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Disfruten de una mejor calidad de Juego una rivalidad eterna y por supesto la lucha para ser el mejor.

La Plantilla del FC Barcelona

Esa Plantilla cuenta con el mejor jugador del mundo que es Lionel Andres Messi.

La Plantilla del Real Madrid FC

Esa Plantilla cuenta con el goleador mas ambicioso e insaciable que es Cristiano Ronaldo.

El tridente de la casa Blanca la BBC

Bale-Benzema-Cristiano.

sábado, 28 de mayo de 2016

Real Madrid se proclama campeón de Europa después de un agónico partido que se decidió en penaltis


De la Décima a la Undécima va un número. El 4, el de Sergio Ramos, el del hombre que besó el cielo de Lisboa y conquistó el suelo de Milán. Como si el tiempo nunca hubiera pasado, como si el balón colgado fuese el mismo, da igual con la cabeza que con los tacos, pero siempre con el alma. El gol de Ramos, el gol de la final, el gol de la Décima, el gol de la Undécima. El hombre que levantó la Champions al cielo de San Siro, más que un héroe en la historia del Real Madrid.
Quien después de lo de Lisboa creyera que no había una forma más agónica de ganar una Champions o cruel de perderla no sabía lo que iba a pasar esta noche en San Siro. Para el Atlético es un sufrimiento continuado, no sólo por la tercera final consecutiva perdida entre tanta crueldad, es que el ladrón de las dos últimas Copas de Europa ha sido el eterno rival, el vecino del once.
El penalti de Juanfran al palo está en la historia negra del Manzanares. Él, que tanto había celebrado su lanzamiento contra el PSV, él, admirado y adorado en el Calderón, tuvo que ser el que negara la gloria a su equipo.
Falló, el único, y una milésima de segundo después Cristiano lo entendió todo. El máximo goleador de la historia del Real Madrid necesitaba una guinda al pastel. Dio un paso hacia el área, hacia el punto de penalti, hacia la retina de todos los madridistas del planeta, hacia la memoria del fútbol, hacia la Historia del Real Madrid. Marcó, venció, un grito recorrió la nación blanca, sin territorio pero con bandera, un "Goooooooool" de los que se atrancan en la garganta y acaban en gallo o lágrima. Un grito de campeón.
El partido fue tenso y pudo caer en los 90 minutos hacia cualquier lado. Bale, enchufadísimo, dio el primer susto con un zapatazo de falta que tocó Benzema y sacó Oblak, un hombre al que los milagros se le agotaron en la tanda de penaltis pero que fue gigante con la bola en juego.
Pero el Madrid avisa una y no más. En el 15' Kroos botó una falta que peinó Bale y que rozó con los tacos, en fuera de juego, Sergio Ramos. La bola se resbaló por el costado de Oblak y acabó en la red. Otra vez el de Camas, ahora capitán, otra foto de Champions.
Pudo matar el Madrid, pero empezó a cavar la trinchera y se escondió en ella. Donde antes tocaba y jugaba al escondite con la bola mientras el Atlético correteaba en un pilla-pilla sin premio, ahora eran los de Simeone los que dominaban y encerraban a los de Zidane. Pero hasta que en el descanso no salió Carrasco no cambió la historia.
Tardó un minuto el Atlético en demostrar que quería la Copa de Europa. Pepe derribó a Torres y el colegiado señaló penalti. Griezmann se acercó a la bola con la imagen de Keylor deteniendo su penalti en Liga en el Calderón y la reventó al larguero. Donde otro equipo se hubiera hundido, el equipo no dejó de creer, fiel a su creencia aunque con otro estilo. El Madrid le obligó a ser Barça y Bayern contra Atlético.
Perdonó el Madrid. Modric volvió a ser Baryshnikov mientras tuvo piernas para ello. Dejó a Benzema solo frente a Oblak, pero el galo se estrelló en un muro infranqueable. Como Cristiano, quien olvidó por un momento que las bicicletas son para el verano y no cuando puedes definir el 2-0 y finiquitar una final. Y la salida de Kroos dejó desequilibrado al Madrid.
Se acercaba el final por en la mente rojiblanca sólo pasaba una venganza de Lisboa con todas las de la ley. No fue lo mismo en el 93' que en el 79', pero el gol de Carrasco dejó tocado al Madrid y al madridismo, que se vino abajo pensando en todas las veces que ellos se habían reído del amigo, del vecino, del compañero de clase, temiendo ser ahora objeto de burla para la eternidad.
Pero el marcador no se movió hasta los penaltis y la historia se hizo Historia. Lucas, Marcelo, Bale, Ramos y Cristiano, cinco lanzamientos para siempre, cinco tiros que el madridismo recordará toda la vida. Había mucho en juego y muchas gargantas secas hasta el fallo de Juanfran.
Al Atlético no le quedará consuelo. La Liga de Campeones seguirá siendo su obsesión. En los manuales de la vida se dice que el amor es más intenso antes de consumarlo. En esos momentos en los que recuerdas el sabor a la miel de sus labios y sueñas con la siguiente dosis de su beso. El Atleti sigue enamorado de la Champions y no parará hasta levantarla en volandas.
Pero la historia es blanca. Una temporada que empezó 'Highway to hell' termina 'Stairway to heaven'. No, no iba a durar dos años. Sigue siendo posible que dure toda la vida. El madridismo dormirá en el Undécimo cielo.

