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Bale-Benzema-Cristiano.

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sábado, 28 de mayo de 2016

Real Madrid se proclama campeón de Europa después de un agónico partido que se decidió en penaltis


De la Décima a la Undécima va un número. El 4, el de Sergio Ramos, el del hombre que besó el cielo de Lisboa y conquistó el suelo de Milán. Como si el tiempo nunca hubiera pasado, como si el balón colgado fuese el mismo, da igual con la cabeza que con los tacos, pero siempre con el alma. El gol de Ramos, el gol de la final, el gol de la Décima, el gol de la Undécima. El hombre que levantó la Champions al cielo de San Siro, más que un héroe en la historia del Real Madrid.
Quien después de lo de Lisboa creyera que no había una forma más agónica de ganar una Champions o cruel de perderla no sabía lo que iba a pasar esta noche en San Siro. Para el Atlético es un sufrimiento continuado, no sólo por la tercera final consecutiva perdida entre tanta crueldad, es que el ladrón de las dos últimas Copas de Europa ha sido el eterno rival, el vecino del once.
El penalti de Juanfran al palo está en la historia negra del Manzanares. Él, que tanto había celebrado su lanzamiento contra el PSV, él, admirado y adorado en el Calderón, tuvo que ser el que negara la gloria a su equipo.
Falló, el único, y una milésima de segundo después Cristiano lo entendió todo. El máximo goleador de la historia del Real Madrid necesitaba una guinda al pastel. Dio un paso hacia el área, hacia el punto de penalti, hacia la retina de todos los madridistas del planeta, hacia la memoria del fútbol, hacia la Historia del Real Madrid. Marcó, venció, un grito recorrió la nación blanca, sin territorio pero con bandera, un "Goooooooool" de los que se atrancan en la garganta y acaban en gallo o lágrima. Un grito de campeón.
El partido fue tenso y pudo caer en los 90 minutos hacia cualquier lado. Bale, enchufadísimo, dio el primer susto con un zapatazo de falta que tocó Benzema y sacó Oblak, un hombre al que los milagros se le agotaron en la tanda de penaltis pero que fue gigante con la bola en juego.
Pero el Madrid avisa una y no más. En el 15' Kroos botó una falta que peinó Bale y que rozó con los tacos, en fuera de juego, Sergio Ramos. La bola se resbaló por el costado de Oblak y acabó en la red. Otra vez el de Camas, ahora capitán, otra foto de Champions.
Pudo matar el Madrid, pero empezó a cavar la trinchera y se escondió en ella. Donde antes tocaba y jugaba al escondite con la bola mientras el Atlético correteaba en un pilla-pilla sin premio, ahora eran los de Simeone los que dominaban y encerraban a los de Zidane. Pero hasta que en el descanso no salió Carrasco no cambió la historia.
Tardó un minuto el Atlético en demostrar que quería la Copa de Europa. Pepe derribó a Torres y el colegiado señaló penalti. Griezmann se acercó a la bola con la imagen de Keylor deteniendo su penalti en Liga en el Calderón y la reventó al larguero. Donde otro equipo se hubiera hundido, el equipo no dejó de creer, fiel a su creencia aunque con otro estilo. El Madrid le obligó a ser Barça y Bayern contra Atlético.
Perdonó el Madrid. Modric volvió a ser Baryshnikov mientras tuvo piernas para ello. Dejó a Benzema solo frente a Oblak, pero el galo se estrelló en un muro infranqueable. Como Cristiano, quien olvidó por un momento que las bicicletas son para el verano y no cuando puedes definir el 2-0 y finiquitar una final. Y la salida de Kroos dejó desequilibrado al Madrid.
Se acercaba el final por en la mente rojiblanca sólo pasaba una venganza de Lisboa con todas las de la ley. No fue lo mismo en el 93' que en el 79', pero el gol de Carrasco dejó tocado al Madrid y al madridismo, que se vino abajo pensando en todas las veces que ellos se habían reído del amigo, del vecino, del compañero de clase, temiendo ser ahora objeto de burla para la eternidad.
Pero el marcador no se movió hasta los penaltis y la historia se hizo Historia. Lucas, Marcelo, Bale, Ramos y Cristiano, cinco lanzamientos para siempre, cinco tiros que el madridismo recordará toda la vida. Había mucho en juego y muchas gargantas secas hasta el fallo de Juanfran.
Al Atlético no le quedará consuelo. La Liga de Campeones seguirá siendo su obsesión. En los manuales de la vida se dice que el amor es más intenso antes de consumarlo. En esos momentos en los que recuerdas el sabor a la miel de sus labios y sueñas con la siguiente dosis de su beso. El Atleti sigue enamorado de la Champions y no parará hasta levantarla en volandas.
Pero la historia es blanca. Una temporada que empezó 'Highway to hell' termina 'Stairway to heaven'. No, no iba a durar dos años. Sigue siendo posible que dure toda la vida. El madridismo dormirá en el Undécimo cielo.

sábado, 14 de mayo de 2016

Real Madrid vence al Deportivo con goles de Cristiano Ronaldo


El asalto a la Liga quedará donde habita el olvido. La historia sólo recuerda a los ganadores, pero para la historia inmediata del Madrid, la que se escribirá en Milán, haber peleado hasta el último momento por el título es un subidón de moral. Al final se trata de eso, no de olvidar los fallos que le quitaron la Liga al Madrid, sino de superarlos.
La esperanza duró 22 minutos, los que tardó Luis Suárez en hacer el 0-1 a unos 1.000 kilómetros de Riazor. Porque el Madrid empezó la tarde jugando en dos estadios y la terminó cumpliendo en uno y renegando del pinganillo en el otro. Revisada la recta final de la competición es de obligado reconocimiento el mérito de un equipo que estaba desahuciado y que ha terminado por hacer cosquillas hasta el último día a un Barça que tenía tomadas las medidas del trono y hecho el hueco en el salón.
El partido, la verdad... Pues no tuvo mucho. Salió el Madrid a torturar al Depor para mandar un mensaje al Barça y durante un rato le salió bien el plan. En el minuto 7 ya iban ganando los blancos con un gol 'made in BBC'. Bale entró por banda izquierda, se coló en el área, la puso atrás y el remate defectuoso de Benzema le cayó a Cristiano para empujarla a la red.
Marcó el Madrid y se rindió al auricular. Más pendiente de la oreja que de la bota, aún hizo el 0-2 Cristiano en una jugada de barullo, extraña, como correspondía al partido. Bale arremetió contra Arribas, que quedó tendido en el suelo, dejando a Cristiano solito para rematar el segundo con la colaboración de la chepa de Mosquera.
Con un Deportivo al que tampoco le fue la vida en el partido, Cristiano pudo hacer el tercero y el cuarto pero se topó con palo y larguero de forma consecutiva. A cuatro goles de Suárez en el Pichichi al inicio de la jornada, el tipo saltó a Riazor a quitarle el trofeo al uruguayo. Este jugaría con la misma intensidad en el patio del colegio en una reunión de exalumnos, no conoce amistosos ni bajadas de tensión.
Y se murió el partido. Las noticias de Granada no provocaban ilusión en los blancos y sin chispa no hay nada que hacer. Jugar sin ambición es como enamorarse sin ganas, un sinsentido. Fede Cartabia lo intentó y Pletikosa se despidió del fútbol dejando buenas sensaciones y, a pesar de la derrota, con una sonrisa.
El Madrid no ganó la Liga. Pero la peleó hasta la campana del último asalto. Se mantuvo de pie y no besó la lona. Perdió, como suele suceder en el fútbol, a los puntos. Concretamente por uno.La siguiente estación es Milán, premio gordo de la temporada, segunda entrega del partido más importante de la vida de los madridistas que tratan en su día a día con algún atlético.

