La liga mas apasionante del mundo

Disfruten de una mejor calidad de Juego una rivalidad eterna y por supesto la lucha para ser el mejor.

La Plantilla del FC Barcelona

Esa Plantilla cuenta con el mejor jugador del mundo que es Lionel Andres Messi.

La Plantilla del Real Madrid FC

Esa Plantilla cuenta con el goleador mas ambicioso e insaciable que es Cristiano Ronaldo.

El tridente de la casa Blanca la BBC

Bale-Benzema-Cristiano.

sábado, 28 de mayo de 2016

Real Madrid se proclama campeón de Europa después de un agónico partido que se decidió en penaltis


De la Décima a la Undécima va un número. El 4, el de Sergio Ramos, el del hombre que besó el cielo de Lisboa y conquistó el suelo de Milán. Como si el tiempo nunca hubiera pasado, como si el balón colgado fuese el mismo, da igual con la cabeza que con los tacos, pero siempre con el alma. El gol de Ramos, el gol de la final, el gol de la Décima, el gol de la Undécima. El hombre que levantó la Champions al cielo de San Siro, más que un héroe en la historia del Real Madrid.
Quien después de lo de Lisboa creyera que no había una forma más agónica de ganar una Champions o cruel de perderla no sabía lo que iba a pasar esta noche en San Siro. Para el Atlético es un sufrimiento continuado, no sólo por la tercera final consecutiva perdida entre tanta crueldad, es que el ladrón de las dos últimas Copas de Europa ha sido el eterno rival, el vecino del once.
El penalti de Juanfran al palo está en la historia negra del Manzanares. Él, que tanto había celebrado su lanzamiento contra el PSV, él, admirado y adorado en el Calderón, tuvo que ser el que negara la gloria a su equipo.
Falló, el único, y una milésima de segundo después Cristiano lo entendió todo. El máximo goleador de la historia del Real Madrid necesitaba una guinda al pastel. Dio un paso hacia el área, hacia el punto de penalti, hacia la retina de todos los madridistas del planeta, hacia la memoria del fútbol, hacia la Historia del Real Madrid. Marcó, venció, un grito recorrió la nación blanca, sin territorio pero con bandera, un "Goooooooool" de los que se atrancan en la garganta y acaban en gallo o lágrima. Un grito de campeón.
El partido fue tenso y pudo caer en los 90 minutos hacia cualquier lado. Bale, enchufadísimo, dio el primer susto con un zapatazo de falta que tocó Benzema y sacó Oblak, un hombre al que los milagros se le agotaron en la tanda de penaltis pero que fue gigante con la bola en juego.
Pero el Madrid avisa una y no más. En el 15' Kroos botó una falta que peinó Bale y que rozó con los tacos, en fuera de juego, Sergio Ramos. La bola se resbaló por el costado de Oblak y acabó en la red. Otra vez el de Camas, ahora capitán, otra foto de Champions.
Pudo matar el Madrid, pero empezó a cavar la trinchera y se escondió en ella. Donde antes tocaba y jugaba al escondite con la bola mientras el Atlético correteaba en un pilla-pilla sin premio, ahora eran los de Simeone los que dominaban y encerraban a los de Zidane. Pero hasta que en el descanso no salió Carrasco no cambió la historia.
Tardó un minuto el Atlético en demostrar que quería la Copa de Europa. Pepe derribó a Torres y el colegiado señaló penalti. Griezmann se acercó a la bola con la imagen de Keylor deteniendo su penalti en Liga en el Calderón y la reventó al larguero. Donde otro equipo se hubiera hundido, el equipo no dejó de creer, fiel a su creencia aunque con otro estilo. El Madrid le obligó a ser Barça y Bayern contra Atlético.
Perdonó el Madrid. Modric volvió a ser Baryshnikov mientras tuvo piernas para ello. Dejó a Benzema solo frente a Oblak, pero el galo se estrelló en un muro infranqueable. Como Cristiano, quien olvidó por un momento que las bicicletas son para el verano y no cuando puedes definir el 2-0 y finiquitar una final. Y la salida de Kroos dejó desequilibrado al Madrid.
Se acercaba el final por en la mente rojiblanca sólo pasaba una venganza de Lisboa con todas las de la ley. No fue lo mismo en el 93' que en el 79', pero el gol de Carrasco dejó tocado al Madrid y al madridismo, que se vino abajo pensando en todas las veces que ellos se habían reído del amigo, del vecino, del compañero de clase, temiendo ser ahora objeto de burla para la eternidad.
Pero el marcador no se movió hasta los penaltis y la historia se hizo Historia. Lucas, Marcelo, Bale, Ramos y Cristiano, cinco lanzamientos para siempre, cinco tiros que el madridismo recordará toda la vida. Había mucho en juego y muchas gargantas secas hasta el fallo de Juanfran.
Al Atlético no le quedará consuelo. La Liga de Campeones seguirá siendo su obsesión. En los manuales de la vida se dice que el amor es más intenso antes de consumarlo. En esos momentos en los que recuerdas el sabor a la miel de sus labios y sueñas con la siguiente dosis de su beso. El Atleti sigue enamorado de la Champions y no parará hasta levantarla en volandas.
Pero la historia es blanca. Una temporada que empezó 'Highway to hell' termina 'Stairway to heaven'. No, no iba a durar dos años. Sigue siendo posible que dure toda la vida. El madridismo dormirá en el Undécimo cielo.

