerró su diagonal pisando la pelota y cediéndosela a Kroos, que centró o remató. Igual le dio a Benzema, que se encontró la pelota dentro del área y empató de tijera. Entre el empate y el 1-2, anularon un gol legalísimo de Bale, Cristiano besó el larguero y Ramos vio su segunda amarilla, la que mereció mucho antes hasta en tres ocasiones. Estaba empeñado en ver desde fuera la victoria de su equipo. Nadie es invencible. Tampoco un Barcelona que lo parecía.

El homenaje, para otro día

El Barcelona quería brindar a Johan Cruyff lo que se merecía. No lo consiguió. El Madrid conquistó su casa, que saltó por los aires con el gol de Piqué al inicio de la segunda parte. Hasta entonces, el Clásico no fue para recordar. Para nadie.
A pesar de todo, fue imposible no echar la vista atrás. No sólo pensando en Johan. El Madrid de Zidane recordó al de Mourinho con su puesta en escena. Sólo importaba el bien común. Los blancos esperaron al Barça, pero todos cogidos de la mano. Al Barcelona, que le faltó velocidad en la circulación del cuero, le costó soltar a sus enemigos. Lo pudo conseguir en un saque larguísimo de puerta de Bravo que pilló al Madrid en cueros. Suárez, con Keylor batido, remató al aire. La jugada acabó con amarilla para Ramos por pedir una falta del charrúa, que utiliza su trasero como nadie.
Al Madrid le costó encadenar unos cuantos pases seguidos, aunque tendió trampas. El plan era robar y correr. La mejor ocasión estuvo en las botas de Benzema, que mandó al limbo una jugada combinativa al límite del descanso. Fue la excepción que confirmó la regla.
La primera parte se escapó entre tarjetas, encontronazos, una parada de Keylor a Rakitic y la dichosa polémica. El Camp Nou pidió entre pañuelos un penalti de Ramos a Messi. Era falta, pero fuera del área. El defensa blanco estaba amonestado. Es el recuerdo que quedó de un primer asalto muy mejorable.
Hubo demasiado respeto hasta que pasó lo que pasó. El Madrid se lo perdió al Barcelona después. Marcó Piqué y fue lo peor que pudo hacer. El equipo blanco recuperó su nombre. No habrá Liga, pero sí hay Real Madrid para rato. El fútbol, cada día, te da una lección.

domingo, 20 de marzo de 2016

La conexion entre la BBC dio la victoria al Real Madrid por 4-0 frente al Sevilla



El Real Madrid enfila el tramo decisivo de la temporada con su tridente ofensivo en plena forma. Cristiano nunca se fue y Bale ya había dejado detalles de su indudable clase desde su reaparición frente al Celta, pero faltaba que Benzema diera un paso al frente para que el madridismo recuperara parte de la sonrisa perdida.
Pues bien, el círculo se ha cerrado este domingo en la cómoda goleada frente al Sevilla. Los tres tenores blancos han afinado sus gargantas y parecen listos para el reto europeo de la Champions, toda vez que la Liga tiene un intenso color azulgrana.
A destacar la puesta en escena de un Gareth Bale en estado de gracia. El galés se mostró muy participativo y lideró la exhibición ofensiva de los blancos, que martillearon la meta defendida por Sergio Rico con 26 remates. El internacional sevillista, por cierto, evitó algún tanto más de los merengues con varias intervenciones de indudable mérito.
Pero hablábamos de Bale, el hombre de los 100 'kilos'. El galés ha ganado protagonismo esta temporada y empieza a ser el jugador que el Madrid fichó a precio de oro. Puede que su fútbol no tenga el preciosismo que adorna a otras grandes estrellas, pero cuando anda fino es un jugador desequilibrante, sencillamente decisivo.
Así fue frente al Sevilla, que padeció a Bale durante todo el encuentro sin encontrar un antídoto. De sus botas nació el pase que permitió a Benzema anotar el primero de la noche, con una soberbia volea que sorprendió a Rico. El galés tiró luego de repertorio para toparse con los palos hasta en dos ocasiones, así que tuvo que esperar a que Benzema le devolviera el favor con un magistral pase que le puso en bandeja la tercera diana del encuentro.
Por el camino, llegó el acostumbrado gol de Cristiano, que poco antes había fallado un discutible penalti de Reyes a Modric. No fue el mejor día del delantero luso, lo que dice mucho de su voracidad anotadora, pues sólo los grandes ven puerta cuando el acierto te ha dado la espalda.
La cuarta pata de la silla, más allá del notable partido de gente como Nacho o Casemiro, fue la enésima exhibición de Keylor Navas. El cancerbero tico es capaz de desesperar a cualquier delantero, como hoy descubrió Kevin Gameiro. El francés falló hasta un penalti y soñará con Navas tras toparse con un muro de hormigón que evitó algún que otro tanto de un limitado pero corajudo Sevilla.
Tan contundente fue el marcador final que no merece la pena detenerse en el deficiente arbitraje de Estrada Fernández. El colegiado catalán anuló dos tantos legales, uno a cada equipo, evitando primero que el Madrid cobrara una cómodo ventaja en el primer acto y frustrando después el empate del Sevilla poco antes de que CR7 y Bale pusieran el matasellos al partido.