domingo, 8 de mayo de 2016

Real Madrid vence a Valencia y se coloca en el segundo puesto de la Liga


Hasta el final. El Real Madrid no se va rendir. Jamás. Lo puede contar Arbeloa, que se despidió del Santiago Bernabéu en el campo y pidiendo la hora. El Valencia amenazó con un gol que hubiese dado el título al Barça. El Atleti se cayó de la pelea, pero no el Madrid. Todavía puede ser campeón aunque necesite ganar en Riazor y un favor del Granada, ya salvado, que recibe al Barcelona.
Antes de la final de Milán, llegó la undécima. La undécima victoria consecutiva del Madrid. Encabezada por el de siempre, Cristiano Ronaldo, autor de dos de los tres goles. Vital fue tambiénKiko Casilla, que tiene manos para jugar en el Madrid. Su soberbia segunda mitad evitó un sofoco al Bernabéu.
James apareció en un once con Benzema y con Cristiano. Los dos, entre algodones todos estos días, están listos para la final. Aunque para eso todavía queda mucho. Mientras, hay que seguir ganando. Hasta el final. No dejar de creer, ya saben.
Si Casilla dio un recital, el Bernabéu volvió a ver otro de Diego Alves. Le metieron tres, pero sacó balones imposibles. Le superó Cristiano. Por primera vez cerca de la media hora. Chutó con precisión de cirujano para abrir la lata. Y el encuentro saltó por los aires.
El partido se convirtió en un correcalles. Alves siguió demostrando que hay días en los que engaña y tiene más brazos. Cancelo perdonó el empate y Benzema marcó antes del descanso previa parada terrible de Diego. Era fuera de juego, pero subió al marcador.
Como presentación de la segunda mitad, Ayestarán metió a Mina y André Gomes. Y el Valencia sembró el pánico. Parejo tocó dos veces madera y Kiko Casilla fue de hierro. Se contaron hasta cuatro paradones que evitaron goles cantadísimos.
Rodrigo acortó distancias y Cristiano poco tardó en volver a alargarlas. Marcó a pase de James, al que se le vieron cositas. Sólo cositas, pero algo es algo. En Milán una de esas puede transformarse en Undécima.
Zidane, hay que decirlo, descompuso al equipo con los cambios. Hasta quitó a Cristiano a diez del final para que entrase Arbeloa y, brazalete en mano, sufrió con el madridismo. André Gomes metió un golazo y el Valencia acabó con diez (expulsaron a Rodrigo por decirle algo fino al línea). El Bernabéu se despidió inquieto. Pero feliz. Ahí hay que estar. Hasta el final. Como Arbeloa. Eso es madridismo.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Real Madrid gana al City y se mete en la gran final de la Champions League


Habrá derbi en Milán. Lisboa tendrá segunda parte. Tenemos tres semanas y algo para hablar de ello, para que a la hora de las comidas familiares, de las reuniones de amigos, de los encuentros de ascensor sólo haya un tema de conversación. Para que los lazos vuelvan a deshilacharse sin llegar a romperse. No lo hicieron en 2014, no lo harán ahora. Pero nos gusta el picante y el cachondeo. Y nos gusta el Madrid-Atlético.
La semifinal no pasará al recuerdo, no. El combustible del Madrid es la épica y esta eliminatoria se le presentaba como un depósito vacío. Con sufrimiento, con los otros activos del fútbol y de la vida. Cuando el talento no define, el grupo se hace persona y pelea. El Real Madrid no gana con el nombre, gana por lo que representa, por la historia de la gente que dio a luz a la leyenda y por los que intentan dignificarlo en la actualidad. Y cuando vienen malas, como vinieron al final, el equipo es lo que salva el cuello. Y cuando el esfuerzo se hace necesidad, no sobra nadie.
Los de Zidane salieron andando, a especular, con todo el riesgo que ello conllevaría con un rival extramotivado enfrente. Pero tampoco es que el City fuera el Correcaminos tras el Coyote. El partido, la eliminatoria, tenía ritmo de septiembre y premio de mayo. Se lesionó Kompany y tuvo que ser un defensa el que rompiera el partido. El 15 de blanco, el chico de la casa, el que puso la primera piedra imberbe y ahora es héroe barbudo. Carvajal, que juega como si estuviese conectado de forma invisible a la red, como un tranvía o un coche de choque, metió un balón en profundidad a Bale, actual sastre de sonrisas del Real Madrid, que en su intento de centrar con la derecha encontró la colaboración de Fernando y clavó el balón en la escuadra.
Con Modric intentando manejar un centro del campo huérfano de ancla sin Casemiro pero libre de moverse en función de la marejada del partido con Isco, los blancos tuvieron contra las cuerdas a unManchester City que siempre se mantuvo a la distancia pero que nunca lanzó los puños. Pero no soltó el derechazo del K.O. y buscando la campana del final del primer asalto el Madrid sufrió una bajada de tensión. Ahí es donde aprovechó Fernandinho para pegarle un meneo al palo de Keylor con un derechazo que hizo latir al unísono el corazón en las gargantas madridistas. Al tragar saliva y corazón se expelió un "Uy" que tuvo eco durante todo el descanso
Touré, haciendo gala del apodo de su selección, fue más elefante que elegante. Se movió pesado sobre el césped y el Madrid respiró mientras estuvo en el césped. Tampoco fue el día más activo deCristiano, hiperactivo en una jaula, lo intentó pero sin mucho recorrido. Es difícil adivinar el tanto por cierto al que se encontraba para jugar, pero queda claro que el número no se acerca al 100.
Entre tanto inmovilismo salió Lucas entre una gran ovación del público. Se pegó un sprint nada más salir que le hizo parecer explorador entre momias. Sólo se movía él ante la cámara. Su exceso de adrenalina le pudo costar caro en una de las últimas acciones del partido en la que atropelló a Sterling. Literalmente. Hart sacó un par de veces el segundo a Cristiano y a Lucas, antes de que Bale probase el sabor del larguero. Otro vuelo sin motor le hizo elevarse por encima de la zaga del City, pero el travesaño le negó el doblete de gloria.
Y llegaron los últimos 20 minutos, llegó el sufrimiento. El City no hacía nada, pero tú dile a un tío que está de pie rezándole a todos los santos en los que no cree que el árbitro pite el final si sufrió o no. En el 89' llegó el apoteósis de la agonía. Un chut lejano de Agüero se acercó a la portería de Keylor y los segundos se hicieron tan espesos que se podía escribir un cuento de cada uno de ellos. Volaba la bola, uno pensaba "No ha hecho nada en 179 minutos y verás ahora", el otro, el que se sacaba el codo de su amigo de la boca, no se lo podía creer. "Si este tenía que estar jugando con nosotros...", murmuraba con una frase más larga que el tiempo del disparo. Y se marchó por encima del larguero.
El Madrid no voló hacia Milán, acudió a su encuentro en peregrinación. Pero está en la final, con el Atlético, y la ciudad se prepara para lo que se le viene encima. Otra vez tú. No se puede sentir otra cosa que no sea nostalgia del propio presente. Está siendo tan intenso y genial que nos vemos en unos años echándolo de menos en vez de disfrutarlo. La gran final de la Champions se vuelve a jugar en el Paseo del Prado.