domingo, 22 de mayo de 2016

Barcelona se proclama campeón de la Copa del Rey tras vencer al Sevilla


El talento descomunal de Leo Messi sirvió al Barça el doblete. Su pase diagonal en la prórroga para Jordi Alba, excelente en la definición, decidió una final tremenda, con la mejor versión azulgrana desde que se quedó con diez por expulsión de Mascherano en el 35'. Iniesta fue el comandante del juego, en una exhibición portentosa del manchego. El Sevilla, enorme, exigió el máximo al campeón azulgrana, pero acabó cediendo al final, especialmente tras la roja a Banega en el 90' y con el tanto final de Neymar, de nuevo a pase del inevitable Messi.
Quien esperase una superioridad abrumadora del Barcelona se quedó con las ganas. El Sevilla fue desde el arranque un problemón para los azulgranas, que sólo en momentos de inspiración superaron el entramado táctico hispalense. La inmensa calidad azulgrana, la que permite generar jugadas imprevisibles en las situaciones de máximo apuro, asomó con cuentagotas, y eso es mérito del Sevilla.
No hay duda ya de la grandeza del equipo de Emery, que compite los partidos más complejos con la mejor de sus versiones. Especialmente, en defensa. Eso permite reducir al rival a dos, tres llegadas a lo sumo por tiempo, y a partir de ahí escoger el momento para lanzar los ataques. Además, cuenta con la ventaja de contar con Gameiro, un rayo al espacio abierto. Después de media hora larga de contención y llegadas contadas, un balón peinado por Iborra colocó al velocista francés en carrera junto a Mascherano, que recurrió al enganchón para evitar el tanto. Gil Manzano cobró lo lógico, a pesar de los aspavientos de Alba y Busquets: roja al jefecito y falta fuera del área.
La respuesta azulgrana estuvo a la altura. Paradón de Ter Stegen al lanzamiento posterior de Banega, y atrevimiento en área contraria con un cabezazo de Piqué o una buena combinación entre Messi y Neymar. Tenía problemas Ney con Mariano, que le ganaba casi todos los duelos, y por eso parecía un cambio probable para fortalecer al equipo con diez. Más lógico era pensar en el de siempre, Rakitic, que se quedó en la caseta durante el entretiempo.
En el segundo acto la final alcanzó un tono épico para el Barcelona, que se refugió en la jerarquía de Piqué para capear la tormenta. El central metió al puntera para desviar un disparo seco de Banega. Decisivo, porque gracias al toque la pelota se fue al poste. Por si fuera poco con la intensidad de la carga sevillista, en una de las pocas salidas azulgranas cayó lesionado Messi tras golpearse con Carriço en la cabeza, y Suárez, éste tras estirar la pierna derecha para controlar. Tan mala pinta tuvo el gesto del uruguayo que no duró dos minutos más en el campo. Pidió el cambio, se tapó la cara con la camiseta en el banquillo y lloró amargamente. Orgullo charrúa de quien se pierde la final y teme por la Copa América.
Así que, con diez y sin Suárez, el Barça hizo lo lógico, ordenarse atrás y confiar su suerte a los genios o a un cabezazo de Piqué a balón parado. Mientras, el Sevilla aceptó el papel dominador y movió la pelota con paciencia y rapidez, buscando algún descuido azulgrana. La brújula de Banega orientaba todo el caudal hispalense, aunque faltaba algo de claridad en el último tercio.
Creció en los últimos minutos la figura de Iniesta, extraordinario con el balón en los pies, y con él todo el Barcelona, que se dejó el alma sobre el verde del Calderón. Ante la adversidad no hubo remilgos de nadie porque nadie se podía esconder. Cuando se pregunten si es posible que un empate a cero sea un partidazo, revisen esta final y el ritmo endiablado a que se jugó. Unos, en inferioridad. Los otros, con el palizón del título de Europa League en las piernas.
También en el tramo final cogió protagonismo Del Cerro Grande, que primero expulsó al preparador de porteros azulgrana, José Ramón de la Fuente, y después cargó con tarjetas a Alba, Neymar y Alves. En plena efervescencia de la crítica culé, un error de Coke provocó la contra que igualó la partida de cara a la prórroga. Banega cazó a Ney cuando se iba solo y vio la roja. Hala, al tiempo extra.
Con la barra de energía al mínimo, la cabeza decide. Y el Barça tiene algunas de las mentes más privilegiadas. Está la de Iniesta en cada pelota. Y la de Messi cuando se trata de establecer diferencias. Controló como volante, aguardó al desmarque hacia dentro de Neymar y sirvió por fuera para Alba, que resolvió con un excelente remate cruzado. La diagonal Leo para decidir un título más. Aturdido, el Sevilla evitó males mayores por Rico, que sacó un cabezazo de Piqué a bocajarro y un derechazo monumental de Alves con dos manos prodigiosas.
La entrada de Llorente colocó otra referencia para el ataque sevillista, pero no causó muchos problemas. A esas alturas, Iniesta y Messi gobernaban con la pelota mientras Busquets y Piqué corregían cualquier cabo suelto. La última diablura corrió por cuenta del de siempre, que aguantó en el balcón del área al desmarque de Ney para que éste resolviera. Precioso remate para una noche de gloria azulgrana.