domingo, 22 de mayo de 2016

Barcelona se proclama campeón de la Copa del Rey tras vencer al Sevilla


El talento descomunal de Leo Messi sirvió al Barça el doblete. Su pase diagonal en la prórroga para Jordi Alba, excelente en la definición, decidió una final tremenda, con la mejor versión azulgrana desde que se quedó con diez por expulsión de Mascherano en el 35'. Iniesta fue el comandante del juego, en una exhibición portentosa del manchego. El Sevilla, enorme, exigió el máximo al campeón azulgrana, pero acabó cediendo al final, especialmente tras la roja a Banega en el 90' y con el tanto final de Neymar, de nuevo a pase del inevitable Messi.
Quien esperase una superioridad abrumadora del Barcelona se quedó con las ganas. El Sevilla fue desde el arranque un problemón para los azulgranas, que sólo en momentos de inspiración superaron el entramado táctico hispalense. La inmensa calidad azulgrana, la que permite generar jugadas imprevisibles en las situaciones de máximo apuro, asomó con cuentagotas, y eso es mérito del Sevilla.
No hay duda ya de la grandeza del equipo de Emery, que compite los partidos más complejos con la mejor de sus versiones. Especialmente, en defensa. Eso permite reducir al rival a dos, tres llegadas a lo sumo por tiempo, y a partir de ahí escoger el momento para lanzar los ataques. Además, cuenta con la ventaja de contar con Gameiro, un rayo al espacio abierto. Después de media hora larga de contención y llegadas contadas, un balón peinado por Iborra colocó al velocista francés en carrera junto a Mascherano, que recurrió al enganchón para evitar el tanto. Gil Manzano cobró lo lógico, a pesar de los aspavientos de Alba y Busquets: roja al jefecito y falta fuera del área.
La respuesta azulgrana estuvo a la altura. Paradón de Ter Stegen al lanzamiento posterior de Banega, y atrevimiento en área contraria con un cabezazo de Piqué o una buena combinación entre Messi y Neymar. Tenía problemas Ney con Mariano, que le ganaba casi todos los duelos, y por eso parecía un cambio probable para fortalecer al equipo con diez. Más lógico era pensar en el de siempre, Rakitic, que se quedó en la caseta durante el entretiempo.
En el segundo acto la final alcanzó un tono épico para el Barcelona, que se refugió en la jerarquía de Piqué para capear la tormenta. El central metió al puntera para desviar un disparo seco de Banega. Decisivo, porque gracias al toque la pelota se fue al poste. Por si fuera poco con la intensidad de la carga sevillista, en una de las pocas salidas azulgranas cayó lesionado Messi tras golpearse con Carriço en la cabeza, y Suárez, éste tras estirar la pierna derecha para controlar. Tan mala pinta tuvo el gesto del uruguayo que no duró dos minutos más en el campo. Pidió el cambio, se tapó la cara con la camiseta en el banquillo y lloró amargamente. Orgullo charrúa de quien se pierde la final y teme por la Copa América.
Así que, con diez y sin Suárez, el Barça hizo lo lógico, ordenarse atrás y confiar su suerte a los genios o a un cabezazo de Piqué a balón parado. Mientras, el Sevilla aceptó el papel dominador y movió la pelota con paciencia y rapidez, buscando algún descuido azulgrana. La brújula de Banega orientaba todo el caudal hispalense, aunque faltaba algo de claridad en el último tercio.
Creció en los últimos minutos la figura de Iniesta, extraordinario con el balón en los pies, y con él todo el Barcelona, que se dejó el alma sobre el verde del Calderón. Ante la adversidad no hubo remilgos de nadie porque nadie se podía esconder. Cuando se pregunten si es posible que un empate a cero sea un partidazo, revisen esta final y el ritmo endiablado a que se jugó. Unos, en inferioridad. Los otros, con el palizón del título de Europa League en las piernas.
También en el tramo final cogió protagonismo Del Cerro Grande, que primero expulsó al preparador de porteros azulgrana, José Ramón de la Fuente, y después cargó con tarjetas a Alba, Neymar y Alves. En plena efervescencia de la crítica culé, un error de Coke provocó la contra que igualó la partida de cara a la prórroga. Banega cazó a Ney cuando se iba solo y vio la roja. Hala, al tiempo extra.
Con la barra de energía al mínimo, la cabeza decide. Y el Barça tiene algunas de las mentes más privilegiadas. Está la de Iniesta en cada pelota. Y la de Messi cuando se trata de establecer diferencias. Controló como volante, aguardó al desmarque hacia dentro de Neymar y sirvió por fuera para Alba, que resolvió con un excelente remate cruzado. La diagonal Leo para decidir un título más. Aturdido, el Sevilla evitó males mayores por Rico, que sacó un cabezazo de Piqué a bocajarro y un derechazo monumental de Alves con dos manos prodigiosas.
La entrada de Llorente colocó otra referencia para el ataque sevillista, pero no causó muchos problemas. A esas alturas, Iniesta y Messi gobernaban con la pelota mientras Busquets y Piqué corregían cualquier cabo suelto. La última diablura corrió por cuenta del de siempre, que aguantó en el balcón del área al desmarque de Ney para que éste resolviera. Precioso remate para una noche de gloria azulgrana.

sábado, 14 de mayo de 2016

Real Madrid vence al Deportivo con goles de Cristiano Ronaldo


El asalto a la Liga quedará donde habita el olvido. La historia sólo recuerda a los ganadores, pero para la historia inmediata del Madrid, la que se escribirá en Milán, haber peleado hasta el último momento por el título es un subidón de moral. Al final se trata de eso, no de olvidar los fallos que le quitaron la Liga al Madrid, sino de superarlos.
La esperanza duró 22 minutos, los que tardó Luis Suárez en hacer el 0-1 a unos 1.000 kilómetros de Riazor. Porque el Madrid empezó la tarde jugando en dos estadios y la terminó cumpliendo en uno y renegando del pinganillo en el otro. Revisada la recta final de la competición es de obligado reconocimiento el mérito de un equipo que estaba desahuciado y que ha terminado por hacer cosquillas hasta el último día a un Barça que tenía tomadas las medidas del trono y hecho el hueco en el salón.
El partido, la verdad... Pues no tuvo mucho. Salió el Madrid a torturar al Depor para mandar un mensaje al Barça y durante un rato le salió bien el plan. En el minuto 7 ya iban ganando los blancos con un gol 'made in BBC'. Bale entró por banda izquierda, se coló en el área, la puso atrás y el remate defectuoso de Benzema le cayó a Cristiano para empujarla a la red.
Marcó el Madrid y se rindió al auricular. Más pendiente de la oreja que de la bota, aún hizo el 0-2 Cristiano en una jugada de barullo, extraña, como correspondía al partido. Bale arremetió contra Arribas, que quedó tendido en el suelo, dejando a Cristiano solito para rematar el segundo con la colaboración de la chepa de Mosquera.
Con un Deportivo al que tampoco le fue la vida en el partido, Cristiano pudo hacer el tercero y el cuarto pero se topó con palo y larguero de forma consecutiva. A cuatro goles de Suárez en el Pichichi al inicio de la jornada, el tipo saltó a Riazor a quitarle el trofeo al uruguayo. Este jugaría con la misma intensidad en el patio del colegio en una reunión de exalumnos, no conoce amistosos ni bajadas de tensión.
Y se murió el partido. Las noticias de Granada no provocaban ilusión en los blancos y sin chispa no hay nada que hacer. Jugar sin ambición es como enamorarse sin ganas, un sinsentido. Fede Cartabia lo intentó y Pletikosa se despidió del fútbol dejando buenas sensaciones y, a pesar de la derrota, con una sonrisa.
El Madrid no ganó la Liga. Pero la peleó hasta la campana del último asalto. Se mantuvo de pie y no besó la lona. Perdió, como suele suceder en el fútbol, a los puntos. Concretamente por uno.La siguiente estación es Milán, premio gordo de la temporada, segunda entrega del partido más importante de la vida de los madridistas que tratan en su día a día con algún atlético.