sábado, 30 de abril de 2016

Un cabezazo de Bale mantiene al Real Madrid en la lucha por la Liga


Si una oportunidad te sonríe a los ojos, tienes que aguantarle la mirada hasta las últimas consecuencias. Y el Madrid no piensa pestañear en lo que queda de Liga. La cabeza privilegiada de Gareth Bale volvió a resolver un día complicado, un testarazo de campeonato para derribar un muro, físico y psicológico, que se empezaba a hacer demasiado alto para los de Zidane llegados al minuto 80 y que se derrumbó dejando a la vista el camino a la Liga.
De la Real poco más se puede decir que su última jugada. Falta peligrosa cerca de la banda, cerca del área, y con Rulli presto al remate. Illarra no la levantó un palmo del suelo y el partido se acabó.
Bien cerrado atrás, el equipo de Eusebio embreó la zona que cubría su defensa y la primera línea del centro del campo, haciendo imposible que el Madrid acampase allí. James, más voluntarioso que acertado, participó en las dos primeras ocasiones en una suerte que no parece reservada a alguien de su categoría pero que domina de lujo, la puntera. Con ella asistió a Bale, que chutó desviado, y con ella probó a Rulli, que respondió entonces y siempre.
Con muchos cambios en el once, el Madrid no se encontraba porque no encontraba a Modric. Luka es el puntito azul del GPS blanco, el que lo ubica, el que triangula su posición. El que coge al equipo por los hombros cuando está nervioso y lo tranquiliza. Pero empezó a jugar y a dominar. Aun en un partido poco vistoso, empezó a dejar detalles de los suyos, como controlar balones con el pecho como quien se aplica Vicks VapoRub hasta que se le derrama a la bota, y a encontrar huecos donde otros veían persianas bajadas. Sus recopilaciones de jugadas bien podrían tener la categoría de poemarios.
No encontraba camino el Madrid, pero por alto empezó a hacer sendero. Cada córner y cada centro acababa en remate. Empezó a pisar por ahí y acabó fabricando un puente aéreo que le serviría para ganar.
El minutero fue navegando en un mar de tarjetas, faltas e imprecisiones. Durante un buen rato pareció que el colorín colorado del Madrid en Liga se escribía en Anoeta y la depresión de juego se contagiaba al ambiente. Avisó Bale con una ocasión clarísima, cazó un zurdazo en un claro del área, pero el pie de Rulli le negaba el gol. Pero el galés se cambió la chaqueta, se quitó las referencias al Ejército de Tierra y se vistió de aviador.
Quedaban diez minutos y la Liga pasaba de guiñarle un ojo al Madrid a cerrarle el paso a sus pupilas. Isco tardó 75 minutos en salir y cinco en bautizar el gol. El malagueño, a veces redundante en el gesto, tuvo un par de acciones en las que oteó el tanto pero no encontró cómplice hasta el 80', donde miró a banda y surgió Lucas. El canterano colgó un balón que pareció más trozo de carne lanzado a una jaula de león hambriento, porque Bale saltó a por él como el niño al que se le escapa un globo. Pero Gareth lo alcanzó y lo remató a la red, el único imposible para Rulli en la tarde.
Sufrió el Madrid al final y Keylor tuvo que hacer de las suyas, pero la Real sigue sin ganar desde que tumbó al Barça y se volvieron los blancos de Donosti con tres puntos y una certeza. Por ellos no va a quedar. La han rondado, la han mirado y les ha sonreído. Pero para besar la Liga dependen de otros pretendientes.

martes, 26 de abril de 2016

EL REAL MADRID PERDONA AL CITY Y SE ARRIESGA A UNA VUELTA SIN VENTAJA


El Real Madrid no salió de Mánchester más cerca de Milán. Desperdició una gran oportunidad de acortar el camino. El empate a cero es una manzana envenenada. El gol del City en el Bernabéu vale doble en caso de igualdad como hubiese valido el que no llegó del Madrid en el Etihad. La veda se abrió a veinte minutos del final con un cabezazo de Jesé que repelió el larguero. No obstante, la ocasión más clara estaba por llegar. Estuvo en las botas de Pepe, que se encontró con un caramelo en un córner que no aprovechó. El portugués tiró de la fuerza y fusiló a Hart, pero éste salió con vida. El portero despejó el zambombazo con el estómago y se escapó la victoria madridista.
Sin Cristiano, Zidane puso a Lucas a jugar el partido más importante de su vida. Sin Cristiano, Bale no dejó la derecha cuando era el día para volver a su sitio. Sin Cristiano, tampoco estuvo Benzema. Sí en cuerpo pero no en alma. El francés sólo aguantó 45 minutos. Demasiado visto lo visto. No paró de dar señales de seguir entre algodones que eran ciertas.

El miedo a recibir

El respeto entre los dos duró casi toda la noche. Hasta que el partido saltó por los aires y el Madrid no lo cazó al vuelo. Antes, la eliminatoria se desperdició durante más de una hora. El City y el Madrid jugaron al límite, pero sin arriesgar un balón que se convirtiese en arma arrojadiza concedida al enemigo. Había miedo a que corriese el rival y sólo se vio alguna carrera portentosa de Kevin 'Flash' De Bruyne (¿Jugó el Kun?).
El Real Madrid sudó, claro. Las finales no se regalan. Pepe, el mejor central del equipo durante toda la temporada, volvió a completar una actuación portentosa. Volvió a sujetar a su equipo. A pesar de esa ocasión perdida. A pesar de ser pronto amonestado. En campo rival ya fue otra historia. Sólo Luka Modric encendió el interruptor en la oscuridad. Sus compañeros tardaron muchísimo en acompañarle. Costó encadenar pases. No digamos romper líneas. La marcha de Silva por lesión antes del descanso fue otra zancadilla más. Entró Iheanacho.