sábado, 14 de mayo de 2016

Real Madrid vence al Deportivo con goles de Cristiano Ronaldo


El asalto a la Liga quedará donde habita el olvido. La historia sólo recuerda a los ganadores, pero para la historia inmediata del Madrid, la que se escribirá en Milán, haber peleado hasta el último momento por el título es un subidón de moral. Al final se trata de eso, no de olvidar los fallos que le quitaron la Liga al Madrid, sino de superarlos.
La esperanza duró 22 minutos, los que tardó Luis Suárez en hacer el 0-1 a unos 1.000 kilómetros de Riazor. Porque el Madrid empezó la tarde jugando en dos estadios y la terminó cumpliendo en uno y renegando del pinganillo en el otro. Revisada la recta final de la competición es de obligado reconocimiento el mérito de un equipo que estaba desahuciado y que ha terminado por hacer cosquillas hasta el último día a un Barça que tenía tomadas las medidas del trono y hecho el hueco en el salón.
El partido, la verdad... Pues no tuvo mucho. Salió el Madrid a torturar al Depor para mandar un mensaje al Barça y durante un rato le salió bien el plan. En el minuto 7 ya iban ganando los blancos con un gol 'made in BBC'. Bale entró por banda izquierda, se coló en el área, la puso atrás y el remate defectuoso de Benzema le cayó a Cristiano para empujarla a la red.
Marcó el Madrid y se rindió al auricular. Más pendiente de la oreja que de la bota, aún hizo el 0-2 Cristiano en una jugada de barullo, extraña, como correspondía al partido. Bale arremetió contra Arribas, que quedó tendido en el suelo, dejando a Cristiano solito para rematar el segundo con la colaboración de la chepa de Mosquera.
Con un Deportivo al que tampoco le fue la vida en el partido, Cristiano pudo hacer el tercero y el cuarto pero se topó con palo y larguero de forma consecutiva. A cuatro goles de Suárez en el Pichichi al inicio de la jornada, el tipo saltó a Riazor a quitarle el trofeo al uruguayo. Este jugaría con la misma intensidad en el patio del colegio en una reunión de exalumnos, no conoce amistosos ni bajadas de tensión.
Y se murió el partido. Las noticias de Granada no provocaban ilusión en los blancos y sin chispa no hay nada que hacer. Jugar sin ambición es como enamorarse sin ganas, un sinsentido. Fede Cartabia lo intentó y Pletikosa se despidió del fútbol dejando buenas sensaciones y, a pesar de la derrota, con una sonrisa.
El Madrid no ganó la Liga. Pero la peleó hasta la campana del último asalto. Se mantuvo de pie y no besó la lona. Perdió, como suele suceder en el fútbol, a los puntos. Concretamente por uno.La siguiente estación es Milán, premio gordo de la temporada, segunda entrega del partido más importante de la vida de los madridistas que tratan en su día a día con algún atlético.

Barcelona se proclama Campeón de la Liga BBVA tras vencer al Granada


En Granada todo es posible. Lo ilógico y lo natural. El Barcelona jamás había perdido un título dependiendo de sí mismo en la última jornada y así seguirá siendo un año más. El dominador del campeonato durante toda la temporada se impuso en el partido decisivo en un ejercicio de control y paciencia hasta la aparición de Luis Suárez, demoledor.