Barcelona se proclama Campeón de la Liga BBVA tras vencer al Granada


En Granada todo es posible. Lo ilógico y lo natural. El Barcelona jamás había perdido un título dependiendo de sí mismo en la última jornada y así seguirá siendo un año más. El dominador del campeonato durante toda la temporada se impuso en el partido decisivo en un ejercicio de control y paciencia hasta la aparición de Luis Suárez, demoledor.
El instinto del pistolero uruguayo ha resultado fundamental en tiempos de duda. La serie en los últimos cinco partidos explica el pleno azulgrana. Cuatro goles al Dépor, cuatro al Sporting, uno al Betis, dos al Espanyol y los tres de ayer en Los Cármenes. Lucho pelea cada balón como si en ello le fuera la vida, un ingrediente que ha cuajado de fábula en el académico juego azulgrana. A falta de elaboración, la puntualidad de Suárez para llegar a todos los remates ha cuadrado el círculo.
Durante dos tercios largos de campeonato nadie discutió la jerarquía del Barcelona. Esa superioridad reapareció en Los Cármenes, donde el Barça no consintió dudas. Cogió la pelota y la movió con paciencia, de un lado a otro, aguardando a que surgiera el espacio. El Granada se cerró por dentro e invitó a los azulgranas a entrar por los costados. Dicho y hecho. Aunque la primera ocasión fue un córner rematado por Piqué que Andrés Fernández sacó con los pies dentro de la portería (no pareció que entrase), las bandas fueron el camino al título. Lo detectó Messi, que se fue al centro para abrir espacio a Alves y buscar la diagonal a Neymar. En una no acertó el brasileño. En la siguiente se asociaron Ney y Alba, que entró solo y entregó para que Suárez anotara el primero.
Llegó la diana en el momento justo. Se masticó en la grada el gol del Madrid en Riazor, lo que convirtió en campeón virtual al equipo blanco durante unos minutos. Quien estuviera viendo el partido de Los Cármenes sabía que aquello era una anécdota. El triunfo del Barça era cuestión de tiempo.
El primero de Suárez templó aún más al Barça, que no perdió el sitio ni con alguna salida de tono de Miguel Lopes. El lateral, que empezó en la izquierda, cambió a la derecha para vigilar a Neymar y le dejó la suela en el tobillo, sin castigo arbitral. El Granada se supo inferior y tuvo poca opción de salir. Sólo una carrera de El Arabi mal resuelta por el atacante entregaron los rojiblancos en el primer acto. Mientras, sin un ritmo alto ni exquisiteces, los azulgranas pusieron a buen recaudo el título aprovechando el césped alto y seco. Una diagonal larga y precisa de Mascherano buscó a Alves. Con el campo regadito no habría llegado nunca, pero el bote contuvo la bola, el lateral templó y Suárez acudió donde ningún defensa esperaba encontrarle. 0-2 y la Liga lista de papeles.
El segundo tiempo brindó la mejor versión del Barça. Iniesta enganchó en el centro del campo y fue imposible quitarle la pelota. Controles extraordinarios, pases precisos, cambios de ritmo incontenibles... El manchego coronó una temporada estupenda con un partidazo sobresaliente. Su control del escenario abortó casi todas las inentonas granadinistas.
Nadie puede dudar de la intención del Granada, eso quedó claro. Tuvo una buena opción Fran Rico cuando se plantó solo ante la meta azulgrana, bien habilitado por El Arabi. Ter Stegen aguantó en la media salida y contuvo el remate con eficacia germánica. Las broncas también dejaron muestra del carácter local. Rubén Pérez recordó a Neymar que los lujos innecesarios molestan. Se contuvo a tiempo para evitar la roja. Y Cuenca, ex azulgrana, provocó la indignación culé al jugar una bola para El Arabi con el rival parado. Un par de tarjetas para serenar los ánimos y sigan.
Rozó el Barça el tercero en varias ocasiones, pero tardó en llegar. Lo hizo al final, generoso Neymar para coronar a Suárez como Bota de Oro, y entonces sí se decretó la fiesta azulgrana. Honor al campeón. No hay mejor equipo en la Liga que el Barça.

domingo, 8 de mayo de 2016

Real Madrid vence a Valencia y se coloca en el segundo puesto de la Liga


Hasta el final. El Real Madrid no se va rendir. Jamás. Lo puede contar Arbeloa, que se despidió del Santiago Bernabéu en el campo y pidiendo la hora. El Valencia amenazó con un gol que hubiese dado el título al Barça. El Atleti se cayó de la pelea, pero no el Madrid. Todavía puede ser campeón aunque necesite ganar en Riazor y un favor del Granada, ya salvado, que recibe al Barcelona.
Antes de la final de Milán, llegó la undécima. La undécima victoria consecutiva del Madrid. Encabezada por el de siempre, Cristiano Ronaldo, autor de dos de los tres goles. Vital fue tambiénKiko Casilla, que tiene manos para jugar en el Madrid. Su soberbia segunda mitad evitó un sofoco al Bernabéu.
James apareció en un once con Benzema y con Cristiano. Los dos, entre algodones todos estos días, están listos para la final. Aunque para eso todavía queda mucho. Mientras, hay que seguir ganando. Hasta el final. No dejar de creer, ya saben.
Si Casilla dio un recital, el Bernabéu volvió a ver otro de Diego Alves. Le metieron tres, pero sacó balones imposibles. Le superó Cristiano. Por primera vez cerca de la media hora. Chutó con precisión de cirujano para abrir la lata. Y el encuentro saltó por los aires.
El partido se convirtió en un correcalles. Alves siguió demostrando que hay días en los que engaña y tiene más brazos. Cancelo perdonó el empate y Benzema marcó antes del descanso previa parada terrible de Diego. Era fuera de juego, pero subió al marcador.
Como presentación de la segunda mitad, Ayestarán metió a Mina y André Gomes. Y el Valencia sembró el pánico. Parejo tocó dos veces madera y Kiko Casilla fue de hierro. Se contaron hasta cuatro paradones que evitaron goles cantadísimos.
Rodrigo acortó distancias y Cristiano poco tardó en volver a alargarlas. Marcó a pase de James, al que se le vieron cositas. Sólo cositas, pero algo es algo. En Milán una de esas puede transformarse en Undécima.
Zidane, hay que decirlo, descompuso al equipo con los cambios. Hasta quitó a Cristiano a diez del final para que entrase Arbeloa y, brazalete en mano, sufrió con el madridismo. André Gomes metió un golazo y el Valencia acabó con diez (expulsaron a Rodrigo por decirle algo fino al línea). El Bernabéu se despidió inquieto. Pero feliz. Ahí hay que estar. Hasta el final. Como Arbeloa. Eso es madridismo.

Barcelona aplasta al Espanyol y esta a un paso de ser campeón de la Liga


El Barcelona tiene la Liga en la manita. Al líder le bastó con un arranque brillante y la voracidad de su tridente para liquidar al Espanyol como quien espanta una mosca. El Tamudazo fue un recuerdo lejanísimo que ni asomó por el estadio azulgrana. Lo mejor para los pericos fue sellar la permanencia gracias a resultados de terceros. Al conjunto azulgrana le bastará con ganar al ya salvado Granada para sumar un título que tuvo ganado, que vio peligrar y que ha amarrado con una reacción poderosa. Desde la derrota contra el Valencia, 21 goles a favor y ninguno en contra. Brutal.
Messi es el centro de gravedad del Barcelona, es una evidencia. Por eso cuando la necesidad aprieta es La Pulga quien toma las riendas. Sin pestañear, además. Leo capitalizó el arranque del líder con un gol, una amarilla y la presencia en casi todas las acciones de su equipo, en ataque o de presión para recuperar la bola y asfixiar al rival.
Al Espanyol le duró la pelota menos de diez segundos desde el saque inicial, síntoma del carácter azulgrana. Esta vez no permitiría dudas desde el inicio. Se volcó sobre el área perica y generó llegadas continuas, algunas claras. En la izquierda desbordó Neymar superstar, con quiebros, fintas y hasta una rabona. Suárez fijó a los centrales, y por la derecha partió Messi e incidió Rakitic. El extraordinario lanzamiento de falta en el minuto ocho, a la escuadra derecha de Pau, destapó el corcho. Y cuatro minutos después, un rapidísimo ataque entre Suárez y Messi encontró a Rakitic en boca de gol, anulado por fuera de juego. Lo pareció, pero no lo era. Lo anulaba un defensor, sentado al otro lado de la jugada. Tampoco tuvo suerte el Barça con Gil Manzano en otro lance polémico, una caída de Messi ante Duarte, que le derribó en el arrastre.
El Espanyol tardó media hora larga en asomarse al balcón de Ter Stegen. Superado por el alto ritmo azulgrana, sólo un par de balones diagonales a Caicedo metió algo de picante al duelo. El punta sólo remató uno, bien blocado por el meta alemán. A falta de llegadas, los pericos llenaron el depósito de tarjetas, y aún pudo darse por contento con Hernán Pérez, que bordeó la roja en varias oportunidades.
No necesitó esforzarse demasiado el Barcelona para resolver la disputa. Para colmo, el único futbolista con aspecto de amenaza, Caicedo, se quedó en la caseta tras el descanso y poco más se supo de los pericos, que pusieron de su parte para agrandar la derrota. En el 2-0 fallaron Diop en el pase de salida y Roco al habilitar a Suárez. Robó Alves, sirvió Messi y resolvió Suárez. Antes del cuarto de hora, el uruguayo cabeceó un córner a la red. Con falta clara sobre Javi López, pero el colegiado tampoco acertó en ese lance.
El uruguayo recogió el protagonismo de Leo con ese doblete y con una excelente asistencia a Neymar, tan intratable en el regate como poco activo en el remate. Para su diana no tuvo más que empujar la bola en una jugada iniciada por Alves, a gran nivel. Cuando juega bien, juega bien.
El final del partido fue cruel para el Espanyol, rendido con los cambios a falta de casi 20 minutos. Pau, alma perica, amenazó en la previa y recogió su castigo tras un error clamoroso que permitió el quinto de Rafinha. El Camp Nou se ensañó con el meta, que se recompuso como pudo. La gradería masticó el título cuando llegaron noticias con goles de Levante y Valencia, pero faltó un tanto en el Bernabéu para completar la fiesta.
Aunque no esté al nivel de hace tres meses, el Barça encara la última jornada con todos los triunfos en la mano. Tiene nivel de juego y confianza para sellar el título, aunque hará bien en resolverlo cuanto antes. El Granada no se jugará nada. Como el Levante ante el Atlético.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Real Madrid gana al City y se mete en la gran final de la Champions League