Hart sostiene el muro

Tras el descanso, Jesé sustituyó al lesionado Karim, pero el equipo atacaba y no veía el horizonte. No había nadie para rematar. Cristiano buscó los balones sentado y en chándal. Hasta que se rompió el partido. Hasta que los dos equipos comenzaron a estar en reserva. Fue el momento del Madrid. Perdido.
Sergio Ramos cabeceó a manos de Hart, Jesé al larguero y Casemiro se topó a la salida de un córner con el pie del guardameta. Después, utilizó el cuerpo para salvar el gol de Pepe. Todo por la Patria. Todo por el City. Y una eliminatoria abierta en el Bernabéu, donde se disputará la final anticipada de Milán.

sábado, 23 de abril de 2016

Victoria del Real Madrid que le permite seguir en la lucha por la Liga


El Madrid salió vivo de Vallecas. Rayo, lluvia y barrio se unieron para preparar una emboscada al blanco que casi acaba con las aspiraciones madridistas a la Liga. Pero el día que todas las miradas estaban puestas en Bale, Bale ganó el partido. Con la inestimable ayuda de los de la franja roja, sin dedos en los pies de tanto tiro que se han pegado esta temporada. Normalmente cuando todas las miradas están en una persona, lo que realmente esperan los observadores es que se la pegue. Que se tropiece en las escaleras, que se trabe en el discurso o que pierda los pantalones al posar en la foto. Pero Bale fue impecable en su exposición.
Cuando trincan a un corrupto, lo normal es que a las pocas semanas el juzgado se llene de visitas obligadas de los que eran sus compañeros de fechorías. Cuando en una clase de un colegio de un barrio (uno de verdad) el profesor busca al culpable de alguna gamberrada, hay silencio. Son los códigos del barrio, el honor, eso que no se aprende creciendo entre corbatas y sí jugando en descampados y parques. Y una de las máximas es que el barrio nunca olvida.
Por eso el Rayo le tenía tantas ganas al Madrid como para ir 2-0 en el minuto 15. Por eso el chaparrón que caía del cielo no era el único que empapaba a los de Zidane. Embarba aprovechó el baile desacompasado de la zaga madridista, que le dejó solo en la frontal del área pequeña, para empujar a la red un pase de Bebé, que venía de dejar por el camino a Danilo y Pepe. Y al poco, Miku vio botar un balón huérfano de bota tras un córner y fusiló a Keylor. 2-0, un cuarto de hora de raza del Rayo, una siesta fatal para el Madrid.
Y si Embarba llega a controlar bien y se planta delante de Keylor... Según le llegaba el balón, un Modric incómodo en el banquillo se echaba las manos a la cabeza. Pero controló mal, el 3-0 no llegó y el Madrid abrió un ojo, se recolocó el protector bucal y se puso en pie en la lona. Una de esas leyes que nadie escribe del fútbol porque una semana se cumplen y la siguiente no retumbó en la mente de los jugadores del Madrid. "Hay que hacer el 2-1 antes del descanso".
Bale, que ya había soltado el drive contra el palo al poco de comenzar, se elevó en un córner como si le ayudase un andamio, impactó con la frente en el balón y giró el cuello en busca de la diagonal cruzada al palo contrario, abajo, donde hace daño, al fondo de la red de Juan Carlos. El galés proyectó la remontada y acabaría por cincelar su cúpula.
En estas estaba Trashorras sobre el césped. Jugando. A su ritmo. Nadie lo hace como él. Durante la primera media hora le dio un clínic al joven Kovacic de los que hacen daño y crean escuela. Si pueden, además de por el ambiente único y los precios populares (a veces), compren una entrada para ver a Trashorras en Vallecas un día. Juegan 22, pero fíjense en uno, el 10 franjirrojo. Habrá merecido la pena la tarde.
Tras el descanso salió el sol y salió el Madrid. Zidane, despojado del chubasquero tras el 2-0 en un gesto de rabia que podría hacer creer que iba a saltar él al campo, dio una única instrucción. "Remontad esto como sea". El Rayo jugó a ahorrar el 2-1 de la hucha y no sabe. Dejó de tener el balón, que es lo que tiene memorizado, el partido se convirtió en un balancín y ahí pesa más el Madrid. En una arrancada de Danilo acabó empatando Lucas Vázquez con un cabezazo de especialista a la escuadra. Es lo que tiene estar inspirado.
El ludismo del Rayo es digno de estudio. No es premeditado ni a propósito, pero se cargan su propia maquinaria semana tras semana. Esta vez fue Embarba, uno de los mejores del partido, quese lió en las ganas de Paco de no pegar un pelotazo a falta de diez minutos y acabó dando un pase al hueco a Bale que no hubiera firmado alguno de sus compañeros. El resto fue correr y cantar.
Bale definió abajo ante Juan Carlos, ganó la Liga del barrio y dejó al Madrid, gracias a la actualización automática de las clasificaciones de las webs, líder de la Liga española. El Madrid peleará hasta el final. Como el Rayo. Dos formas de entender la vida y el fútbol que se mezclaron durante 90 minutos y nos dejaron un cóctel delicioso.

miércoles, 20 de abril de 2016

Real Madrid no se rinde en la lucha por la Liga tras vencer a Villarreal



El Madrid no enseña la bandera blanca. En esta ruleta rusa que ha sido la jornada 34, la bala que hunda a uno de los candidatos a presidir la Liga no ha salido de la pistola. El fútbol, al contrario que la vida, ofrece segundas oportunidades y los de Zidane la piensan pelear hasta el amén de la competición.
Viendo a los blancos contra el Villarreal hay que preguntarse sin respuesta por aquellos días en los que las crónicas (servidor levanta la mano) hablaban de Liga finiquitada y de un Madrid que tiraba sus opciones en Valencia o Málaga. Las madres de niños pequeños resuelven con una frase todo un tratado de astronomía al ser cuestionadas por las noches de Luna nueva. "Es que la Luna tenía sueño, se ha ido a la cama y por eso esta noche no sale". Ojalá el fútbol fuera así de fácil. Pero no, así que vamos al lío.
El punto 1 es el de Keylor, un portero que recibe el pitido inicial a porta gayola y que detiene balas de cañón con los guantes. La única ocasión clara del Villarreal y que pudo hacer tambalear las opciones madridistas acabó en sus manos, como tantas otras esta temporada. El disparo de Denis fue de lo poco que pudo hacer el equipo de Marcelino, que fue como la amiga de la novia de tu amigo que te quieren presentar. Te hablan bien de ella y te gusta al verla en fotos... pero en el primer encuentro en persona te decepciona.
Para entonces el Madrid ya iba ganando. En la tercera intentona idéntica de Cristiano por banda izquierda, su centro fue demasiado fuerte para la manopla de Asenjo, que sólo pudo despejar de aquella manera y al punto exacto por el que apareció la cabeza de Benzema. Otro partido que desbloquea Karim. Tiene gracia que el momento más nervioso de la temporada lo esté resolviendo el tipo más hipotenso de la plantilla, el Pippen de Jordan, el Joe Pesci de Goodfellas, el secundario perfecto.
El gong del Athletic-Atlético cambió el partido de ilusión a obligación para el Madrid y tras la reanudación buscó el segundo, aunque los acelerones dieron paso a un equipo que se movía en marchas bajas. Hasta que apareció Lucas. Lucas vive en corveta, en esa posición que tienen los caballos en los cuadros de los reyes, con las dos patas delanteras levantadas, prestas para la carrera y la batalla.
Fabricó una pared con Benzema, el mejor amigo de todos, y se lanzó al galope contra la portería de Asenjo. Donde otro hubiera buscado con un ojo biónico el hueco y el golpeo, él puso alma y puntera. Al palo y gol. La ovación que se llevó al ser sustituido no es suficiente, debe llevarse otra de la directiva en verano cuando le aseguren otro año de blanco.
No hizo mucho el Villarreal ni con el 2-0 y es una pena. Adrián pasó sin pena ni gloria, como un Bakambu del que los ojeadores esperaban mucho más. Incluso Denis, que lo intentó, se quedó corto. Es un chaval con cara de bueno que al mínimo descuido te roba la cartera y cuando le quieres mirar para recriminarle ya tiene de nuevo los ojos de no haber roto un plato. Pero en el Bernabéu no lo rompió, para lástima de 'su' Barça.
Fue un gran día para el binomio Kroos-Modric, que parecían con las pilas gastadas hace pocas fechas y que se sacaron un partidazo de las botas de los que se enseñan en las escuelas. Las rotaciones de Zidane parecen funcionar, al menos lo hicieron en el croata. Descansado en Getafe y tras una semana sin jugar, Luka se hacía fútbol encima. Y dejó un golazo, una volea con la zurda aprovechando un centro fantástico de un Danilo de menos a más que sigue con su lucha propia por ganarse al Bernabéu y a esos madridistas que le pitan por fallar un control. Tiene ambición.
Pues eso, que 3-0 y el Madrid sigue con el traje de camuflaje, esperando un tropiezo de los líderes para abalanzarse sobre la presa. Es un "falla tú que a mí me da la risa", un juego de las sillas con tres participantes y un único trono. El Madrid sigue bailando.

