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La Plantilla del Real Madrid FC

Esa Plantilla cuenta con el goleador mas ambicioso e insaciable que es Cristiano Ronaldo.

El tridente de la casa Blanca la BBC

Bale-Benzema-Cristiano.

sábado, 30 de abril de 2016

El Líder no falla ante Betis y esta mas cerca de ganar la Liga


Una diana precisa de Luis Suárez evitó un sofoco mayor del Barcelona, que cumplió estrictamente con su cometido. Venció y respondió a la presión trasladada por Real Madrid y Atlético, pero lo hizo con dificultades en un choque que en otro momento de la temporada habría resuelto sin pestañear. La expulsión de Westermann en el minuto 35 condenó al Betis, pero el equipo verdiblanco no dobló la rodilla hasta el 81', cuando Lucho embocó el 0-2. Hasta entonces, el orgullo y la inspiración de Iniesta fueron lo mejor de un líder que no parecía estar jugándose medio título.
Es más que probable que el Barcelona acabe ganando la Liga, pero emite síntomas extraños. No es normal, ni ante el Sporting ni en el Villamarín, que desperdicie medio partido con un ritmo lento, poco movimiento y escaso de agresividad. Se rebrinca Luis Enrique hasta la mala educación cada vez que le preguntan por la forma física, pero da la sensación de que sus futbolistas se regulan conscientes de que tienen gasolina para un ratito. El resto es cuestión de minimizar riesgos.
En todo un primer tiempo, con un Betis muy replegado, el Barça apenas generó dos remates a portería, uno de Jordi Alba tratando de hacer un Sylvinho (remate directo desde la banda, amagando con el centro) y otro de Neymar, que al menos participó más que en anteriores compromisos. Pero con la excepción de Iniesta, siempre claro con balón y en el pase, y Jordi Alba, la mejor opción para desbordar por fuera, no resultó complicado para los verdiblancos controlar los ataques del líder hasta la pausa.
Era imposible de prever los minutos locos de Mateu Lahoz, que tiró a la basura su manual de árbitro templado. Castigó cada falta con tarjeta, y en esa tormenta el menos hábil fue Westermann, que vio dos en siete minutos. Pura imprudencia del central, que dejó a su equipo con diez con una hora larga por delante. Con guasa, el respetable cantó el "campeones, campeones" y el himno del Atlético, por chinchar al Barcelona más que nada.
El decorado cambió algo en el segundo tiempo, aunque sin exagerar tampoco. Contra diez y con una Liga por perder, el Barça colocó sus líneas en torno al área verdiblanca hasta obtener recompensa. Gran parte del mérito recayó sobre Iniesta, que apareció por todos lados para pivotar en la circulación azulgrana. En un pase estupendo de Neymar estuvo a punto de atinar Suárez con la zurda, y fue un aviso de lo que estaba por llegar. El tanto cayó de forma poco honrosa, con un centro llovido sin peligro aparente que buscó Adán muy lejos de su portería y pifió Pezzella en un intento absurdo de chilena. Mansa y amable, la pelota cayó en Rakitic, un ex sevillista, que empujó sin oposición. Adán abroncó a su central por la pirueta innecesaria, pero el meta tampoco estuvo fino en la salida. Será pasto de los memes. Su promesa de fastidiar al Barça pasa factura.
Esas gracias no tendrán en cuenta un paradón del portero, como Hart ante Pepe, achicando la portería a Luis Suárez, que remató sin oposición a servicio de Messi. El caso es que el Villamarín comprendió que sólo un milagro daría una satisfacción. Y no sería porque el Barça no puso de su parte para amenizar la velada. Regularon los centrocampistas azulgranas y los puntas se adornaron en lugar de rematar, lo que permitió al Betis soñar. Era cuestión de llegar al último cuarto de hora a tiro de un gol y buscar la suerte en cualquier balón largo.
Entraron Musonda y Van Wolfswinkel para refrescar a los puntas, y se marchó Ceballos, tan revolucionado que coqueteó con la doble tarjeta. También lo hizo Alves, y los dos técnicos reaccionaron antes de poner a prueba el brazo ligero de Mateu. Con el 0-1 en el marcador una pelota larga para Riki VW probó la agilidad de Bravo y espabiló al Barça, que al fin cerró la función. En una jugada parada, con Iniesta y Messi pasándosela andando, la zaga bética dejó pensar a Leo y eso siempre conlleva castigo. Esperó la diagonal de Suárez, metió el pase y el uruguayo coronó sin pensar, como hacen los delanteros de instinto. Otra muesca en la Bota de Oro.
En ese minuto 81 el Barça se sintió a salvo, con sólo dos jornadas para certificar la Liga. La conjura de los canelones, esa comida de hermandad para lograr el doblete, funcionó a medias. En el electrónico, sin duda. En el juego no tanto. Está claro que a estas alturas lo que cuenta es amarrar los puntos. Como sea.

Un cabezazo de Bale mantiene al Real Madrid en la lucha por la Liga


Si una oportunidad te sonríe a los ojos, tienes que aguantarle la mirada hasta las últimas consecuencias. Y el Madrid no piensa pestañear en lo que queda de Liga. La cabeza privilegiada de Gareth Bale volvió a resolver un día complicado, un testarazo de campeonato para derribar un muro, físico y psicológico, que se empezaba a hacer demasiado alto para los de Zidane llegados al minuto 80 y que se derrumbó dejando a la vista el camino a la Liga.
De la Real poco más se puede decir que su última jugada. Falta peligrosa cerca de la banda, cerca del área, y con Rulli presto al remate. Illarra no la levantó un palmo del suelo y el partido se acabó.
Bien cerrado atrás, el equipo de Eusebio embreó la zona que cubría su defensa y la primera línea del centro del campo, haciendo imposible que el Madrid acampase allí. James, más voluntarioso que acertado, participó en las dos primeras ocasiones en una suerte que no parece reservada a alguien de su categoría pero que domina de lujo, la puntera. Con ella asistió a Bale, que chutó desviado, y con ella probó a Rulli, que respondió entonces y siempre.
Con muchos cambios en el once, el Madrid no se encontraba porque no encontraba a Modric. Luka es el puntito azul del GPS blanco, el que lo ubica, el que triangula su posición. El que coge al equipo por los hombros cuando está nervioso y lo tranquiliza. Pero empezó a jugar y a dominar. Aun en un partido poco vistoso, empezó a dejar detalles de los suyos, como controlar balones con el pecho como quien se aplica Vicks VapoRub hasta que se le derrama a la bota, y a encontrar huecos donde otros veían persianas bajadas. Sus recopilaciones de jugadas bien podrían tener la categoría de poemarios.
No encontraba camino el Madrid, pero por alto empezó a hacer sendero. Cada córner y cada centro acababa en remate. Empezó a pisar por ahí y acabó fabricando un puente aéreo que le serviría para ganar.
El minutero fue navegando en un mar de tarjetas, faltas e imprecisiones. Durante un buen rato pareció que el colorín colorado del Madrid en Liga se escribía en Anoeta y la depresión de juego se contagiaba al ambiente. Avisó Bale con una ocasión clarísima, cazó un zurdazo en un claro del área, pero el pie de Rulli le negaba el gol. Pero el galés se cambió la chaqueta, se quitó las referencias al Ejército de Tierra y se vistió de aviador.
Quedaban diez minutos y la Liga pasaba de guiñarle un ojo al Madrid a cerrarle el paso a sus pupilas. Isco tardó 75 minutos en salir y cinco en bautizar el gol. El malagueño, a veces redundante en el gesto, tuvo un par de acciones en las que oteó el tanto pero no encontró cómplice hasta el 80', donde miró a banda y surgió Lucas. El canterano colgó un balón que pareció más trozo de carne lanzado a una jaula de león hambriento, porque Bale saltó a por él como el niño al que se le escapa un globo. Pero Gareth lo alcanzó y lo remató a la red, el único imposible para Rulli en la tarde.
Sufrió el Madrid al final y Keylor tuvo que hacer de las suyas, pero la Real sigue sin ganar desde que tumbó al Barça y se volvieron los blancos de Donosti con tres puntos y una certeza. Por ellos no va a quedar. La han rondado, la han mirado y les ha sonreído. Pero para besar la Liga dependen de otros pretendientes.