Habrá derbi en Milán. Lisboa tendrá segunda parte. Tenemos tres semanas y algo para hablar de ello, para que a la hora de las comidas familiares, de las reuniones de amigos, de los encuentros de ascensor sólo haya un tema de conversación. Para que los lazos vuelvan a deshilacharse sin llegar a romperse. No lo hicieron en 2014, no lo harán ahora. Pero nos gusta el picante y el cachondeo. Y nos gusta el Madrid-Atlético.
La semifinal no pasará al recuerdo, no. El combustible del Madrid es la épica y esta eliminatoria se le presentaba como un depósito vacío. Con sufrimiento, con los otros activos del fútbol y de la vida. Cuando el talento no define, el grupo se hace persona y pelea. El Real Madrid no gana con el nombre, gana por lo que representa, por la historia de la gente que dio a luz a la leyenda y por los que intentan dignificarlo en la actualidad. Y cuando vienen malas, como vinieron al final, el equipo es lo que salva el cuello. Y cuando el esfuerzo se hace necesidad, no sobra nadie.
Los de Zidane salieron andando, a especular, con todo el riesgo que ello conllevaría con un rival extramotivado enfrente. Pero tampoco es que el City fuera el Correcaminos tras el Coyote. El partido, la eliminatoria, tenía ritmo de septiembre y premio de mayo. Se lesionó Kompany y tuvo que ser un defensa el que rompiera el partido. El 15 de blanco, el chico de la casa, el que puso la primera piedra imberbe y ahora es héroe barbudo. Carvajal, que juega como si estuviese conectado de forma invisible a la red, como un tranvía o un coche de choque, metió un balón en profundidad a Bale, actual sastre de sonrisas del Real Madrid, que en su intento de centrar con la derecha encontró la colaboración de Fernando y clavó el balón en la escuadra.
Con Modric intentando manejar un centro del campo huérfano de ancla sin Casemiro pero libre de moverse en función de la marejada del partido con Isco, los blancos tuvieron contra las cuerdas a unManchester City que siempre se mantuvo a la distancia pero que nunca lanzó los puños. Pero no soltó el derechazo del K.O. y buscando la campana del final del primer asalto el Madrid sufrió una bajada de tensión. Ahí es donde aprovechó Fernandinho para pegarle un meneo al palo de Keylor con un derechazo que hizo latir al unísono el corazón en las gargantas madridistas. Al tragar saliva y corazón se expelió un "Uy" que tuvo eco durante todo el descanso
Touré, haciendo gala del apodo de su selección, fue más elefante que elegante. Se movió pesado sobre el césped y el Madrid respiró mientras estuvo en el césped. Tampoco fue el día más activo deCristiano, hiperactivo en una jaula, lo intentó pero sin mucho recorrido. Es difícil adivinar el tanto por cierto al que se encontraba para jugar, pero queda claro que el número no se acerca al 100.
Entre tanto inmovilismo salió Lucas entre una gran ovación del público. Se pegó un sprint nada más salir que le hizo parecer explorador entre momias. Sólo se movía él ante la cámara. Su exceso de adrenalina le pudo costar caro en una de las últimas acciones del partido en la que atropelló a Sterling. Literalmente. Hart sacó un par de veces el segundo a Cristiano y a Lucas, antes de que Bale probase el sabor del larguero. Otro vuelo sin motor le hizo elevarse por encima de la zaga del City, pero el travesaño le negó el doblete de gloria.
Y llegaron los últimos 20 minutos, llegó el sufrimiento. El City no hacía nada, pero tú dile a un tío que está de pie rezándole a todos los santos en los que no cree que el árbitro pite el final si sufrió o no. En el 89' llegó el apoteósis de la agonía. Un chut lejano de Agüero se acercó a la portería de Keylor y los segundos se hicieron tan espesos que se podía escribir un cuento de cada uno de ellos. Volaba la bola, uno pensaba "No ha hecho nada en 179 minutos y verás ahora", el otro, el que se sacaba el codo de su amigo de la boca, no se lo podía creer. "Si este tenía que estar jugando con nosotros...", murmuraba con una frase más larga que el tiempo del disparo. Y se marchó por encima del larguero.
El Madrid no voló hacia Milán, acudió a su encuentro en peregrinación. Pero está en la final, con el Atlético, y la ciudad se prepara para lo que se le viene encima. Otra vez tú. No se puede sentir otra cosa que no sea nostalgia del propio presente. Está siendo tan intenso y genial que nos vemos en unos años echándolo de menos en vez de disfrutarlo. La gran final de la Champions se vuelve a jugar en el Paseo del Prado.