sábado, 16 de abril de 2016

Real Madrid golea al Getafe por 5-1 y siguen creyendo en la opción de ganar la Liga


El Real Madrid cree en la Liga. Si se le permite al Madrid utilizar el verbo creer, que parece apropiado en los últimos tiempos. A un punto del Barcelona, que aún tiene un partido por disputar, es imposible que los de Zidane ya no se vean peleando por el título. El efecto de jugar unas horas antes, aunque no tenga repercusión al final en la clasificación, sí lo tiene a nivel psicológico. Es la píldora del día antes, que hace acostarse al madridismo más cerca que nunca de un rival que le había mandado al sofá semanas atrás.
La verdad es que el Getafe lo puso fácil. Muy fácil. Aunque pueda parecer ofensivo para el equipo azulón, es que a veces pareció un entrenamiento. El Madrid tocaba sencillo, como en un ejercicio en una sesión de entre semana de Valdebebas, sin que ninguna camiseta azul opusiera más resistencia que la que los muñecos de metal que hacen las veces de rival en los entrenos. Y claro, pues goleó el equipo que sabía lo que se jugaba.
Los primeros cinco minutos fueron un monólogo en el más concreto sentido de la palabra. El Getafe no tocaba el balón más de tres o cuatro segundos seguidos. Y esa fue la tónica del encuentro, con un Madrid chocando dos piedras esperando que saltara la chispa del gol. En uno de esos huecos que dejó el equipo de Esnáider, que tiene trabajo, apareció James para centrar con todo el tiempo del mundo y encontrar a Benzema en el segundo palo. El remate no es que fuera muy ortodoxo, porque la bola le rebotó en el pie de apoyo después de fallar el remate con la diestra, pero acabó en la red.
Antes del descanso ampliaría diferencias el Madrid con un tanto de Isco tras una pared académica, de enciclopedia, que tiró con Benzema. El malagueño definió de exterior y la jugada dejó la belleza que dejan los goles que se anotan tras una pared. Es la acción más antigua del mundo y sigue siendo efectiva y preciosa.
Si algún aficionado azulón pensó en el descanso que los suyos cambiarían la actitud en la reanudación, les debió durar cinco minutos la idea, lo que tardó Benzema en soltar un balón bombeado a la espalda de la defensa de futbolín del Getafe. Por allí sólo y solo (las tildes) corrió Bale, que definió ante Guaita con facilidad. El portero será buena gente y seguirá saludando a sus compañeros en el vestuario a diario, pero es para aparcar el coche cruzado en la plaza reservada a sus centrales en la Ciudad Deportiva.
Y así, con el partido resuelto y Keylor desafiando las leyes que imposibilitan que un hombre pueda volar, fluyó el marcador hasta los últimos cinco minutos, en los que Sarabia enchufó un golazo desde la frontal para intentar maquillar el resultado, pero lo que hizo fue reactivar el hambre blanco. James, con las pulsaciones por los suelos, recortó y definió con clase para el 1-4 y Cristiano cerró con un regalo de Jesé la tarde para seguir sumando de cara a la Bota de Oro.
El partido dejó varios detalles buenos para el Madrid, como la presencia de Isco y James, si bien no excelsos ni chorreando magia, sí dejaron gotitas de perfume del que huele a distancia y se recuerda tiempo después, incluso cuando el dueño del olor no está. Haría mal el Madrid en recordar ese olor con un suspiro el año que viene si deja escapar a alguno de los dos.
El que no cree es el Getafe. Le faltó actitud y juego, aunque se inunden de comentarios las crónicas diciendo que "el filial se dejó ganar para que el Madrid pelee la Liga". En fin. También hay gente que cree que Margarita es el diminutivo de Marga. Al Geta le hace falta actitud de verdad, de la de reflexionar y asumir los errores, pero sobre todo trabajar para resolverlos. Esa gente que lo resuelve todo con un "al final siempre sale el sol" y cobra por ello... ¿No debería estar en la cárcel?

martes, 12 de abril de 2016

Cristiano se convirtió en héroe del Madrid tras marcar un hat trick en la Champions League