martes, 26 de abril de 2016

EL REAL MADRID PERDONA AL CITY Y SE ARRIESGA A UNA VUELTA SIN VENTAJA


El Real Madrid no salió de Mánchester más cerca de Milán. Desperdició una gran oportunidad de acortar el camino. El empate a cero es una manzana envenenada. El gol del City en el Bernabéu vale doble en caso de igualdad como hubiese valido el que no llegó del Madrid en el Etihad. La veda se abrió a veinte minutos del final con un cabezazo de Jesé que repelió el larguero. No obstante, la ocasión más clara estaba por llegar. Estuvo en las botas de Pepe, que se encontró con un caramelo en un córner que no aprovechó. El portugués tiró de la fuerza y fusiló a Hart, pero éste salió con vida. El portero despejó el zambombazo con el estómago y se escapó la victoria madridista.
Sin Cristiano, Zidane puso a Lucas a jugar el partido más importante de su vida. Sin Cristiano, Bale no dejó la derecha cuando era el día para volver a su sitio. Sin Cristiano, tampoco estuvo Benzema. Sí en cuerpo pero no en alma. El francés sólo aguantó 45 minutos. Demasiado visto lo visto. No paró de dar señales de seguir entre algodones que eran ciertas.

El miedo a recibir

El respeto entre los dos duró casi toda la noche. Hasta que el partido saltó por los aires y el Madrid no lo cazó al vuelo. Antes, la eliminatoria se desperdició durante más de una hora. El City y el Madrid jugaron al límite, pero sin arriesgar un balón que se convirtiese en arma arrojadiza concedida al enemigo. Había miedo a que corriese el rival y sólo se vio alguna carrera portentosa de Kevin 'Flash' De Bruyne (¿Jugó el Kun?).
El Real Madrid sudó, claro. Las finales no se regalan. Pepe, el mejor central del equipo durante toda la temporada, volvió a completar una actuación portentosa. Volvió a sujetar a su equipo. A pesar de esa ocasión perdida. A pesar de ser pronto amonestado. En campo rival ya fue otra historia. Sólo Luka Modric encendió el interruptor en la oscuridad. Sus compañeros tardaron muchísimo en acompañarle. Costó encadenar pases. No digamos romper líneas. La marcha de Silva por lesión antes del descanso fue otra zancadilla más. Entró Iheanacho.

Hart sostiene el muro

Tras el descanso, Jesé sustituyó al lesionado Karim, pero el equipo atacaba y no veía el horizonte. No había nadie para rematar. Cristiano buscó los balones sentado y en chándal. Hasta que se rompió el partido. Hasta que los dos equipos comenzaron a estar en reserva. Fue el momento del Madrid. Perdido.
Sergio Ramos cabeceó a manos de Hart, Jesé al larguero y Casemiro se topó a la salida de un córner con el pie del guardameta. Después, utilizó el cuerpo para salvar el gol de Pepe. Todo por la Patria. Todo por el City. Y una eliminatoria abierta en el Bernabéu, donde se disputará la final anticipada de Milán.

sábado, 23 de abril de 2016

Barcelona golea al Sporting y sigue siendo dueño de la Liga


Ocho goles en tres días es un registro al alcance de elegidos. Luis Suárez pertenece a esa estirpe, y por ello se coloca en el primer puesto de los goleadores de Europa. También se ganó un trocito del corazón de los aficionados con el guiño a los enfermos de PKU, a quienes dedicó su primera diana.
Como corresponde en Sant Jordi, el relato del partido tuvo un héroe clarísimo y un villano de manual. Clos Gómez despachó un arbitraje malísimo, y aunque nadie en el Sporting explicó la derrota en los errores del colegiado, le protestaron el 1-0, el 2-0 y dos de los tres penaltis. No acertó en casi nada.
Pese al tanteador abultado, el liderato del Barça esta vez se asentó sobre un juego sospechoso. Ni el vibrante ritmo ante el Valencia ni el acierto demoledor frene al Deportivo. El Sporting, con siete cambios en el once para refrescar a sus guajes, intuyó que podía sacar tajada del Camp Nou casi sin quererlo.
Se puso pronto el partido cuesta abajo para el Barcelona, aunque ni siquiera llegó producto de un arranque fulgurante. Es más, cayó como reacción a una ocasión clarísima de Menéndez, solo ante Bravo tras una buena acción de Guerrero al burlar a Piqué. Al minuto, un globo de Iniesta hacia Suárez encontró a Cuéllar, derribado por el ímpetu del uruguayo. Messi rebañó el balón suelto y lo colocó con la cabeza en la red. El meta no pudo volver, derribado en su área. Clos no vio falta.
Animó poco la diana, aunque Cuéllar tuvo que sacar el pie para repeler otro disparo de Messi. Poco más aportó el Barça en un primer acto larguísimo por culpa del desinterés local. El Sporting tenía asumido que no le iba demasiado en el envite, pero tampoco era cuestión de rechazar la invitación. Defensa ordenadita y salidas verticales lanzadas por Halilovic en busca de Guerrero. No fueron muchas, pero las suficientes para llevar la desazón al graderío. De hecho, el broche al primer acto fue una doble ocasión de Guerrero, salvada por Mascherano en la línea, y otra de Halilovic, despejada por Piqué entre el brazo y el costado. Difícil asegurar con qué parte tocó la pelota. Clos no tuvo dudas. Ni mano ni gaitas.
Luis Enrique movió el equipo por obligación. Las molestias de Sergi Roberto obligaron a dar entrada a Alves, protegido tras el vídeo del pelucón. El brasileño juega mejor que actúa. Activó la banda derecha y contribuyó a subir un puntito las revoluciones, aunque aún dio tiempo a escuchar algún pitido del respetable, especialmente dedicado a Neymar. Dos entradas de Vranjes de inicio le marcaron el territorio y se encogió el brasileño, incluso en un par de ocasiones solo frente al portero.
El cuartelillo acabó en el 64'. Poco después de que Abelardo colocara a Sanabria buscando la igualada llegó el tanto culé. La triangulación sencilla entre Messi e Iniesta encontró a Suárez solo en el segundo palo. Tan solo que estaba en fuera de juego, aunque ni Clos ni su asistente lo vieron. Sí que vieron la mano evidente de Canella en el área para inaugurar el festival de los penaltis. Transformó Suárez el primero, y desde entonces cada acción dividida fue castigada por el colegiado con el máximo rigor. Pitó dos más, el segundo ridículo que supuso además la expulsión de Vranjes. Suárez marcó el primero y Neymar el último. Buen gesto de Messi, que colaboró al recuperar al brasileño para la causa.
Expulsado Vranjes en la acción del último penalti, aún tuvo tiempo Lucho para completar el cuarteto de dianas. Un remate seco junto al palo, de nuevo habilitado por Messi en profundidad. Una recompensa enorme para el desinterés que mostró el Barça durante demasiado tiempo.