sábado, 30 de abril de 2016

El Líder no falla ante Betis y esta mas cerca de ganar la Liga


Una diana precisa de Luis Suárez evitó un sofoco mayor del Barcelona, que cumplió estrictamente con su cometido. Venció y respondió a la presión trasladada por Real Madrid y Atlético, pero lo hizo con dificultades en un choque que en otro momento de la temporada habría resuelto sin pestañear. La expulsión de Westermann en el minuto 35 condenó al Betis, pero el equipo verdiblanco no dobló la rodilla hasta el 81', cuando Lucho embocó el 0-2. Hasta entonces, el orgullo y la inspiración de Iniesta fueron lo mejor de un líder que no parecía estar jugándose medio título.
Es más que probable que el Barcelona acabe ganando la Liga, pero emite síntomas extraños. No es normal, ni ante el Sporting ni en el Villamarín, que desperdicie medio partido con un ritmo lento, poco movimiento y escaso de agresividad. Se rebrinca Luis Enrique hasta la mala educación cada vez que le preguntan por la forma física, pero da la sensación de que sus futbolistas se regulan conscientes de que tienen gasolina para un ratito. El resto es cuestión de minimizar riesgos.
En todo un primer tiempo, con un Betis muy replegado, el Barça apenas generó dos remates a portería, uno de Jordi Alba tratando de hacer un Sylvinho (remate directo desde la banda, amagando con el centro) y otro de Neymar, que al menos participó más que en anteriores compromisos. Pero con la excepción de Iniesta, siempre claro con balón y en el pase, y Jordi Alba, la mejor opción para desbordar por fuera, no resultó complicado para los verdiblancos controlar los ataques del líder hasta la pausa.
Era imposible de prever los minutos locos de Mateu Lahoz, que tiró a la basura su manual de árbitro templado. Castigó cada falta con tarjeta, y en esa tormenta el menos hábil fue Westermann, que vio dos en siete minutos. Pura imprudencia del central, que dejó a su equipo con diez con una hora larga por delante. Con guasa, el respetable cantó el "campeones, campeones" y el himno del Atlético, por chinchar al Barcelona más que nada.
El decorado cambió algo en el segundo tiempo, aunque sin exagerar tampoco. Contra diez y con una Liga por perder, el Barça colocó sus líneas en torno al área verdiblanca hasta obtener recompensa. Gran parte del mérito recayó sobre Iniesta, que apareció por todos lados para pivotar en la circulación azulgrana. En un pase estupendo de Neymar estuvo a punto de atinar Suárez con la zurda, y fue un aviso de lo que estaba por llegar. El tanto cayó de forma poco honrosa, con un centro llovido sin peligro aparente que buscó Adán muy lejos de su portería y pifió Pezzella en un intento absurdo de chilena. Mansa y amable, la pelota cayó en Rakitic, un ex sevillista, que empujó sin oposición. Adán abroncó a su central por la pirueta innecesaria, pero el meta tampoco estuvo fino en la salida. Será pasto de los memes. Su promesa de fastidiar al Barça pasa factura.
Esas gracias no tendrán en cuenta un paradón del portero, como Hart ante Pepe, achicando la portería a Luis Suárez, que remató sin oposición a servicio de Messi. El caso es que el Villamarín comprendió que sólo un milagro daría una satisfacción. Y no sería porque el Barça no puso de su parte para amenizar la velada. Regularon los centrocampistas azulgranas y los puntas se adornaron en lugar de rematar, lo que permitió al Betis soñar. Era cuestión de llegar al último cuarto de hora a tiro de un gol y buscar la suerte en cualquier balón largo.
Entraron Musonda y Van Wolfswinkel para refrescar a los puntas, y se marchó Ceballos, tan revolucionado que coqueteó con la doble tarjeta. También lo hizo Alves, y los dos técnicos reaccionaron antes de poner a prueba el brazo ligero de Mateu. Con el 0-1 en el marcador una pelota larga para Riki VW probó la agilidad de Bravo y espabiló al Barça, que al fin cerró la función. En una jugada parada, con Iniesta y Messi pasándosela andando, la zaga bética dejó pensar a Leo y eso siempre conlleva castigo. Esperó la diagonal de Suárez, metió el pase y el uruguayo coronó sin pensar, como hacen los delanteros de instinto. Otra muesca en la Bota de Oro.
En ese minuto 81 el Barça se sintió a salvo, con sólo dos jornadas para certificar la Liga. La conjura de los canelones, esa comida de hermandad para lograr el doblete, funcionó a medias. En el electrónico, sin duda. En el juego no tanto. Está claro que a estas alturas lo que cuenta es amarrar los puntos. Como sea.

Un cabezazo de Bale mantiene al Real Madrid en la lucha por la Liga


Si una oportunidad te sonríe a los ojos, tienes que aguantarle la mirada hasta las últimas consecuencias. Y el Madrid no piensa pestañear en lo que queda de Liga. La cabeza privilegiada de Gareth Bale volvió a resolver un día complicado, un testarazo de campeonato para derribar un muro, físico y psicológico, que se empezaba a hacer demasiado alto para los de Zidane llegados al minuto 80 y que se derrumbó dejando a la vista el camino a la Liga.
De la Real poco más se puede decir que su última jugada. Falta peligrosa cerca de la banda, cerca del área, y con Rulli presto al remate. Illarra no la levantó un palmo del suelo y el partido se acabó.
Bien cerrado atrás, el equipo de Eusebio embreó la zona que cubría su defensa y la primera línea del centro del campo, haciendo imposible que el Madrid acampase allí. James, más voluntarioso que acertado, participó en las dos primeras ocasiones en una suerte que no parece reservada a alguien de su categoría pero que domina de lujo, la puntera. Con ella asistió a Bale, que chutó desviado, y con ella probó a Rulli, que respondió entonces y siempre.
Con muchos cambios en el once, el Madrid no se encontraba porque no encontraba a Modric. Luka es el puntito azul del GPS blanco, el que lo ubica, el que triangula su posición. El que coge al equipo por los hombros cuando está nervioso y lo tranquiliza. Pero empezó a jugar y a dominar. Aun en un partido poco vistoso, empezó a dejar detalles de los suyos, como controlar balones con el pecho como quien se aplica Vicks VapoRub hasta que se le derrama a la bota, y a encontrar huecos donde otros veían persianas bajadas. Sus recopilaciones de jugadas bien podrían tener la categoría de poemarios.
No encontraba camino el Madrid, pero por alto empezó a hacer sendero. Cada córner y cada centro acababa en remate. Empezó a pisar por ahí y acabó fabricando un puente aéreo que le serviría para ganar.
El minutero fue navegando en un mar de tarjetas, faltas e imprecisiones. Durante un buen rato pareció que el colorín colorado del Madrid en Liga se escribía en Anoeta y la depresión de juego se contagiaba al ambiente. Avisó Bale con una ocasión clarísima, cazó un zurdazo en un claro del área, pero el pie de Rulli le negaba el gol. Pero el galés se cambió la chaqueta, se quitó las referencias al Ejército de Tierra y se vistió de aviador.
Quedaban diez minutos y la Liga pasaba de guiñarle un ojo al Madrid a cerrarle el paso a sus pupilas. Isco tardó 75 minutos en salir y cinco en bautizar el gol. El malagueño, a veces redundante en el gesto, tuvo un par de acciones en las que oteó el tanto pero no encontró cómplice hasta el 80', donde miró a banda y surgió Lucas. El canterano colgó un balón que pareció más trozo de carne lanzado a una jaula de león hambriento, porque Bale saltó a por él como el niño al que se le escapa un globo. Pero Gareth lo alcanzó y lo remató a la red, el único imposible para Rulli en la tarde.
Sufrió el Madrid al final y Keylor tuvo que hacer de las suyas, pero la Real sigue sin ganar desde que tumbó al Barça y se volvieron los blancos de Donosti con tres puntos y una certeza. Por ellos no va a quedar. La han rondado, la han mirado y les ha sonreído. Pero para besar la Liga dependen de otros pretendientes.

martes, 26 de abril de 2016

EL REAL MADRID PERDONA AL CITY Y SE ARRIESGA A UNA VUELTA SIN VENTAJA


El Real Madrid no salió de Mánchester más cerca de Milán. Desperdició una gran oportunidad de acortar el camino. El empate a cero es una manzana envenenada. El gol del City en el Bernabéu vale doble en caso de igualdad como hubiese valido el que no llegó del Madrid en el Etihad. La veda se abrió a veinte minutos del final con un cabezazo de Jesé que repelió el larguero. No obstante, la ocasión más clara estaba por llegar. Estuvo en las botas de Pepe, que se encontró con un caramelo en un córner que no aprovechó. El portugués tiró de la fuerza y fusiló a Hart, pero éste salió con vida. El portero despejó el zambombazo con el estómago y se escapó la victoria madridista.
Sin Cristiano, Zidane puso a Lucas a jugar el partido más importante de su vida. Sin Cristiano, Bale no dejó la derecha cuando era el día para volver a su sitio. Sin Cristiano, tampoco estuvo Benzema. Sí en cuerpo pero no en alma. El francés sólo aguantó 45 minutos. Demasiado visto lo visto. No paró de dar señales de seguir entre algodones que eran ciertas.