Ahora vete mañana a un colegio a la hora del recreo y cuéntales a los chavales tu discurso de que el fútbol es sólo un juego, que no es tan importante. Y cuando veas a Julia marcar de falta con el balón de gomaespuma cual Cristiano y a Mario levantándola en volandas en el córner a lo Ramos,el que te vas a llevar una lección vas a ser tú.
El Real Madrid está en semifinales. Lo que era obligación se convierte en celebración y con todas las de la ley. Que sí, que al Wolfsburgo había que eliminarlo. Que sí, que lo normal era esto. Pero los 90 minutos del Bernabéu están ya en la historia del madridismo y en la foto aparecerá siempre inmortal Cristiano Ronaldo.
El héroe de una generación, la que lleva 30 años oyendo hablar a hermanos mayores y padres de las grandes remontadas europeas y que nunca había vivido una. Las leyendas de los goles de Butragueño que tanto han escuchado esos madridistas nacidos desde los tardíos 80 en adelante se convertirán en palabras propias cuando haya que contar a los más pequeños aquel 12 de abril en el que el Madrid necesitaba ganar 3-0 y Cristiano hizo el 1-0, el 2-0 y el 3-0.Una remontada generacional.
Y también habrá que contar que todo empezó gracias a un niño de Leganés que puso la primera piedra de la Ciudad Deportiva, que creció hasta cumplir su sueño, que vio como casi se lo rompen y que trabajó hasta llegar al lateral del área en el minuto 16 para asistir a Cristiano, que batió a Bengalio. Carvajal, ADN madridista, nació en el 92 y lo que sabe de las remontadas es lo que ha mamado desde pequeño, lo que demostró sobre el césped.
Al minuto siguiente, sin tiempo para que reaccionase el Wolfsburgo, replegado en confianza con su alianza con el reloj y el marcador, Carvajal volvió a volar en banda diestra y forzó un córner. Aún con la celebración en el cuerpo, Ronaldo se elevó y cabeceó cruzado, picado, imposible para el portero, para llevar el éxtasis al Bernabéu. Demasiado pronto. Con el 2-0 el Madrid se tranquilizó en lugar de seguir presionando a un equipo claramente asustado y que se tranquilizó cuando le dejaron manejar el balón. Benzema tuvo aún una buena ocasión, pero todo lo fino que estuvo en el juego le faltó de colmillo para el chut.
El paso del tiempo cambió al Madrid. Durante los primeros 30 minutos el equipo fue como un reloj, atacando cuesta abajo y con la ayuda de la gravedad. Pero en cuanto la manecilla tocó el fondo de la esfera, a los blancos se les vio pesados, temerosos. Agarrados al minutero (y a Keylor) sobrevivieron minuto a minuto hasta que la aguja llegó al 45 y se subieron a ella para desfilar hacia el vestuario y repensar la estrategia.
Partido nuevo, eliminatoria igualada y el Madrid asediando a un Wolfsburgo huérfano de Draxler. El plan fue el A, el de tener el balón y atacar. Pero caían los minutos y el susto se apoderaba del estadio. Había la convicción de que el tercero iba a caer, pero aunque nadie lo dijera la idea de un gol alemán hacía temblar las piernas. Ramos tuvo un "Uy", pero el guión tenía un único protagonista principal.
Escribía hace un par de días Xavier Aldekoa en Twitter, una de esas personas a las que hay que agradecer diaria y eternamente que nos recuerde los dramas a los que giramos la cara porque ocurren lejos o creemos que no son nuestro problema, que un niño congolés le dijo muy serio que la única forma de entrar en el cielo es ser del Real Madrid. Si ese niño, al que el club debería localizar, hubiera estado en el Bernabéu en el minuto 77, se hubiera sentido más cerca del cielo que nunca.
Modric cayó derribado en un perfil que invitaba más a pensar en un golpeo zurdo de Bale que en un derechazo de Cristiano. Pero tenía fuego en la mirada. Y cualquiera se lo niega. El 7, bendito número del madridismo, la mimó en el césped y la golpeó violentamente después. La barrera se agrietó hasta abrir el boquete justo por el que entró el balón, como las nubes que se rompen para que los rayos del sol las atraviesen. Y Chamartín vio la luz.
El resultado de la ida impedía una celebración hasta la extenuación. Aún había que luchar contra el reloj y un Benaglio que le sacó el cuarto a Benzema y a Jesé con dos paradones de héroe que pudo ser y no fue. Y contra un árbitro que no quiso pitar el final en el 93' y alargó el sufrimiento hasta el 94'. Pero pitó.
El Real Madrid sigue vivo en su competición favorita y se clasifica para su sexta semifinal consecutiva.El idilio con la Champions estuvo a punto de romperse, pero no existen el uno sin el otro. Cantan Sharif con Nach y Andrés Suárez una frase que puede valer para la relación entre club y competición, "La vida sin ti es un concierto en un teatro vacío". El Madrid volverá a llenar estadios.

sábado, 9 de abril de 2016

Real Madrid golea al Eibar y ya piensa en la vuelta de la Champions League


El Madrid conoce el camino. No, el Eibar no es el Wolfsburgo y por ganarle 4-0 la Undécima no aterrizará en el Museo del Bernabéu. Pero el equipo debió aprender en Alemania para no repetir el 'mal del nuevo soltero', creerse galán tras una noche de éxito y acabar abrazado a la almohada al siguiente envite. La afición recurrió al huevo, pero lo del martes se gana con juego. El que desplegó durante un buen rato el equipo de Zidane para engordar el marcador.
El Eibar fue un sparring muy flojo que cayó en el primer round y que sólo le sirvió como entrenamiento al Madrid hasta el descanso. En la segunda parte los blancos ensayaron su juego de pies, pero se dejaron los golpes guardados para el martes. No soltó los puños por no necesitarlo, por lo que el bajón tras el 4-0 no debería preocupar porque fue más pérdida de tensión que otra cosa y contra el Wolfsburgo la electricidad correrá por Chamartín hasta el miércoles por la mañana.
Salió enchufado el Madrid y en el minuto 5 James puso los brazos en jarra en el arco de la frontal, buscó el sitio de su recreo, el palo del portero, y según acariciaba la bola la red, el Bernabéu hizo lo propio con el colombiano. Un abrazo de gol que necesitaban todas las partes y que puede darle un impulso al equipo en la recta final de la temporada.
Y antes de que el Eibar se pudiera dar cuenta, cayeron el segundo de Lucas y el tercero de Cristiano. Dos acciones de puñalada, dos jugadas verticales, de velocidad, de buscar la cosquilla del rival y abusar de ella. Jesé, que acabaría anotando el cuarto a pase de Cristiano en otra acción similar, jugó en 'fast forward'. Llegaba a todo un segundo o dos antes que el resto. Se vio con chispa y quiso prender fuego. Y quemó a más de un rival.
Descanso y 4-0. Si los primeros 45 minutos cayeron en el reloj de arena a chorro, tras la reanudación cada grano engordó y le costaba pasar por el embudo. El ritmo bajó, el fútbol decayó y el Eibar tuvo alguna ocasión que solventó el larguero o un Casilla sereno y brillante pese a su ausencia habitual.Borja Bastón, que quizás estuvo demasiado tiempo en el banquillo, tuvo la más clara con un cabezazo que estrelló en el travesaño. Cuando vista de rojiblanco tendrá la gota de sangre que ayer le faltó para anotar.
Mención aparte para un Nacho que se ha quedado con la etiqueta de cumplidor y que no lo es. Es un pedazo de central al que muchos ningunean por ser el cuarto defensa del Real Madrid como si ese logro fuese sencillo.
Con un Cristiano que no quiso descansar y que jugó su partido más generoso y sensato en modo Pichichi, Zidane tiene los raíles para la remontada. Ahora falta que el tren coja velocidad, no descarrile y que la energía del Bernabéu haga funcionar al equipo. Los huevos tienen que estar en la grada, el juego en el césped. No hace falta pierna fuerte, hace falta pierna buena. Y no volverse locos. Toque, corazón e inteligencia. Para ganar a los lobos hay que ser unos linces.