Victoria del Real Madrid que le permite seguir en la lucha por la Liga


El Madrid salió vivo de Vallecas. Rayo, lluvia y barrio se unieron para preparar una emboscada al blanco que casi acaba con las aspiraciones madridistas a la Liga. Pero el día que todas las miradas estaban puestas en Bale, Bale ganó el partido. Con la inestimable ayuda de los de la franja roja, sin dedos en los pies de tanto tiro que se han pegado esta temporada. Normalmente cuando todas las miradas están en una persona, lo que realmente esperan los observadores es que se la pegue. Que se tropiece en las escaleras, que se trabe en el discurso o que pierda los pantalones al posar en la foto. Pero Bale fue impecable en su exposición.
Cuando trincan a un corrupto, lo normal es que a las pocas semanas el juzgado se llene de visitas obligadas de los que eran sus compañeros de fechorías. Cuando en una clase de un colegio de un barrio (uno de verdad) el profesor busca al culpable de alguna gamberrada, hay silencio. Son los códigos del barrio, el honor, eso que no se aprende creciendo entre corbatas y sí jugando en descampados y parques. Y una de las máximas es que el barrio nunca olvida.
Por eso el Rayo le tenía tantas ganas al Madrid como para ir 2-0 en el minuto 15. Por eso el chaparrón que caía del cielo no era el único que empapaba a los de Zidane. Embarba aprovechó el baile desacompasado de la zaga madridista, que le dejó solo en la frontal del área pequeña, para empujar a la red un pase de Bebé, que venía de dejar por el camino a Danilo y Pepe. Y al poco, Miku vio botar un balón huérfano de bota tras un córner y fusiló a Keylor. 2-0, un cuarto de hora de raza del Rayo, una siesta fatal para el Madrid.
Y si Embarba llega a controlar bien y se planta delante de Keylor... Según le llegaba el balón, un Modric incómodo en el banquillo se echaba las manos a la cabeza. Pero controló mal, el 3-0 no llegó y el Madrid abrió un ojo, se recolocó el protector bucal y se puso en pie en la lona. Una de esas leyes que nadie escribe del fútbol porque una semana se cumplen y la siguiente no retumbó en la mente de los jugadores del Madrid. "Hay que hacer el 2-1 antes del descanso".
Bale, que ya había soltado el drive contra el palo al poco de comenzar, se elevó en un córner como si le ayudase un andamio, impactó con la frente en el balón y giró el cuello en busca de la diagonal cruzada al palo contrario, abajo, donde hace daño, al fondo de la red de Juan Carlos. El galés proyectó la remontada y acabaría por cincelar su cúpula.
En estas estaba Trashorras sobre el césped. Jugando. A su ritmo. Nadie lo hace como él. Durante la primera media hora le dio un clínic al joven Kovacic de los que hacen daño y crean escuela. Si pueden, además de por el ambiente único y los precios populares (a veces), compren una entrada para ver a Trashorras en Vallecas un día. Juegan 22, pero fíjense en uno, el 10 franjirrojo. Habrá merecido la pena la tarde.
Tras el descanso salió el sol y salió el Madrid. Zidane, despojado del chubasquero tras el 2-0 en un gesto de rabia que podría hacer creer que iba a saltar él al campo, dio una única instrucción. "Remontad esto como sea". El Rayo jugó a ahorrar el 2-1 de la hucha y no sabe. Dejó de tener el balón, que es lo que tiene memorizado, el partido se convirtió en un balancín y ahí pesa más el Madrid. En una arrancada de Danilo acabó empatando Lucas Vázquez con un cabezazo de especialista a la escuadra. Es lo que tiene estar inspirado.
El ludismo del Rayo es digno de estudio. No es premeditado ni a propósito, pero se cargan su propia maquinaria semana tras semana. Esta vez fue Embarba, uno de los mejores del partido, quese lió en las ganas de Paco de no pegar un pelotazo a falta de diez minutos y acabó dando un pase al hueco a Bale que no hubiera firmado alguno de sus compañeros. El resto fue correr y cantar.
Bale definió abajo ante Juan Carlos, ganó la Liga del barrio y dejó al Madrid, gracias a la actualización automática de las clasificaciones de las webs, líder de la Liga española. El Madrid peleará hasta el final. Como el Rayo. Dos formas de entender la vida y el fútbol que se mezclaron durante 90 minutos y nos dejaron un cóctel delicioso.

miércoles, 20 de abril de 2016

Real Madrid no se rinde en la lucha por la Liga tras vencer a Villarreal



El Madrid no enseña la bandera blanca. En esta ruleta rusa que ha sido la jornada 34, la bala que hunda a uno de los candidatos a presidir la Liga no ha salido de la pistola. El fútbol, al contrario que la vida, ofrece segundas oportunidades y los de Zidane la piensan pelear hasta el amén de la competición.
Viendo a los blancos contra el Villarreal hay que preguntarse sin respuesta por aquellos días en los que las crónicas (servidor levanta la mano) hablaban de Liga finiquitada y de un Madrid que tiraba sus opciones en Valencia o Málaga. Las madres de niños pequeños resuelven con una frase todo un tratado de astronomía al ser cuestionadas por las noches de Luna nueva. "Es que la Luna tenía sueño, se ha ido a la cama y por eso esta noche no sale". Ojalá el fútbol fuera así de fácil. Pero no, así que vamos al lío.
El punto 1 es el de Keylor, un portero que recibe el pitido inicial a porta gayola y que detiene balas de cañón con los guantes. La única ocasión clara del Villarreal y que pudo hacer tambalear las opciones madridistas acabó en sus manos, como tantas otras esta temporada. El disparo de Denis fue de lo poco que pudo hacer el equipo de Marcelino, que fue como la amiga de la novia de tu amigo que te quieren presentar. Te hablan bien de ella y te gusta al verla en fotos... pero en el primer encuentro en persona te decepciona.
Para entonces el Madrid ya iba ganando. En la tercera intentona idéntica de Cristiano por banda izquierda, su centro fue demasiado fuerte para la manopla de Asenjo, que sólo pudo despejar de aquella manera y al punto exacto por el que apareció la cabeza de Benzema. Otro partido que desbloquea Karim. Tiene gracia que el momento más nervioso de la temporada lo esté resolviendo el tipo más hipotenso de la plantilla, el Pippen de Jordan, el Joe Pesci de Goodfellas, el secundario perfecto.
El gong del Athletic-Atlético cambió el partido de ilusión a obligación para el Madrid y tras la reanudación buscó el segundo, aunque los acelerones dieron paso a un equipo que se movía en marchas bajas. Hasta que apareció Lucas. Lucas vive en corveta, en esa posición que tienen los caballos en los cuadros de los reyes, con las dos patas delanteras levantadas, prestas para la carrera y la batalla.
Fabricó una pared con Benzema, el mejor amigo de todos, y se lanzó al galope contra la portería de Asenjo. Donde otro hubiera buscado con un ojo biónico el hueco y el golpeo, él puso alma y puntera. Al palo y gol. La ovación que se llevó al ser sustituido no es suficiente, debe llevarse otra de la directiva en verano cuando le aseguren otro año de blanco.
No hizo mucho el Villarreal ni con el 2-0 y es una pena. Adrián pasó sin pena ni gloria, como un Bakambu del que los ojeadores esperaban mucho más. Incluso Denis, que lo intentó, se quedó corto. Es un chaval con cara de bueno que al mínimo descuido te roba la cartera y cuando le quieres mirar para recriminarle ya tiene de nuevo los ojos de no haber roto un plato. Pero en el Bernabéu no lo rompió, para lástima de 'su' Barça.
Fue un gran día para el binomio Kroos-Modric, que parecían con las pilas gastadas hace pocas fechas y que se sacaron un partidazo de las botas de los que se enseñan en las escuelas. Las rotaciones de Zidane parecen funcionar, al menos lo hicieron en el croata. Descansado en Getafe y tras una semana sin jugar, Luka se hacía fútbol encima. Y dejó un golazo, una volea con la zurda aprovechando un centro fantástico de un Danilo de menos a más que sigue con su lucha propia por ganarse al Bernabéu y a esos madridistas que le pitan por fallar un control. Tiene ambición.
Pues eso, que 3-0 y el Madrid sigue con el traje de camuflaje, esperando un tropiezo de los líderes para abalanzarse sobre la presa. Es un "falla tú que a mí me da la risa", un juego de las sillas con tres participantes y un único trono. El Madrid sigue bailando.