El miedo a recibir

El respeto entre los dos duró casi toda la noche. Hasta que el partido saltó por los aires y el Madrid no lo cazó al vuelo. Antes, la eliminatoria se desperdició durante más de una hora. El City y el Madrid jugaron al límite, pero sin arriesgar un balón que se convirtiese en arma arrojadiza concedida al enemigo. Había miedo a que corriese el rival y sólo se vio alguna carrera portentosa de Kevin 'Flash' De Bruyne (¿Jugó el Kun?).
El Real Madrid sudó, claro. Las finales no se regalan. Pepe, el mejor central del equipo durante toda la temporada, volvió a completar una actuación portentosa. Volvió a sujetar a su equipo. A pesar de esa ocasión perdida. A pesar de ser pronto amonestado. En campo rival ya fue otra historia. Sólo Luka Modric encendió el interruptor en la oscuridad. Sus compañeros tardaron muchísimo en acompañarle. Costó encadenar pases. No digamos romper líneas. La marcha de Silva por lesión antes del descanso fue otra zancadilla más. Entró Iheanacho.

Hart sostiene el muro

Tras el descanso, Jesé sustituyó al lesionado Karim, pero el equipo atacaba y no veía el horizonte. No había nadie para rematar. Cristiano buscó los balones sentado y en chándal. Hasta que se rompió el partido. Hasta que los dos equipos comenzaron a estar en reserva. Fue el momento del Madrid. Perdido.
Sergio Ramos cabeceó a manos de Hart, Jesé al larguero y Casemiro se topó a la salida de un córner con el pie del guardameta. Después, utilizó el cuerpo para salvar el gol de Pepe. Todo por la Patria. Todo por el City. Y una eliminatoria abierta en el Bernabéu, donde se disputará la final anticipada de Milán.

sábado, 23 de abril de 2016

Barcelona golea al Sporting y sigue siendo dueño de la Liga


Ocho goles en tres días es un registro al alcance de elegidos. Luis Suárez pertenece a esa estirpe, y por ello se coloca en el primer puesto de los goleadores de Europa. También se ganó un trocito del corazón de los aficionados con el guiño a los enfermos de PKU, a quienes dedicó su primera diana.
Como corresponde en Sant Jordi, el relato del partido tuvo un héroe clarísimo y un villano de manual. Clos Gómez despachó un arbitraje malísimo, y aunque nadie en el Sporting explicó la derrota en los errores del colegiado, le protestaron el 1-0, el 2-0 y dos de los tres penaltis. No acertó en casi nada.
Pese al tanteador abultado, el liderato del Barça esta vez se asentó sobre un juego sospechoso. Ni el vibrante ritmo ante el Valencia ni el acierto demoledor frene al Deportivo. El Sporting, con siete cambios en el once para refrescar a sus guajes, intuyó que podía sacar tajada del Camp Nou casi sin quererlo.
Se puso pronto el partido cuesta abajo para el Barcelona, aunque ni siquiera llegó producto de un arranque fulgurante. Es más, cayó como reacción a una ocasión clarísima de Menéndez, solo ante Bravo tras una buena acción de Guerrero al burlar a Piqué. Al minuto, un globo de Iniesta hacia Suárez encontró a Cuéllar, derribado por el ímpetu del uruguayo. Messi rebañó el balón suelto y lo colocó con la cabeza en la red. El meta no pudo volver, derribado en su área. Clos no vio falta.
Animó poco la diana, aunque Cuéllar tuvo que sacar el pie para repeler otro disparo de Messi. Poco más aportó el Barça en un primer acto larguísimo por culpa del desinterés local. El Sporting tenía asumido que no le iba demasiado en el envite, pero tampoco era cuestión de rechazar la invitación. Defensa ordenadita y salidas verticales lanzadas por Halilovic en busca de Guerrero. No fueron muchas, pero las suficientes para llevar la desazón al graderío. De hecho, el broche al primer acto fue una doble ocasión de Guerrero, salvada por Mascherano en la línea, y otra de Halilovic, despejada por Piqué entre el brazo y el costado. Difícil asegurar con qué parte tocó la pelota. Clos no tuvo dudas. Ni mano ni gaitas.
Luis Enrique movió el equipo por obligación. Las molestias de Sergi Roberto obligaron a dar entrada a Alves, protegido tras el vídeo del pelucón. El brasileño juega mejor que actúa. Activó la banda derecha y contribuyó a subir un puntito las revoluciones, aunque aún dio tiempo a escuchar algún pitido del respetable, especialmente dedicado a Neymar. Dos entradas de Vranjes de inicio le marcaron el territorio y se encogió el brasileño, incluso en un par de ocasiones solo frente al portero.
El cuartelillo acabó en el 64'. Poco después de que Abelardo colocara a Sanabria buscando la igualada llegó el tanto culé. La triangulación sencilla entre Messi e Iniesta encontró a Suárez solo en el segundo palo. Tan solo que estaba en fuera de juego, aunque ni Clos ni su asistente lo vieron. Sí que vieron la mano evidente de Canella en el área para inaugurar el festival de los penaltis. Transformó Suárez el primero, y desde entonces cada acción dividida fue castigada por el colegiado con el máximo rigor. Pitó dos más, el segundo ridículo que supuso además la expulsión de Vranjes. Suárez marcó el primero y Neymar el último. Buen gesto de Messi, que colaboró al recuperar al brasileño para la causa.
Expulsado Vranjes en la acción del último penalti, aún tuvo tiempo Lucho para completar el cuarteto de dianas. Un remate seco junto al palo, de nuevo habilitado por Messi en profundidad. Una recompensa enorme para el desinterés que mostró el Barça durante demasiado tiempo.