miércoles, 6 de abril de 2016

Wolfsburgo vence al Real Madrid por 2-0 y lo deja prácticamente fuera de la Champions



El Madrid salió gravemente dañado de su visita a Alemania con una derrota que le deja con un pie fuera de esta Champions. Los 'lobos' del Wolfsburgo mostraron un apetito voraz y despellejaron a un Madrid irreconocible. Los goles de Ricardo Rodríguez y Arnold obligan a tirar de épica. Siempre quedará el Santiago Bernabéu.
Es a lo que se debe aferrar el equipo de Zidane tras una noche negra en Alemania. Qué tendrá ese país que presencia los peores momentos de la historia blanca. En el Wolfsburgo Arena -Volkswagen Arena si no está la UEFA en el ajo- se vivió otro de esos pocos momentos nefastos del Madrid en la máxima competición europea.
La Cenicienta convirtió el cuento de cuartos en pesadilla. El Madrid fue bailado por lobos. Lobos con piel de cordero. Lobos que salieron de su escondite en el momento justo y desde el lugar más inesperado. El cazador fue cazado y lo único positivo es que pudo salir vivo, recomponerse de las heridas sufridas y presentar batalla de nuevo en el Bernabéu.
Como un niño acomplejado en su primer día de escuela. Tembloroso, con la mirada baja y actitud timorata. Así se presentó el Wolfsburgo, descolocado, fuera de lugar, poco acostumbrado a un escenario como es para él disputar unos cuartos de Champions con el Madrid al otro lado del campo. Pero poco tardó en perder el respeto y sacar los colores a los de Zidane. Sus travesuras y osadía silenciaron a todos aquellos que hablaban de paseo blanco hacia semifinales.
Un gol bien anulado a Cristiano y un posible penalti sobre Bale dieron paso a la jugada polémica del partido. Schürrle se preparaba para disparar a quemarropa cuando por allí apareció Casemiro. No se sabe bien si se pasó de revoluciones o el alemán aprovechó su presencia para ir al suelo. El caso es que el balón acabó en el punto de penalti y Ricardo Rodríguez pegó el primer bocado de la noche a la defensa blanca. Keylor se despidió de su récord y el Madrid se encontró con una manada hambrienta dispuesta a rematar la faena.
Se preparaba el Madrid para realizar un oportuno control de daños cuando llegó el segundo. Henrique encontró un agujero por la banda de Marcelo y su centro y posterior desmarque de Arnold volvió a señalar al sospechoso habitual: Sergio Ramos. Al de Camas le ganaron la posición y el segundo mordisco dejó sangrando al equipo de Zidane.
El descanso fue la mejor noticia. Tocaba aplicarse arsénico y tratar de arreglar el desbarajuste. Únicamente Bale respondía en medio del desconcierto. El Madrid debió otorgar mayor protagonismo al galés. Con Benzema lesionado y Cristiano errático en los metros finales, el extremo inglés se presentaba como la única alternativa posible.
El daño pudo ser aún mayor
Zidane sacó a Modric y dio otra oportunidad a Isco cuando pintaban bastos. Ni él ni Jesé cambiaron nada. El Wolfsburgo, en cambio, seguía infundiendo terror al contragolpe. Schürrle y Kruse pudieron reventar la eliminatoria pero la falta de puntería y Keylor dejaron el desenlace para el Bernabéu.
Allí el Madrid, a buen seguro, será otro. El ambiente de las grandes noches europeas, el espíritu de remontada, el calor de su público.... y una plantilla capaz de levantar un 2-0. Hace 29 años que no lo hace en Europa. Es el momento.

sábado, 2 de abril de 2016

El Real Madrid vence al Barcelona por 2-1 en el Camp Nou y acaba con su racha de imbatibilidad



El Real Madrid participó en el Periscope que Gerard Piqué ya tenía entre manos. Respondió con grandeza en el Camp Nou cuando peor pintaba la cosa. Benzema igualó el partido y Cristiano Ronaldo firmó el 1-2 definitivo a cinco del final. El Clásico lo acabó decidiendo el hombre que se escondía en las noches grandes. Pero él no fue el único que se señaló el escudo. Ahí estaba en el pecho. El Madrid recuperó el respeto perdido. El que comenzó a ganarse Zidane como entrenador.
El Clásico acabó en pedazos. La enorme respuesta del Madrid confundió a un Barcelona irreconocible que no suele inquietarse con casi nada . Sí le pasó esta vez. Cometió el grave error de dar a su rival por muerto. Eso no se hace, y mucho menos con el enemigo blanco madridista.
Vayamos al principio de las hostilidades. El fútbol es inexplicable. El Barcelona abrió el marcador la noche del homenaje a Johan Cruyff en un córner. Pepe perdió de vista a Piqué y el catalán superó a Keylor, que antes había volado para desviar una vaselina de Messi. En el Camp Nou ya estaba todo preparado, pero la fiesta iba a ser otra. El Madrid, el de siempre, se mueve bien entre arenas movedizas. Su respuesta fue tan grandiosa como el escenario. Se levantó cuando otros, incluso otro Madrid, se hubiese ahogado en el fango.
Marcelo, ese falso lateral, hilvanó una jugada de salón. Cerró su diagonal pisando la pelota y cediéndosela a Kroos, que centró o remató. Igual le dio a Benzema, que se encontró la pelota dentro del área y empató de tijera. Entre el empate y el 1-2, anularon un gol legalísimo de Bale, Cristiano besó el larguero y Ramos vio su segunda amarilla, la que mereció mucho antes hasta en tres ocasiones. Estaba empeñado en ver desde fuera la victoria de su equipo. Nadie es invencible. Tampoco un Barcelona que lo parecía.

El homenaje, para otro día

El Barcelona quería brindar a Johan Cruyff lo que se merecía. No lo consiguió. El Madrid conquistó su casa, que saltó por los aires con el gol de Piqué al inicio de la segunda parte. Hasta entonces, el Clásico no fue para recordar. Para nadie.
A pesar de todo, fue imposible no echar la vista atrás. No sólo pensando en Johan. El Madrid de Zidane recordó al de Mourinho con su puesta en escena. Sólo importaba el bien común. Los blancos esperaron al Barça, pero todos cogidos de la mano. Al Barcelona, que le faltó velocidad en la circulación del cuero, le costó soltar a sus enemigos. Lo pudo conseguir en un saque larguísimo de puerta de Bravo que pilló al Madrid en cueros. Suárez, con Keylor batido, remató al aire. La jugada acabó con amarilla para Ramos por pedir una falta del charrúa, que utiliza su trasero como nadie.
Al Madrid le costó encadenar unos cuantos pases seguidos, aunque tendió trampas. El plan era robar y correr. La mejor ocasión estuvo en las botas de Benzema, que mandó al limbo una jugada combinativa al límite del descanso. Fue la excepción que confirmó la regla.
La primera parte se escapó entre tarjetas, encontronazos, una parada de Keylor a Rakitic y la dichosa polémica. El Camp Nou pidió entre pañuelos un penalti de Ramos a Messi. Era falta, pero fuera del área. El defensa blanco estaba amonestado. Es el recuerdo que quedó de un primer asalto muy mejorable.
Hubo demasiado respeto hasta que pasó lo que pasó. El Madrid se lo perdió al Barcelona después. Marcó Piqué y fue lo peor que pudo hacer. El equipo blanco recuperó su nombre. No habrá Liga, pero sí hay Real Madrid para rato. El fútbol, cada día, te da una lección.