El instinto del pistolero uruguayo ha resultado fundamental en tiempos de duda. La serie en los últimos cinco partidos explica el pleno azulgrana. Cuatro goles al Dépor, cuatro al Sporting, uno al Betis, dos al Espanyol y los tres de ayer en Los Cármenes. Lucho pelea cada balón como si en ello le fuera la vida, un ingrediente que ha cuajado de fábula en el académico juego azulgrana. A falta de elaboración, la puntualidad de Suárez para llegar a todos los remates ha cuadrado el círculo.
Durante dos tercios largos de campeonato nadie discutió la jerarquía del Barcelona. Esa superioridad reapareció en Los Cármenes, donde el Barça no consintió dudas. Cogió la pelota y la movió con paciencia, de un lado a otro, aguardando a que surgiera el espacio. El Granada se cerró por dentro e invitó a los azulgranas a entrar por los costados. Dicho y hecho. Aunque la primera ocasión fue un córner rematado por Piqué que Andrés Fernández sacó con los pies dentro de la portería (no pareció que entrase), las bandas fueron el camino al título. Lo detectó Messi, que se fue al centro para abrir espacio a Alves y buscar la diagonal a Neymar. En una no acertó el brasileño. En la siguiente se asociaron Ney y Alba, que entró solo y entregó para que Suárez anotara el primero.
Llegó la diana en el momento justo. Se masticó en la grada el gol del Madrid en Riazor, lo que convirtió en campeón virtual al equipo blanco durante unos minutos. Quien estuviera viendo el partido de Los Cármenes sabía que aquello era una anécdota. El triunfo del Barça era cuestión de tiempo.
El primero de Suárez templó aún más al Barça, que no perdió el sitio ni con alguna salida de tono de Miguel Lopes. El lateral, que empezó en la izquierda, cambió a la derecha para vigilar a Neymar y le dejó la suela en el tobillo, sin castigo arbitral. El Granada se supo inferior y tuvo poca opción de salir. Sólo una carrera de El Arabi mal resuelta por el atacante entregaron los rojiblancos en el primer acto. Mientras, sin un ritmo alto ni exquisiteces, los azulgranas pusieron a buen recaudo el título aprovechando el césped alto y seco. Una diagonal larga y precisa de Mascherano buscó a Alves. Con el campo regadito no habría llegado nunca, pero el bote contuvo la bola, el lateral templó y Suárez acudió donde ningún defensa esperaba encontrarle. 0-2 y la Liga lista de papeles.
El segundo tiempo brindó la mejor versión del Barça. Iniesta enganchó en el centro del campo y fue imposible quitarle la pelota. Controles extraordinarios, pases precisos, cambios de ritmo incontenibles... El manchego coronó una temporada estupenda con un partidazo sobresaliente. Su control del escenario abortó casi todas las inentonas granadinistas.
Nadie puede dudar de la intención del Granada, eso quedó claro. Tuvo una buena opción Fran Rico cuando se plantó solo ante la meta azulgrana, bien habilitado por El Arabi. Ter Stegen aguantó en la media salida y contuvo el remate con eficacia germánica. Las broncas también dejaron muestra del carácter local. Rubén Pérez recordó a Neymar que los lujos innecesarios molestan. Se contuvo a tiempo para evitar la roja. Y Cuenca, ex azulgrana, provocó la indignación culé al jugar una bola para El Arabi con el rival parado. Un par de tarjetas para serenar los ánimos y sigan.
Rozó el Barça el tercero en varias ocasiones, pero tardó en llegar. Lo hizo al final, generoso Neymar para coronar a Suárez como Bota de Oro, y entonces sí se decretó la fiesta azulgrana. Honor al campeón. No hay mejor equipo en la Liga que el Barça.