Barcelona sigue siendo líder de la Liga después de aplastar al Deportivo de la Coruña


El Barça solventó el primer match ball con la eficacia que lució hasta entrar en su crisis de fe. Riazor resultó el estadio perfecto para recuperar autoestima, porque el Dépor, sin objetivos claros más allá de molestar en la disputa por el título, se desplomó tras el 0-2 y recibió una paliza sonrojante. Suárez aplastó a los coruñeses, Messi firmó su gol 500 y el líder trasladó la presión a los perseguidores, anunciando que no está dispuesto a dar más facilidades.
Fueron los latigazos de Suárez los que despejaron el camino antes del descanso. Derribó a Sidnei antes de que mirase el árbitro y embocó sin oposición el primero, remachando a dos metros un córner lanzado por Rakitic. En el minuto 11, el Barça estaba en ventaja con facilidad aparente, a pesar de que no necesitó mover la pelota a gran velocidad. Se especuló con que el Dépor devolvería el favor del pasado año, cuando conquistó la permanencia en el Camp Nou. Desde luego, no fue el Dépor del derbi gallego. Ni intensidad ni emoción.
El momento azulgrana se hizo carne justo antes del segundo de Suárez. Dos llegadas coruñesas mal defendidas dejaron a Borges dos goles cantados, mano a mano con Bravo. Esta vez el portero azulgrana, criticado en las últimas semanas, respondió con instinto a los dos remates a quemarropa del costarricense. Alves se despistó en el primero y Mascherano en el segundo, y fue un milagro que el Dépor no empatara.
La efervescencia de Riazor acabó poco después, con la segunda diana de Lucho. El uruguayo, quemado tras no rematar ni una sola vez entre los tres palos ante el Valencia, descargó toda su munición en La Coruña hasta completar el póker. Pero la diana decisiva fue el 0-2, al coronar un estupendo pase de Messi de primeras con la diestra y allí acabó el partido. El Dépor, sin respuesta, con el orgullo de Laure, Mosquera y Lucas como únicos salvavidas, se fue hundiendo poquito a poco.
El protagonismo de Suárez fue absoluto. Otra vez Lucho acudió en auxilio de Lucho, el entrenador, nervioso hasta comprobar la exhibición de los suyos y la rendición de los contrarios. Luis Enrique hizo cambios esta vez, pero no todos los que hubiera querido. Se acercó a charlar con Suárez, pero éste no le aceptó la propuesta. Así que los sustituidos fueron Iniesta, muy aplaudido, Busquets y Alba. Ni siquiera se retiró Neymar, que tuvo que esperar al desorden local para apuntarse un tanto.
Messi, muy activo en la creación, sincronizó bien con Suárez para engordar la goleada. En una tarde plácida relanzó su candidatura para alcanzar la Bota de Oro y el Pichichi. Pero pocas dianas tuvieron tanto valor simbólico como el de Bartra. Bien construido, además. Robando en una salida del Dépor, buscando el pasillo entre el central y el lateral, luciendo zancada ante Sidnei y batiendo cruzado a Manu. Además de hacer su trabajo defensivo, negando el empate a Borges, se permitió firmar un gol reinvindicativo, después de muchos partidos relegado por el técnico. Cuando se le necesitó, cumplió con creces.
La grada asumió la fatalidad de la escandalosa goleada con resignación, como algo natural. Pocos reproches, pocos pitos pese a la flojísima actuación de un equipo corto de carácter, a pesar de la salvación. Medicina perfecta para el líder, consciente de que era el día para cambiar el rumbo. Ni Piqué, en el palco, esperaba que fuera tan fácil superar la primera final. Quedan cuatro.

domingo, 17 de abril de 2016

El Barcelona deja dudas en ganar la Liga tras perder frente a Valencia


Los grandes caen con estrépito, preguntándose en pleno vuelo qué han hecho de malo para partirse la crisma contra el suelo. Si antes de la visita a El Madrigal se decía que sólo el Barcelona podía perder la Liga, tres semanas después los azulgranas están en ello. Un punto de 12 y la eliminación europea retratan el desplome azulgrana, al que esta vez no le sirvió ni jugar bien ni poner actitud. Los errores puntuales, la falta de fe y la inspiración del Valencia, encarnada por Diego Alves, provocaron una derrota imprevista. Hay crisis.
Y eso que el arranque fulgurante del Barça anunciaba una reacción vigorosa. Los azulgranas entraron a todo trapo en el partido, validando el plan de Luis Enrique. Mantuvo el once de gala con la excepción de Dani Alves, que apareció sonriente en el banquillo. Como si el vídeo del pelucón no le hubiera costado la titularidad. Alegría. La cuestión es que en 15 minutos los azulgranas forzaron cinco llegadas y dos ocasiones clarísimas que requirieron los servicios de Alves, Diego, un gato bajo palos.
Remató desde muy cerca Messi, solo, tras una gran maniobra de Suárez y el portero brasileño metió un guante duro. Poco después, en el 12, Messi fue vivo y dejó solo a Ney, que buscó el globo. Alves frenó, se estiró hacia atrás y no hizo una parada, hizo un póster. Otra llegada de Alba a la que no llegó por milímetros Suárez completó ese inicio intimidatorio.
Pero el Valencia ya no es el que bordeó el precipicio. Se sacó el plomo de las botas ante el Sevilla, y lo demostró en cuanto el Barça quiso tomar aire. Con el centro del campo superpoblado, un robo a Busquets sirvió para que Rodrigo se plantase solo ante Bravo. Ajustó mucho al palo y se le fue. El Camp Nou comprendió que la noche pintaba fea por cómo se resolvió el siguiente intercambio de golpes. De una contra que Alves le sacó a Messi con otra mano increíble se pasó al autogol de Rakitic al tratar de tapar un centro de Siqueira, bien habilitado por André Gomes.
El 0-1 atacó el sistema anímico del Barça. Produjo pocas llegadas antes del descanso. Tras una falta sobre la barrera recogió Messi de nuevo solo y su cabezazo a quemarropa volvió a ser contestado con otra salvajada de Diego Alves. Envalentonado por un portero invulnerable, el Valencia se estiró antes del descanso, empezó a combinar, trenzó un pase tras otro y construyó un monumento. El exquisito final entre Parejo y Santi Mina coronó todo un homenaje coral al juego de toque, ese que convirtió al Barça en referencia.
No quedaba otra que la heroica para remontar en medio partido lo que el Madrid hizo en un encuentro entero. No faltó actitud en el grupo azulgrana, que por momentos arrinconó en su área al equipo de Ayestarán. Pero el Valencia, que hace un par de semanas era un cúmulo de desgracias, resbalones y despistes, se sintió fuerte en el papel de saboteador de la Liga. Defendió con orden, facilitado por la ansiedad azulgrana, y ni siquiera se descompuso cuando Messi rompió su maleficio coronando una combinación con Alba.
Quedaba tiempo por delante y faltaba oxígeno en los azulgranas, fatigados por el esfuerzo del Calderón. Ni siquiera mandó a nadie a calentar Luis Enrique, que no encontró en el banquillo ningún Nolito o similar con quien subir las revoluciones. Ni Alves, ni Aleix, ni Munir... Por esto pidió refuerzos en invierno, porque no ve opción en caso de emergencia. Y porque tampoco vio un desmayo evidente en los suyos, que lo intentaron por encima de sus fuerzas. Otra cosa es que estén más que justas.
El Valencia salió poco, en parte porque se sentía cómodo al abrigo de Alves. Aún sacó el meta otro remate venenoso de Rakitic. Con el Camp Nou hirviendo, Neymar bajó la temperatura escogiendo mal en todas las acciones. Por primera vez brotaron algunos silbidos contra el brasileño, que acabó 
Ya con Piqué como ariete y Mascherano como único tapón, lo increíble fue que el marcador no se moviera. Alcácer despejó en lugar de embocar en el balcón del área chica, sin oposición. Y si parecía imposible fallar el 1-3, fue Piqué quien desperdició el empate con un balón botando, controlado, al borde del área pequeña. Junto al palo se marchó el disparo y toda la renta del Barça, que no entiende cómo se le puede escapar una temporada destinada al Museu. Ahora ya no tienen margen. O espabilan en Riazor o se les puede hacer larguísima la temporada.