Victoria del Real Madrid que le permite seguir en la lucha por la Liga


El Madrid salió vivo de Vallecas. Rayo, lluvia y barrio se unieron para preparar una emboscada al blanco que casi acaba con las aspiraciones madridistas a la Liga. Pero el día que todas las miradas estaban puestas en Bale, Bale ganó el partido. Con la inestimable ayuda de los de la franja roja, sin dedos en los pies de tanto tiro que se han pegado esta temporada. Normalmente cuando todas las miradas están en una persona, lo que realmente esperan los observadores es que se la pegue. Que se tropiece en las escaleras, que se trabe en el discurso o que pierda los pantalones al posar en la foto. Pero Bale fue impecable en su exposición.
Cuando trincan a un corrupto, lo normal es que a las pocas semanas el juzgado se llene de visitas obligadas de los que eran sus compañeros de fechorías. Cuando en una clase de un colegio de un barrio (uno de verdad) el profesor busca al culpable de alguna gamberrada, hay silencio. Son los códigos del barrio, el honor, eso que no se aprende creciendo entre corbatas y sí jugando en descampados y parques. Y una de las máximas es que el barrio nunca olvida.
Por eso el Rayo le tenía tantas ganas al Madrid como para ir 2-0 en el minuto 15. Por eso el chaparrón que caía del cielo no era el único que empapaba a los de Zidane. Embarba aprovechó el baile desacompasado de la zaga madridista, que le dejó solo en la frontal del área pequeña, para empujar a la red un pase de Bebé, que venía de dejar por el camino a Danilo y Pepe. Y al poco, Miku vio botar un balón huérfano de bota tras un córner y fusiló a Keylor. 2-0, un cuarto de hora de raza del Rayo, una siesta fatal para el Madrid.
Y si Embarba llega a controlar bien y se planta delante de Keylor... Según le llegaba el balón, un Modric incómodo en el banquillo se echaba las manos a la cabeza. Pero controló mal, el 3-0 no llegó y el Madrid abrió un ojo, se recolocó el protector bucal y se puso en pie en la lona. Una de esas leyes que nadie escribe del fútbol porque una semana se cumplen y la siguiente no retumbó en la mente de los jugadores del Madrid. "Hay que hacer el 2-1 antes del descanso".
Bale, que ya había soltado el drive contra el palo al poco de comenzar, se elevó en un córner como si le ayudase un andamio, impactó con la frente en el balón y giró el cuello en busca de la diagonal cruzada al palo contrario, abajo, donde hace daño, al fondo de la red de Juan Carlos. El galés proyectó la remontada y acabaría por cincelar su cúpula.
En estas estaba Trashorras sobre el césped. Jugando. A su ritmo. Nadie lo hace como él. Durante la primera media hora le dio un clínic al joven Kovacic de los que hacen daño y crean escuela. Si pueden, además de por el ambiente único y los precios populares (a veces), compren una entrada para ver a Trashorras en Vallecas un día. Juegan 22, pero fíjense en uno, el 10 franjirrojo. Habrá merecido la pena la tarde.
Tras el descanso salió el sol y salió el Madrid. Zidane, despojado del chubasquero tras el 2-0 en un gesto de rabia que podría hacer creer que iba a saltar él al campo, dio una única instrucción. "Remontad esto como sea". El Rayo jugó a ahorrar el 2-1 de la hucha y no sabe. Dejó de tener el balón, que es lo que tiene memorizado, el partido se convirtió en un balancín y ahí pesa más el Madrid. En una arrancada de Danilo acabó empatando Lucas Vázquez con un cabezazo de especialista a la escuadra. Es lo que tiene estar inspirado.
El ludismo del Rayo es digno de estudio. No es premeditado ni a propósito, pero se cargan su propia maquinaria semana tras semana. Esta vez fue Embarba, uno de los mejores del partido, quese lió en las ganas de Paco de no pegar un pelotazo a falta de diez minutos y acabó dando un pase al hueco a Bale que no hubiera firmado alguno de sus compañeros. El resto fue correr y cantar.
Bale definió abajo ante Juan Carlos, ganó la Liga del barrio y dejó al Madrid, gracias a la actualización automática de las clasificaciones de las webs, líder de la Liga española. El Madrid peleará hasta el final. Como el Rayo. Dos formas de entender la vida y el fútbol que se mezclaron durante 90 minutos y nos dejaron un cóctel delicioso.

miércoles, 20 de abril de 2016

Real Madrid no se rinde en la lucha por la Liga tras vencer a Villarreal



El Madrid no enseña la bandera blanca. En esta ruleta rusa que ha sido la jornada 34, la bala que hunda a uno de los candidatos a presidir la Liga no ha salido de la pistola. El fútbol, al contrario que la vida, ofrece segundas oportunidades y los de Zidane la piensan pelear hasta el amén de la competición.
Viendo a los blancos contra el Villarreal hay que preguntarse sin respuesta por aquellos días en los que las crónicas (servidor levanta la mano) hablaban de Liga finiquitada y de un Madrid que tiraba sus opciones en Valencia o Málaga. Las madres de niños pequeños resuelven con una frase todo un tratado de astronomía al ser cuestionadas por las noches de Luna nueva. "Es que la Luna tenía sueño, se ha ido a la cama y por eso esta noche no sale". Ojalá el fútbol fuera así de fácil. Pero no, así que vamos al lío.
El punto 1 es el de Keylor, un portero que recibe el pitido inicial a porta gayola y que detiene balas de cañón con los guantes. La única ocasión clara del Villarreal y que pudo hacer tambalear las opciones madridistas acabó en sus manos, como tantas otras esta temporada. El disparo de Denis fue de lo poco que pudo hacer el equipo de Marcelino, que fue como la amiga de la novia de tu amigo que te quieren presentar. Te hablan bien de ella y te gusta al verla en fotos... pero en el primer encuentro en persona te decepciona.
Para entonces el Madrid ya iba ganando. En la tercera intentona idéntica de Cristiano por banda izquierda, su centro fue demasiado fuerte para la manopla de Asenjo, que sólo pudo despejar de aquella manera y al punto exacto por el que apareció la cabeza de Benzema. Otro partido que desbloquea Karim. Tiene gracia que el momento más nervioso de la temporada lo esté resolviendo el tipo más hipotenso de la plantilla, el Pippen de Jordan, el Joe Pesci de Goodfellas, el secundario perfecto.
El gong del Athletic-Atlético cambió el partido de ilusión a obligación para el Madrid y tras la reanudación buscó el segundo, aunque los acelerones dieron paso a un equipo que se movía en marchas bajas. Hasta que apareció Lucas. Lucas vive en corveta, en esa posición que tienen los caballos en los cuadros de los reyes, con las dos patas delanteras levantadas, prestas para la carrera y la batalla.
Fabricó una pared con Benzema, el mejor amigo de todos, y se lanzó al galope contra la portería de Asenjo. Donde otro hubiera buscado con un ojo biónico el hueco y el golpeo, él puso alma y puntera. Al palo y gol. La ovación que se llevó al ser sustituido no es suficiente, debe llevarse otra de la directiva en verano cuando le aseguren otro año de blanco.
No hizo mucho el Villarreal ni con el 2-0 y es una pena. Adrián pasó sin pena ni gloria, como un Bakambu del que los ojeadores esperaban mucho más. Incluso Denis, que lo intentó, se quedó corto. Es un chaval con cara de bueno que al mínimo descuido te roba la cartera y cuando le quieres mirar para recriminarle ya tiene de nuevo los ojos de no haber roto un plato. Pero en el Bernabéu no lo rompió, para lástima de 'su' Barça.
Fue un gran día para el binomio Kroos-Modric, que parecían con las pilas gastadas hace pocas fechas y que se sacaron un partidazo de las botas de los que se enseñan en las escuelas. Las rotaciones de Zidane parecen funcionar, al menos lo hicieron en el croata. Descansado en Getafe y tras una semana sin jugar, Luka se hacía fútbol encima. Y dejó un golazo, una volea con la zurda aprovechando un centro fantástico de un Danilo de menos a más que sigue con su lucha propia por ganarse al Bernabéu y a esos madridistas que le pitan por fallar un control. Tiene ambición.
Pues eso, que 3-0 y el Madrid sigue con el traje de camuflaje, esperando un tropiezo de los líderes para abalanzarse sobre la presa. Es un "falla tú que a mí me da la risa", un juego de las sillas con tres participantes y un único trono. El Madrid sigue bailando.