domingo, 8 de mayo de 2016

Real Madrid vence a Valencia y se coloca en el segundo puesto de la Liga


Hasta el final. El Real Madrid no se va rendir. Jamás. Lo puede contar Arbeloa, que se despidió del Santiago Bernabéu en el campo y pidiendo la hora. El Valencia amenazó con un gol que hubiese dado el título al Barça. El Atleti se cayó de la pelea, pero no el Madrid. Todavía puede ser campeón aunque necesite ganar en Riazor y un favor del Granada, ya salvado, que recibe al Barcelona.
Antes de la final de Milán, llegó la undécima. La undécima victoria consecutiva del Madrid. Encabezada por el de siempre, Cristiano Ronaldo, autor de dos de los tres goles. Vital fue tambiénKiko Casilla, que tiene manos para jugar en el Madrid. Su soberbia segunda mitad evitó un sofoco al Bernabéu.
James apareció en un once con Benzema y con Cristiano. Los dos, entre algodones todos estos días, están listos para la final. Aunque para eso todavía queda mucho. Mientras, hay que seguir ganando. Hasta el final. No dejar de creer, ya saben.
Si Casilla dio un recital, el Bernabéu volvió a ver otro de Diego Alves. Le metieron tres, pero sacó balones imposibles. Le superó Cristiano. Por primera vez cerca de la media hora. Chutó con precisión de cirujano para abrir la lata. Y el encuentro saltó por los aires.
El partido se convirtió en un correcalles. Alves siguió demostrando que hay días en los que engaña y tiene más brazos. Cancelo perdonó el empate y Benzema marcó antes del descanso previa parada terrible de Diego. Era fuera de juego, pero subió al marcador.
Como presentación de la segunda mitad, Ayestarán metió a Mina y André Gomes. Y el Valencia sembró el pánico. Parejo tocó dos veces madera y Kiko Casilla fue de hierro. Se contaron hasta cuatro paradones que evitaron goles cantadísimos.
Rodrigo acortó distancias y Cristiano poco tardó en volver a alargarlas. Marcó a pase de James, al que se le vieron cositas. Sólo cositas, pero algo es algo. En Milán una de esas puede transformarse en Undécima.
Zidane, hay que decirlo, descompuso al equipo con los cambios. Hasta quitó a Cristiano a diez del final para que entrase Arbeloa y, brazalete en mano, sufrió con el madridismo. André Gomes metió un golazo y el Valencia acabó con diez (expulsaron a Rodrigo por decirle algo fino al línea). El Bernabéu se despidió inquieto. Pero feliz. Ahí hay que estar. Hasta el final. Como Arbeloa. Eso es madridismo.