sábado, 16 de abril de 2016

Real Madrid golea al Getafe por 5-1 y siguen creyendo en la opción de ganar la Liga


El Real Madrid cree en la Liga. Si se le permite al Madrid utilizar el verbo creer, que parece apropiado en los últimos tiempos. A un punto del Barcelona, que aún tiene un partido por disputar, es imposible que los de Zidane ya no se vean peleando por el título. El efecto de jugar unas horas antes, aunque no tenga repercusión al final en la clasificación, sí lo tiene a nivel psicológico. Es la píldora del día antes, que hace acostarse al madridismo más cerca que nunca de un rival que le había mandado al sofá semanas atrás.
La verdad es que el Getafe lo puso fácil. Muy fácil. Aunque pueda parecer ofensivo para el equipo azulón, es que a veces pareció un entrenamiento. El Madrid tocaba sencillo, como en un ejercicio en una sesión de entre semana de Valdebebas, sin que ninguna camiseta azul opusiera más resistencia que la que los muñecos de metal que hacen las veces de rival en los entrenos. Y claro, pues goleó el equipo que sabía lo que se jugaba.
Los primeros cinco minutos fueron un monólogo en el más concreto sentido de la palabra. El Getafe no tocaba el balón más de tres o cuatro segundos seguidos. Y esa fue la tónica del encuentro, con un Madrid chocando dos piedras esperando que saltara la chispa del gol. En uno de esos huecos que dejó el equipo de Esnáider, que tiene trabajo, apareció James para centrar con todo el tiempo del mundo y encontrar a Benzema en el segundo palo. El remate no es que fuera muy ortodoxo, porque la bola le rebotó en el pie de apoyo después de fallar el remate con la diestra, pero acabó en la red.
Antes del descanso ampliaría diferencias el Madrid con un tanto de Isco tras una pared académica, de enciclopedia, que tiró con Benzema. El malagueño definió de exterior y la jugada dejó la belleza que dejan los goles que se anotan tras una pared. Es la acción más antigua del mundo y sigue siendo efectiva y preciosa.
Si algún aficionado azulón pensó en el descanso que los suyos cambiarían la actitud en la reanudación, les debió durar cinco minutos la idea, lo que tardó Benzema en soltar un balón bombeado a la espalda de la defensa de futbolín del Getafe. Por allí sólo y solo (las tildes) corrió Bale, que definió ante Guaita con facilidad. El portero será buena gente y seguirá saludando a sus compañeros en el vestuario a diario, pero es para aparcar el coche cruzado en la plaza reservada a sus centrales en la Ciudad Deportiva.
Y así, con el partido resuelto y Keylor desafiando las leyes que imposibilitan que un hombre pueda volar, fluyó el marcador hasta los últimos cinco minutos, en los que Sarabia enchufó un golazo desde la frontal para intentar maquillar el resultado, pero lo que hizo fue reactivar el hambre blanco. James, con las pulsaciones por los suelos, recortó y definió con clase para el 1-4 y Cristiano cerró con un regalo de Jesé la tarde para seguir sumando de cara a la Bota de Oro.
El partido dejó varios detalles buenos para el Madrid, como la presencia de Isco y James, si bien no excelsos ni chorreando magia, sí dejaron gotitas de perfume del que huele a distancia y se recuerda tiempo después, incluso cuando el dueño del olor no está. Haría mal el Madrid en recordar ese olor con un suspiro el año que viene si deja escapar a alguno de los dos.
El que no cree es el Getafe. Le faltó actitud y juego, aunque se inunden de comentarios las crónicas diciendo que "el filial se dejó ganar para que el Madrid pelee la Liga". En fin. También hay gente que cree que Margarita es el diminutivo de Marga. Al Geta le hace falta actitud de verdad, de la de reflexionar y asumir los errores, pero sobre todo trabajar para resolverlos. Esa gente que lo resuelve todo con un "al final siempre sale el sol" y cobra por ello... ¿No debería estar en la cárcel?

miércoles, 13 de abril de 2016

El Atlético de Madrid eliminó al Barcelona por 2-0 en las semifinales de la Champions League


Qué manera de creer. Qué manera de sentir. El Atlético de Madrid cerró una histórica al eliminar de la Champions al actual campeón de la Liga de Campeones. Griezmann, con dos goles, decidió ante un conjunto azulgrana que no estuvo fino en ataque.
El Atlético salió atacando a la yugular del Barcelona. Los de Simeone lo tenían claro: había que ahogar la salida de balón del conjunto azulgrana. Eso hizo que el juego del Barça en los primeros minutos fuera casi nulo. La defensa se dedicó a tocar el balón y no dudó en jugar en todo momento con Ter Stegen. Mientras, Carrasco, Griezmann, Saúl y compañía no se cansaban de correr detrás del balón.
Antes de llegar a los primeros 10 minutos el Atlético ya había disfrutado de dos ocasiones más o menos claras. La primera, un disparo alto de Gabi. La segunda, un remate de cabeza forzado de Antoine Griezmann que detuvo sin problemas el guardameta alemán. El equipo de Luis Enrique se animó y fue a buscar la portería de Oblak. No obstante, las llegadas fueron muy tímidas. Messi, Neymar y Luis Suárez no encontraron su sitio. Suárez tuvo sus más y sus menos con Godín en un encontronazo. Los dos compatriotas intercambiaron impresiones pero la cosa no pasó a mayores.
El premio a la insistencia del Atlético llegó en el minuto 36. Un espectacular centro con el exterior de Saúl lo remató a las mil maravillas un Griezmann que sumó su noveno tanto en los últimos once encuentros con los rojiblancos. Un seguro para el Atlético en esta fase deisiva de la termporada.
Diego Pablo Simeone ordenó en el descanso a sus jugadores que salieran en la segunda parte con la misma intensidad y actitud que lo hicieron en la primera. Dicho y hecho. El Atlético de Madrid saltó enchufadísimo y buscó el segundo. La más clara llegó con Saúl. Un cabezazo al segundo palo acabó en el larguero.
Poco a poco el Barça fue metiendo una marcha más y acabó embotellando a un Atlético que se encomendó en los contragolpes para volver a hacer daño al rival. En una de esas, Filipe Luis se marchó de dos defensas y sólo la mano dentro del área de Iniesta privó el mano a mano deGriezmann con Ter Stegen. Penalti claro que transformó el francés para firmar su doblete.
Los de Luis Enrique no bajaron los brazos y buscaron el gol que forzara la prórroga. Ya en el minuto 90, Gabi dio una pelota con la mano dentro del área que el árbitro Rizzoli sacó fuera. Los culés protestaron una acción que pudo cambiar la eliminatoria. Al final, victoria sufrida del Atlético que se carga al campeón y seguirá soñando en esta Liga de Campeones.