domingo, 20 de marzo de 2016

La conexion entre la BBC dio la victoria al Real Madrid por 4-0 frente al Sevilla



El Real Madrid enfila el tramo decisivo de la temporada con su tridente ofensivo en plena forma. Cristiano nunca se fue y Bale ya había dejado detalles de su indudable clase desde su reaparición frente al Celta, pero faltaba que Benzema diera un paso al frente para que el madridismo recuperara parte de la sonrisa perdida.
Pues bien, el círculo se ha cerrado este domingo en la cómoda goleada frente al Sevilla. Los tres tenores blancos han afinado sus gargantas y parecen listos para el reto europeo de la Champions, toda vez que la Liga tiene un intenso color azulgrana.
A destacar la puesta en escena de un Gareth Bale en estado de gracia. El galés se mostró muy participativo y lideró la exhibición ofensiva de los blancos, que martillearon la meta defendida por Sergio Rico con 26 remates. El internacional sevillista, por cierto, evitó algún tanto más de los merengues con varias intervenciones de indudable mérito.
Pero hablábamos de Bale, el hombre de los 100 'kilos'. El galés ha ganado protagonismo esta temporada y empieza a ser el jugador que el Madrid fichó a precio de oro. Puede que su fútbol no tenga el preciosismo que adorna a otras grandes estrellas, pero cuando anda fino es un jugador desequilibrante, sencillamente decisivo.
Así fue frente al Sevilla, que padeció a Bale durante todo el encuentro sin encontrar un antídoto. De sus botas nació el pase que permitió a Benzema anotar el primero de la noche, con una soberbia volea que sorprendió a Rico. El galés tiró luego de repertorio para toparse con los palos hasta en dos ocasiones, así que tuvo que esperar a que Benzema le devolviera el favor con un magistral pase que le puso en bandeja la tercera diana del encuentro.
Por el camino, llegó el acostumbrado gol de Cristiano, que poco antes había fallado un discutible penalti de Reyes a Modric. No fue el mejor día del delantero luso, lo que dice mucho de su voracidad anotadora, pues sólo los grandes ven puerta cuando el acierto te ha dado la espalda.
La cuarta pata de la silla, más allá del notable partido de gente como Nacho o Casemiro, fue la enésima exhibición de Keylor Navas. El cancerbero tico es capaz de desesperar a cualquier delantero, como hoy descubrió Kevin Gameiro. El francés falló hasta un penalti y soñará con Navas tras toparse con un muro de hormigón que evitó algún que otro tanto de un limitado pero corajudo Sevilla.
Tan contundente fue el marcador final que no merece la pena detenerse en el deficiente arbitraje de Estrada Fernández. El colegiado catalán anuló dos tantos legales, uno a cada equipo, evitando primero que el Madrid cobrara una cómodo ventaja en el primer acto y frustrando después el empate del Sevilla poco antes de que CR7 y Bale pusieran el matasellos al partido.

domingo, 13 de marzo de 2016

Casemiro evita el hundimiento del Real Madrid ante Las Palmas


Todo el mundo puede tener un mal día. O dos. Puedes encontrarte mal, estar algo obcecado o, simplemente, tener el día torcido. Pero encadenar un mal día tras otro ya no es casualidad y es más preocupación grave que un simplemente "Mañana será otro día". Porque suele ser el mismo. El Madrid evitó un sofoco en Las Palmas con un gol de cabeza de Casemiro en el minuto 90. No debería hacer falta escribir más, pero como aquí cobramos por esto, seguiremos.
Lo de Las Palmas no fue aquello que se suele pensar. Un equipo pequeño que juega con raza y que con suerte le pega un susto al grande. Si alguien tuvo suerte iba vestido de blanco. El equipo de Setién le dio un baño al de Zidane en la segunda parte, con buen juego, con atrevimiento y tratando al balón con terciopelo. Y si no llega a ser por Keylor, otra vez, el 'Pío Pío' pudo haber retumbado desde Telde hasta Maspalomas. Palmas para Las Palmas.
El partido empezó con Navas sacando la primera a Willian José y el equipo amarillo volcado hacia su área. Pero el Madrid se disfrazó de Atlético y se adelantó en un córner con mal juego. Isco la puso y Ramos la acomodó en el fondo de la red de Javi Varas. Y desde entonces fue un toma y daca impropio de la clasificación. Cristiano aprovechaba las subidas de Lucas para intentar crear peligro mientras la zaga blanca se derretía.
Es para preocuparse en Chamartín. La Roma perdonó, Las Palmas achuchó y el sorteo de Champions puede no ser benévolo. De nuevo aquella sensación de "El día que el Madrid tenga enfrente a un rival grande...". Hay jugadores que fallan en una acción y en la siguiente la vuelven a intentar. Y en el próximo partido. El error, sin aprendizaje, es un pozo sin fondo ni escalera para escapar.
El caso es que la UD se quedó la bola, tocó con sentido y bailó a un equipo descompensado. Si Casemiro actúa de pivote no hay salida de balón. Si Modric tiene que bajar a ayudar al brasileño, el toque muere en una boya lejana a la playa. Y si Isco no la suelta, se va a quedar sin amigos. Tocaba Momo con fantasía, buscaba Willian con hambre. El caño del primero a Pepe en una acción que acabó en (otro) paradón de Keylor es para enmarcar.
Pero seguía salvando Navas el fuego enemigo, pero no contó con las balas perdidas de los suyos.Kovacic sacó una falta defectuosa y dejó en bandeja la jugada del gol, en la que acabó definiendo Willian José con clase y por el único hueco que dejó Keylor en 90 minutos. A tres minutos del final, un Madrid al que no le valía sólo con ganar ni siquiera ganaba.
Pero el amarillo se quedó blanco cuando Casemiro se alzó en el último minuto por encima de todos y remató al fondo de la red. Una oda al currante. Un partido salvado por el mediocentro de contención y el portero. Dos tipos que no hacen más ruido que el del sudor saliendo por los poros en los entrenamientos y que a final de temporada saldrán en la parte de atrás si el equipo posa con un trofeo.
No, no mereció ganar el Madrid. Pero ganó. Si en el fútbol y en la vida el merecimiento fuera unidad de medida... Pero ganó. Las Palmas se queda sin puntos pero con el honor. Pero el honor a final de temporada tampoco da de comer. Zidane está enfadado con los suyos. Y sabe que el sorteo determinará el futuro de su proyecto. Y no conviene fiarlo todo a la suerte.
Madrid regresa al campo el domingo en casa frente a Sevilla.