Barcelona aplasta al Espanyol y esta a un paso de ser campeón de la Liga


El Barcelona tiene la Liga en la manita. Al líder le bastó con un arranque brillante y la voracidad de su tridente para liquidar al Espanyol como quien espanta una mosca. El Tamudazo fue un recuerdo lejanísimo que ni asomó por el estadio azulgrana. Lo mejor para los pericos fue sellar la permanencia gracias a resultados de terceros. Al conjunto azulgrana le bastará con ganar al ya salvado Granada para sumar un título que tuvo ganado, que vio peligrar y que ha amarrado con una reacción poderosa. Desde la derrota contra el Valencia, 21 goles a favor y ninguno en contra. Brutal.
Messi es el centro de gravedad del Barcelona, es una evidencia. Por eso cuando la necesidad aprieta es La Pulga quien toma las riendas. Sin pestañear, además. Leo capitalizó el arranque del líder con un gol, una amarilla y la presencia en casi todas las acciones de su equipo, en ataque o de presión para recuperar la bola y asfixiar al rival.
Al Espanyol le duró la pelota menos de diez segundos desde el saque inicial, síntoma del carácter azulgrana. Esta vez no permitiría dudas desde el inicio. Se volcó sobre el área perica y generó llegadas continuas, algunas claras. En la izquierda desbordó Neymar superstar, con quiebros, fintas y hasta una rabona. Suárez fijó a los centrales, y por la derecha partió Messi e incidió Rakitic. El extraordinario lanzamiento de falta en el minuto ocho, a la escuadra derecha de Pau, destapó el corcho. Y cuatro minutos después, un rapidísimo ataque entre Suárez y Messi encontró a Rakitic en boca de gol, anulado por fuera de juego. Lo pareció, pero no lo era. Lo anulaba un defensor, sentado al otro lado de la jugada. Tampoco tuvo suerte el Barça con Gil Manzano en otro lance polémico, una caída de Messi ante Duarte, que le derribó en el arrastre.
El Espanyol tardó media hora larga en asomarse al balcón de Ter Stegen. Superado por el alto ritmo azulgrana, sólo un par de balones diagonales a Caicedo metió algo de picante al duelo. El punta sólo remató uno, bien blocado por el meta alemán. A falta de llegadas, los pericos llenaron el depósito de tarjetas, y aún pudo darse por contento con Hernán Pérez, que bordeó la roja en varias oportunidades.
No necesitó esforzarse demasiado el Barcelona para resolver la disputa. Para colmo, el único futbolista con aspecto de amenaza, Caicedo, se quedó en la caseta tras el descanso y poco más se supo de los pericos, que pusieron de su parte para agrandar la derrota. En el 2-0 fallaron Diop en el pase de salida y Roco al habilitar a Suárez. Robó Alves, sirvió Messi y resolvió Suárez. Antes del cuarto de hora, el uruguayo cabeceó un córner a la red. Con falta clara sobre Javi López, pero el colegiado tampoco acertó en ese lance.
El uruguayo recogió el protagonismo de Leo con ese doblete y con una excelente asistencia a Neymar, tan intratable en el regate como poco activo en el remate. Para su diana no tuvo más que empujar la bola en una jugada iniciada por Alves, a gran nivel. Cuando juega bien, juega bien.
El final del partido fue cruel para el Espanyol, rendido con los cambios a falta de casi 20 minutos. Pau, alma perica, amenazó en la previa y recogió su castigo tras un error clamoroso que permitió el quinto de Rafinha. El Camp Nou se ensañó con el meta, que se recompuso como pudo. La gradería masticó el título cuando llegaron noticias con goles de Levante y Valencia, pero faltó un tanto en el Bernabéu para completar la fiesta.
Aunque no esté al nivel de hace tres meses, el Barça encara la última jornada con todos los triunfos en la mano. Tiene nivel de juego y confianza para sellar el título, aunque hará bien en resolverlo cuanto antes. El Granada no se jugará nada. Como el Levante ante el Atlético.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Real Madrid gana al City y se mete en la gran final de la Champions League