martes, 12 de abril de 2016

Cristiano se convirtió en héroe del Madrid tras marcar un hat trick en la Champions League



Ahora vete mañana a un colegio a la hora del recreo y cuéntales a los chavales tu discurso de que el fútbol es sólo un juego, que no es tan importante. Y cuando veas a Julia marcar de falta con el balón de gomaespuma cual Cristiano y a Mario levantándola en volandas en el córner a lo Ramos,el que te vas a llevar una lección vas a ser tú.
El Real Madrid está en semifinales. Lo que era obligación se convierte en celebración y con todas las de la ley. Que sí, que al Wolfsburgo había que eliminarlo. Que sí, que lo normal era esto. Pero los 90 minutos del Bernabéu están ya en la historia del madridismo y en la foto aparecerá siempre inmortal Cristiano Ronaldo.
El héroe de una generación, la que lleva 30 años oyendo hablar a hermanos mayores y padres de las grandes remontadas europeas y que nunca había vivido una. Las leyendas de los goles de Butragueño que tanto han escuchado esos madridistas nacidos desde los tardíos 80 en adelante se convertirán en palabras propias cuando haya que contar a los más pequeños aquel 12 de abril en el que el Madrid necesitaba ganar 3-0 y Cristiano hizo el 1-0, el 2-0 y el 3-0.Una remontada generacional.
Y también habrá que contar que todo empezó gracias a un niño de Leganés que puso la primera piedra de la Ciudad Deportiva, que creció hasta cumplir su sueño, que vio como casi se lo rompen y que trabajó hasta llegar al lateral del área en el minuto 16 para asistir a Cristiano, que batió a Bengalio. Carvajal, ADN madridista, nació en el 92 y lo que sabe de las remontadas es lo que ha mamado desde pequeño, lo que demostró sobre el césped.
Al minuto siguiente, sin tiempo para que reaccionase el Wolfsburgo, replegado en confianza con su alianza con el reloj y el marcador, Carvajal volvió a volar en banda diestra y forzó un córner. Aún con la celebración en el cuerpo, Ronaldo se elevó y cabeceó cruzado, picado, imposible para el portero, para llevar el éxtasis al Bernabéu. Demasiado pronto. Con el 2-0 el Madrid se tranquilizó en lugar de seguir presionando a un equipo claramente asustado y que se tranquilizó cuando le dejaron manejar el balón. Benzema tuvo aún una buena ocasión, pero todo lo fino que estuvo en el juego le faltó de colmillo para el chut.
El paso del tiempo cambió al Madrid. Durante los primeros 30 minutos el equipo fue como un reloj, atacando cuesta abajo y con la ayuda de la gravedad. Pero en cuanto la manecilla tocó el fondo de la esfera, a los blancos se les vio pesados, temerosos. Agarrados al minutero (y a Keylor) sobrevivieron minuto a minuto hasta que la aguja llegó al 45 y se subieron a ella para desfilar hacia el vestuario y repensar la estrategia.
Partido nuevo, eliminatoria igualada y el Madrid asediando a un Wolfsburgo huérfano de Draxler. El plan fue el A, el de tener el balón y atacar. Pero caían los minutos y el susto se apoderaba del estadio. Había la convicción de que el tercero iba a caer, pero aunque nadie lo dijera la idea de un gol alemán hacía temblar las piernas. Ramos tuvo un "Uy", pero el guión tenía un único protagonista principal.
Escribía hace un par de días Xavier Aldekoa en Twitter, una de esas personas a las que hay que agradecer diaria y eternamente que nos recuerde los dramas a los que giramos la cara porque ocurren lejos o creemos que no son nuestro problema, que un niño congolés le dijo muy serio que la única forma de entrar en el cielo es ser del Real Madrid. Si ese niño, al que el club debería localizar, hubiera estado en el Bernabéu en el minuto 77, se hubiera sentido más cerca del cielo que nunca.
Modric cayó derribado en un perfil que invitaba más a pensar en un golpeo zurdo de Bale que en un derechazo de Cristiano. Pero tenía fuego en la mirada. Y cualquiera se lo niega. El 7, bendito número del madridismo, la mimó en el césped y la golpeó violentamente después. La barrera se agrietó hasta abrir el boquete justo por el que entró el balón, como las nubes que se rompen para que los rayos del sol las atraviesen. Y Chamartín vio la luz.
El resultado de la ida impedía una celebración hasta la extenuación. Aún había que luchar contra el reloj y un Benaglio que le sacó el cuarto a Benzema y a Jesé con dos paradones de héroe que pudo ser y no fue. Y contra un árbitro que no quiso pitar el final en el 93' y alargó el sufrimiento hasta el 94'. Pero pitó.
El Real Madrid sigue vivo en su competición favorita y se clasifica para su sexta semifinal consecutiva.El idilio con la Champions estuvo a punto de romperse, pero no existen el uno sin el otro. Cantan Sharif con Nach y Andrés Suárez una frase que puede valer para la relación entre club y competición, "La vida sin ti es un concierto en un teatro vacío". El Madrid volverá a llenar estadios.

sábado, 9 de abril de 2016

Un Tropiezo fatal del Barcelona frente a la Real Sociedad vuelve a dar opciones al Altletico y Real Madrid en la Liga