Barcelona sigue siendo líder de la Liga después de aplastar al Deportivo de la Coruña


El Barça solventó el primer match ball con la eficacia que lució hasta entrar en su crisis de fe. Riazor resultó el estadio perfecto para recuperar autoestima, porque el Dépor, sin objetivos claros más allá de molestar en la disputa por el título, se desplomó tras el 0-2 y recibió una paliza sonrojante. Suárez aplastó a los coruñeses, Messi firmó su gol 500 y el líder trasladó la presión a los perseguidores, anunciando que no está dispuesto a dar más facilidades.
Fueron los latigazos de Suárez los que despejaron el camino antes del descanso. Derribó a Sidnei antes de que mirase el árbitro y embocó sin oposición el primero, remachando a dos metros un córner lanzado por Rakitic. En el minuto 11, el Barça estaba en ventaja con facilidad aparente, a pesar de que no necesitó mover la pelota a gran velocidad. Se especuló con que el Dépor devolvería el favor del pasado año, cuando conquistó la permanencia en el Camp Nou. Desde luego, no fue el Dépor del derbi gallego. Ni intensidad ni emoción.
El momento azulgrana se hizo carne justo antes del segundo de Suárez. Dos llegadas coruñesas mal defendidas dejaron a Borges dos goles cantados, mano a mano con Bravo. Esta vez el portero azulgrana, criticado en las últimas semanas, respondió con instinto a los dos remates a quemarropa del costarricense. Alves se despistó en el primero y Mascherano en el segundo, y fue un milagro que el Dépor no empatara.
La efervescencia de Riazor acabó poco después, con la segunda diana de Lucho. El uruguayo, quemado tras no rematar ni una sola vez entre los tres palos ante el Valencia, descargó toda su munición en La Coruña hasta completar el póker. Pero la diana decisiva fue el 0-2, al coronar un estupendo pase de Messi de primeras con la diestra y allí acabó el partido. El Dépor, sin respuesta, con el orgullo de Laure, Mosquera y Lucas como únicos salvavidas, se fue hundiendo poquito a poco.
El protagonismo de Suárez fue absoluto. Otra vez Lucho acudió en auxilio de Lucho, el entrenador, nervioso hasta comprobar la exhibición de los suyos y la rendición de los contrarios. Luis Enrique hizo cambios esta vez, pero no todos los que hubiera querido. Se acercó a charlar con Suárez, pero éste no le aceptó la propuesta. Así que los sustituidos fueron Iniesta, muy aplaudido, Busquets y Alba. Ni siquiera se retiró Neymar, que tuvo que esperar al desorden local para apuntarse un tanto.
Messi, muy activo en la creación, sincronizó bien con Suárez para engordar la goleada. En una tarde plácida relanzó su candidatura para alcanzar la Bota de Oro y el Pichichi. Pero pocas dianas tuvieron tanto valor simbólico como el de Bartra. Bien construido, además. Robando en una salida del Dépor, buscando el pasillo entre el central y el lateral, luciendo zancada ante Sidnei y batiendo cruzado a Manu. Además de hacer su trabajo defensivo, negando el empate a Borges, se permitió firmar un gol reinvindicativo, después de muchos partidos relegado por el técnico. Cuando se le necesitó, cumplió con creces.
La grada asumió la fatalidad de la escandalosa goleada con resignación, como algo natural. Pocos reproches, pocos pitos pese a la flojísima actuación de un equipo corto de carácter, a pesar de la salvación. Medicina perfecta para el líder, consciente de que era el día para cambiar el rumbo. Ni Piqué, en el palco, esperaba que fuera tan fácil superar la primera final. Quedan cuatro.

domingo, 17 de abril de 2016

El Barcelona deja dudas en ganar la Liga tras perder frente a Valencia


Los grandes caen con estrépito, preguntándose en pleno vuelo qué han hecho de malo para partirse la crisma contra el suelo. Si antes de la visita a El Madrigal se decía que sólo el Barcelona podía perder la Liga, tres semanas después los azulgranas están en ello. Un punto de 12 y la eliminación europea retratan el desplome azulgrana, al que esta vez no le sirvió ni jugar bien ni poner actitud. Los errores puntuales, la falta de fe y la inspiración del Valencia, encarnada por Diego Alves, provocaron una derrota imprevista. Hay crisis.
Y eso que el arranque fulgurante del Barça anunciaba una reacción vigorosa. Los azulgranas entraron a todo trapo en el partido, validando el plan de Luis Enrique. Mantuvo el once de gala con la excepción de Dani Alves, que apareció sonriente en el banquillo. Como si el vídeo del pelucón no le hubiera costado la titularidad. Alegría. La cuestión es que en 15 minutos los azulgranas forzaron cinco llegadas y dos ocasiones clarísimas que requirieron los servicios de Alves, Diego, un gato bajo palos.
Remató desde muy cerca Messi, solo, tras una gran maniobra de Suárez y el portero brasileño metió un guante duro. Poco después, en el 12, Messi fue vivo y dejó solo a Ney, que buscó el globo. Alves frenó, se estiró hacia atrás y no hizo una parada, hizo un póster. Otra llegada de Alba a la que no llegó por milímetros Suárez completó ese inicio intimidatorio.
Pero el Valencia ya no es el que bordeó el precipicio. Se sacó el plomo de las botas ante el Sevilla, y lo demostró en cuanto el Barça quiso tomar aire. Con el centro del campo superpoblado, un robo a Busquets sirvió para que Rodrigo se plantase solo ante Bravo. Ajustó mucho al palo y se le fue. El Camp Nou comprendió que la noche pintaba fea por cómo se resolvió el siguiente intercambio de golpes. De una contra que Alves le sacó a Messi con otra mano increíble se pasó al autogol de Rakitic al tratar de tapar un centro de Siqueira, bien habilitado por André Gomes.
El 0-1 atacó el sistema anímico del Barça. Produjo pocas llegadas antes del descanso. Tras una falta sobre la barrera recogió Messi de nuevo solo y su cabezazo a quemarropa volvió a ser contestado con otra salvajada de Diego Alves. Envalentonado por un portero invulnerable, el Valencia se estiró antes del descanso, empezó a combinar, trenzó un pase tras otro y construyó un monumento. El exquisito final entre Parejo y Santi Mina coronó todo un homenaje coral al juego de toque, ese que convirtió al Barça en referencia.
No quedaba otra que la heroica para remontar en medio partido lo que el Madrid hizo en un encuentro entero. No faltó actitud en el grupo azulgrana, que por momentos arrinconó en su área al equipo de Ayestarán. Pero el Valencia, que hace un par de semanas era un cúmulo de desgracias, resbalones y despistes, se sintió fuerte en el papel de saboteador de la Liga. Defendió con orden, facilitado por la ansiedad azulgrana, y ni siquiera se descompuso cuando Messi rompió su maleficio coronando una combinación con Alba.
Quedaba tiempo por delante y faltaba oxígeno en los azulgranas, fatigados por el esfuerzo del Calderón. Ni siquiera mandó a nadie a calentar Luis Enrique, que no encontró en el banquillo ningún Nolito o similar con quien subir las revoluciones. Ni Alves, ni Aleix, ni Munir... Por esto pidió refuerzos en invierno, porque no ve opción en caso de emergencia. Y porque tampoco vio un desmayo evidente en los suyos, que lo intentaron por encima de sus fuerzas. Otra cosa es que estén más que justas.
El Valencia salió poco, en parte porque se sentía cómodo al abrigo de Alves. Aún sacó el meta otro remate venenoso de Rakitic. Con el Camp Nou hirviendo, Neymar bajó la temperatura escogiendo mal en todas las acciones. Por primera vez brotaron algunos silbidos contra el brasileño, que acabó 
Ya con Piqué como ariete y Mascherano como único tapón, lo increíble fue que el marcador no se moviera. Alcácer despejó en lugar de embocar en el balcón del área chica, sin oposición. Y si parecía imposible fallar el 1-3, fue Piqué quien desperdició el empate con un balón botando, controlado, al borde del área pequeña. Junto al palo se marchó el disparo y toda la renta del Barça, que no entiende cómo se le puede escapar una temporada destinada al Museu. Ahora ya no tienen margen. O espabilan en Riazor o se les puede hacer larguísima la temporada.