Pues hay Liga. Parece mentira que el Barça de hace dos semanas, dueño y señor del torneo antes de visitar El Madrigal, dormiría hoy sintiendo el aliento del Atlético y el Madrid en el cogote. En el momento decisivo, la visita a San Sebastián subrayó la falta de frescura del líder. La Real volvió a ser un gigante, especialmente en su comportamiento defensivo. Bastó con un golazo de Oyarzabal para alimentar la seguridad donostiarra, cimentada por las milagrosas manos de Rulli.
En Anoeta cambió la vida del Barça de Luis Enrique. Las dudas por aquella derrota del pasado año se resolvieron de forma modélica y el Barça salió disparado hacia la triple corona. Allí acabaron las rotaciones inesperadas y se labró un once casi prácticamente inamovible, especialmente en el ataque, que lo ganó todo. Casi año y medio después, el asturiano volvió a tirar de rotaciones dadas las obligaciones de Champions y en el descanso ya asumía que su plan no funcionaba.
La salida fulgurante de la Real tuvo buena parte de culpa. Eusebio, la materia gris del Dream Team, envió a su grupo a perseguir al Barça por todo el campo, con mención especial en el sector de Alves, y obtuvo rendimiento muy pronto. Una rosca exquisita de Xabi Prieto tuvo la respuesta perfecta de Oyarzabal: salto potente, giro de cuello y frentazo a la escuadra. Como Satrustegi o Kodro. La locura en la grada.
Tan pronto por delante, los donostiarras se plegaron sobre su área y defendieron cada metro de su zona con disciplina prusiana. Cuatro atrás y cinco por delante se convertían en seis al fondo por la aplicación de Prieto y Oyarzabal al perseguir a los laterales. Tampoco les exigieron demasiado. Entre la posición extraña de Sergi Roberto, a contrapié, y la escasa precisión de Alves, con y sin balón, el Barça se vio abocado a jugar por dentro. Más fácil para el equipo que defiende.
La aplicación defensiva de la Real tuvo sus disfunciones, no se crean. Brych habría expulsado a Illarra en el minuto 36, 12 después de ver la primera amarilla, justísima. En la segunda agarró a Neymar. A criterio del alemán era una expulsión de manual. Claro que no pita en la Liga.
Pese al monumental atasco, al Barça le alcanzó para crear un par de buenas ocasiones, una para Munir y otra para Arda. Rulli anunció entonces lo que vendría en el segundo tiempo. En todo caso, poco caudal, y poco claro, para todo el talento culé.
El descanso no cambió el plan realista. Eusebio, que dejó Can Barça de mala manera, quiso que su equipo buscara contras rápidas con Vela como meta, lanzado por Oyarzabal y Zurutuza. Enganchó pocas en el primer acto, y casi ninguna en el segundo. La entrada de Iniesta reactivó la banda izquierda, completada por Jordi Alba, y la entrada de Rakitic ofreció un retrato más reconocible del Barcelona. Tuvo más fútbol en la continuación, pero le faltó lo que antes tenía a toneladas: daño arriba. Echó de menos el infatigable martilleo de Suárez, por supuesto, pero Neymar nunca buscó por banda, sólo en diagonal. Munir desapareció gadualmente, y Messi apareció poco en posiciones sensibles. Y cuando se escapó de la jaula apareció Rulli, excelente en un par de remates cercanos
El dominio del área del portero argentino y el blindaje defensivo acabaron por desesperar a los azulgranas, que al menos murieron en área rival. Un cabezazo de Messi y un tiro de Iniesta, bien interceptados por el portero, fueron los últimos coletazos de un Barça que pensó en la Champions y ahora está obligado en mirar también a la Liga. Tiene ventaja y el calendario a favor, pero el desplome en las últimas tres jornadas -un punto de nueve- son una invitación a las dudas. Las que siempre se crean en Anoeta.

Real Madrid golea al Eibar y ya piensa en la vuelta de la Champions League


El Madrid conoce el camino. No, el Eibar no es el Wolfsburgo y por ganarle 4-0 la Undécima no aterrizará en el Museo del Bernabéu. Pero el equipo debió aprender en Alemania para no repetir el 'mal del nuevo soltero', creerse galán tras una noche de éxito y acabar abrazado a la almohada al siguiente envite. La afición recurrió al huevo, pero lo del martes se gana con juego. El que desplegó durante un buen rato el equipo de Zidane para engordar el marcador.
El Eibar fue un sparring muy flojo que cayó en el primer round y que sólo le sirvió como entrenamiento al Madrid hasta el descanso. En la segunda parte los blancos ensayaron su juego de pies, pero se dejaron los golpes guardados para el martes. No soltó los puños por no necesitarlo, por lo que el bajón tras el 4-0 no debería preocupar porque fue más pérdida de tensión que otra cosa y contra el Wolfsburgo la electricidad correrá por Chamartín hasta el miércoles por la mañana.
Salió enchufado el Madrid y en el minuto 5 James puso los brazos en jarra en el arco de la frontal, buscó el sitio de su recreo, el palo del portero, y según acariciaba la bola la red, el Bernabéu hizo lo propio con el colombiano. Un abrazo de gol que necesitaban todas las partes y que puede darle un impulso al equipo en la recta final de la temporada.
Y antes de que el Eibar se pudiera dar cuenta, cayeron el segundo de Lucas y el tercero de Cristiano. Dos acciones de puñalada, dos jugadas verticales, de velocidad, de buscar la cosquilla del rival y abusar de ella. Jesé, que acabaría anotando el cuarto a pase de Cristiano en otra acción similar, jugó en 'fast forward'. Llegaba a todo un segundo o dos antes que el resto. Se vio con chispa y quiso prender fuego. Y quemó a más de un rival.
Descanso y 4-0. Si los primeros 45 minutos cayeron en el reloj de arena a chorro, tras la reanudación cada grano engordó y le costaba pasar por el embudo. El ritmo bajó, el fútbol decayó y el Eibar tuvo alguna ocasión que solventó el larguero o un Casilla sereno y brillante pese a su ausencia habitual.Borja Bastón, que quizás estuvo demasiado tiempo en el banquillo, tuvo la más clara con un cabezazo que estrelló en el travesaño. Cuando vista de rojiblanco tendrá la gota de sangre que ayer le faltó para anotar.
Mención aparte para un Nacho que se ha quedado con la etiqueta de cumplidor y que no lo es. Es un pedazo de central al que muchos ningunean por ser el cuarto defensa del Real Madrid como si ese logro fuese sencillo.
Con un Cristiano que no quiso descansar y que jugó su partido más generoso y sensato en modo Pichichi, Zidane tiene los raíles para la remontada. Ahora falta que el tren coja velocidad, no descarrile y que la energía del Bernabéu haga funcionar al equipo. Los huevos tienen que estar en la grada, el juego en el césped. No hace falta pierna fuerte, hace falta pierna buena. Y no volverse locos. Toque, corazón e inteligencia. Para ganar a los lobos hay que ser unos linces.

miércoles, 6 de abril de 2016

Wolfsburgo vence al Real Madrid por 2-0 y lo deja prácticamente fuera de la Champions



El Madrid salió gravemente dañado de su visita a Alemania con una derrota que le deja con un pie fuera de esta Champions. Los 'lobos' del Wolfsburgo mostraron un apetito voraz y despellejaron a un Madrid irreconocible. Los goles de Ricardo Rodríguez y Arnold obligan a tirar de épica. Siempre quedará el Santiago Bernabéu.
Es a lo que se debe aferrar el equipo de Zidane tras una noche negra en Alemania. Qué tendrá ese país que presencia los peores momentos de la historia blanca. En el Wolfsburgo Arena -Volkswagen Arena si no está la UEFA en el ajo- se vivió otro de esos pocos momentos nefastos del Madrid en la máxima competición europea.
La Cenicienta convirtió el cuento de cuartos en pesadilla. El Madrid fue bailado por lobos. Lobos con piel de cordero. Lobos que salieron de su escondite en el momento justo y desde el lugar más inesperado. El cazador fue cazado y lo único positivo es que pudo salir vivo, recomponerse de las heridas sufridas y presentar batalla de nuevo en el Bernabéu.
Como un niño acomplejado en su primer día de escuela. Tembloroso, con la mirada baja y actitud timorata. Así se presentó el Wolfsburgo, descolocado, fuera de lugar, poco acostumbrado a un escenario como es para él disputar unos cuartos de Champions con el Madrid al otro lado del campo. Pero poco tardó en perder el respeto y sacar los colores a los de Zidane. Sus travesuras y osadía silenciaron a todos aquellos que hablaban de paseo blanco hacia semifinales.
Un gol bien anulado a Cristiano y un posible penalti sobre Bale dieron paso a la jugada polémica del partido. Schürrle se preparaba para disparar a quemarropa cuando por allí apareció Casemiro. No se sabe bien si se pasó de revoluciones o el alemán aprovechó su presencia para ir al suelo. El caso es que el balón acabó en el punto de penalti y Ricardo Rodríguez pegó el primer bocado de la noche a la defensa blanca. Keylor se despidió de su récord y el Madrid se encontró con una manada hambrienta dispuesta a rematar la faena.
Se preparaba el Madrid para realizar un oportuno control de daños cuando llegó el segundo. Henrique encontró un agujero por la banda de Marcelo y su centro y posterior desmarque de Arnold volvió a señalar al sospechoso habitual: Sergio Ramos. Al de Camas le ganaron la posición y el segundo mordisco dejó sangrando al equipo de Zidane.
El descanso fue la mejor noticia. Tocaba aplicarse arsénico y tratar de arreglar el desbarajuste. Únicamente Bale respondía en medio del desconcierto. El Madrid debió otorgar mayor protagonismo al galés. Con Benzema lesionado y Cristiano errático en los metros finales, el extremo inglés se presentaba como la única alternativa posible.
El daño pudo ser aún mayor
Zidane sacó a Modric y dio otra oportunidad a Isco cuando pintaban bastos. Ni él ni Jesé cambiaron nada. El Wolfsburgo, en cambio, seguía infundiendo terror al contragolpe. Schürrle y Kruse pudieron reventar la eliminatoria pero la falta de puntería y Keylor dejaron el desenlace para el Bernabéu.
Allí el Madrid, a buen seguro, será otro. El ambiente de las grandes noches europeas, el espíritu de remontada, el calor de su público.... y una plantilla capaz de levantar un 2-0. Hace 29 años que no lo hace en Europa. Es el momento.

martes, 5 de abril de 2016

Suárez da ventaja al Barcelona con su doblete frente al Atlético en la eliminatoria


Luis Suárez volteó un partido de altísimo voltaje (2-1), en el que el Atlético se adelantó y fue mejor mientras jugó con en igualdad numérica. Marcó Torres y luego el 'Niño' se pasó de vueltas y dejó a su equipo con diez jugadores. En superioridad y con el marcador en contra, el Barcelona agobió y asedió a su rival, que pidió la hora a gritos. El empuje azulgrana se saldó con dos goles de Luis Suárez, un animal del área que se jugó la expulsión unos minutos antes del segundo tanto. El doblete del uruguayo da ventaja al Barcelona, pero el Atlético, después de todo lo que sufrió, salió con vida del Camp Nou, y eso no es poco. Hay mucha eliminatoria y en el Calderón habrá 55.000 almas empujando al cuadro rojiblanco. Se disputaron los primeros 90 minutos, pero la batalla dura, al menos, 180.
Mandó Simeone un mensaje desde la alineación: quería marcar un gol en el Camp Nou como fuera. El Cholo dio carrete a Carrasco sacrificando a Augusto. Sorprendió la osadía, pero Simeone ha dicho más de una vez que el partido que marca una eliminatoria es siempre el primero y tenía claro lo que quería, asestar un golpe. El plan no era muy diferente al de siempre, porque defendió con todos y fue un bloque granítico en defensa, pero contó con más balas para soltarse arriba. Y logró su objetivo, porque el primero en golpear fue Fernando Torres. Después de que Neymar rozara el gol en un cabezazo, el 'Niño' aprovechó un gran pase entre líneas de Koke para batir a Ter Stegen con un disparo que se coló entre las piernas del meta alemán.
El 'Niño', ángel en esa acción, fue demonio minutos después. Vio dos tarjetas amarillas en seis minutos, primero por una entrada a Neymar, y más tarde midió muy mal ante Busquets, al que arrolló. Los jugadores del Atlético se comieron al árbitro y Simeone se desquició con aspavientos, pero lo cierto es que Torres se equivocó yendo de esa manera con una amarilla. A partir de entonces, para el Atlético el partido fue una cuestión de resistencia, de salir vivo del Camp Nou. Antes de esa acción, el Atlético estaba cómodo en el coliseo azulgrana y Ter Stegen tuvo incluso que meter la mano para evitar el 0-2 de Griezmann.
El Barça, en superioridad numérica y acuciado por el resultado, se desató en el segundo acto. Con los 10 jugadores de campo en los últimos 30 metros, empotró al Atlético contra su área y empezó a crear serios problemas a su rival. En los primeros diez minutos contó cuatro ocasiones: una chilena de Messi que se fue por centímetros, un latigazo de Neymar al larguero, un cabezazo del brasileño a las manos de Oblak y un disparo de Messi que repelió el esloveno. El ritmo de balón era más alto, pero con todo y con eso, enfrente había un rival que luchaba por cada metro, como siempre.
En el Atlético, varios hombres hicieron un trabajo impagable. Godín lideró como siempre y a su ladoLucas sacó una nota altísima. Era un partido complicadísimo para el chaval, con 20 años, poca experiencia en la elite, en el Camp Nou y con el Atlético en inferioridad. Mostró una personalidad prometedora. Filipe fue otro de los jugadores atléticos que jugaron un gran partido. El lateral brasileño frenó a Messi al inicio del encuentro (luego Messi centró su posición) y mientras el Atlético estuvo con once, dio continuidad a la posesión de su equipo. Cuando la tiene Filipe, el Atlético suele progresar.
El asedio azulgrana dio como resultado el gol de Luis Suárez. No fue un tanto limpio, pero el Barcelona lo celebró como merecía, con una gran liberación. En pleno acoso, Alves centró desde la derecha, Alba apareció, remató de aquella manera y aquello se convirtió en un pase a Luis Suárez, que marcó a placer. Para entonces, el partido sólo se jugaba en una dirección. El Atlético, extenuado, jugaba a minimizar los daños, a salir con la máxima vida posible y a creer en la magia del Calderón.
El Barcelona entendió que la eliminatoria se podía estar jugando en esos minutos y continuó apretando, con Messi e Iniesta (probablemente el mejor del Barça) dirigiendo desde la mediapunta. El Barça logró desordenar de nuevo a la defensa del Atlético con una gran acción colectiva. Suárez, que pudo ser expulsado unos minutos antes por un manotazo a Filipe, abrió para la llegada de Alves y acudió a la zona de remate, donde cabeceó como una bestia del área el centro del lateral brasileño.
Quedaba un cuarto de hora y el Atlético estaba en el alambre. Un gol más en contra le pondría en una situación casi crítica, pero una vez más salió el espíritu competitivo del equipo de Simeone, que salió con vida del Camp Nou. No se puso nervioso por verse remontado y supo ver que había un partido de vuelta. No era fácil gestionar mentalmente esos minutos, pero el Atlético lo hizo, ayudado también por los cambios de Luis Enrique, que sentó a Iniesta, Busquets y Rakitic, sus tres centrocampistas. No permitió el Atlético que el Barcelona le hiciera más daño y está en disposición de atacar la eliminatoria la próxima semana. La ventaja es del cuadro azulgrana, pero la distancia es de solo un gol. El partido del Calderón apunta a ser uno de los encuentros del año.