Habrá derbi en Milán. Lisboa tendrá segunda parte. Tenemos tres semanas y algo para hablar de ello, para que a la hora de las comidas familiares, de las reuniones de amigos, de los encuentros de ascensor sólo haya un tema de conversación. Para que los lazos vuelvan a deshilacharse sin llegar a romperse. No lo hicieron en 2014, no lo harán ahora. Pero nos gusta el picante y el cachondeo. Y nos gusta el Madrid-Atlético.
La semifinal no pasará al recuerdo, no. El combustible del Madrid es la épica y esta eliminatoria se le presentaba como un depósito vacío. Con sufrimiento, con los otros activos del fútbol y de la vida. Cuando el talento no define, el grupo se hace persona y pelea. El Real Madrid no gana con el nombre, gana por lo que representa, por la historia de la gente que dio a luz a la leyenda y por los que intentan dignificarlo en la actualidad. Y cuando vienen malas, como vinieron al final, el equipo es lo que salva el cuello. Y cuando el esfuerzo se hace necesidad, no sobra nadie.
Los de Zidane salieron andando, a especular, con todo el riesgo que ello conllevaría con un rival extramotivado enfrente. Pero tampoco es que el City fuera el Correcaminos tras el Coyote. El partido, la eliminatoria, tenía ritmo de septiembre y premio de mayo. Se lesionó Kompany y tuvo que ser un defensa el que rompiera el partido. El 15 de blanco, el chico de la casa, el que puso la primera piedra imberbe y ahora es héroe barbudo. Carvajal, que juega como si estuviese conectado de forma invisible a la red, como un tranvía o un coche de choque, metió un balón en profundidad a Bale, actual sastre de sonrisas del Real Madrid, que en su intento de centrar con la derecha encontró la colaboración de Fernando y clavó el balón en la escuadra.
Con Modric intentando manejar un centro del campo huérfano de ancla sin Casemiro pero libre de moverse en función de la marejada del partido con Isco, los blancos tuvieron contra las cuerdas a unManchester City que siempre se mantuvo a la distancia pero que nunca lanzó los puños. Pero no soltó el derechazo del K.O. y buscando la campana del final del primer asalto el Madrid sufrió una bajada de tensión. Ahí es donde aprovechó Fernandinho para pegarle un meneo al palo de Keylor con un derechazo que hizo latir al unísono el corazón en las gargantas madridistas. Al tragar saliva y corazón se expelió un "Uy" que tuvo eco durante todo el descanso
Touré, haciendo gala del apodo de su selección, fue más elefante que elegante. Se movió pesado sobre el césped y el Madrid respiró mientras estuvo en el césped. Tampoco fue el día más activo deCristiano, hiperactivo en una jaula, lo intentó pero sin mucho recorrido. Es difícil adivinar el tanto por cierto al que se encontraba para jugar, pero queda claro que el número no se acerca al 100.
Entre tanto inmovilismo salió Lucas entre una gran ovación del público. Se pegó un sprint nada más salir que le hizo parecer explorador entre momias. Sólo se movía él ante la cámara. Su exceso de adrenalina le pudo costar caro en una de las últimas acciones del partido en la que atropelló a Sterling. Literalmente. Hart sacó un par de veces el segundo a Cristiano y a Lucas, antes de que Bale probase el sabor del larguero. Otro vuelo sin motor le hizo elevarse por encima de la zaga del City, pero el travesaño le negó el doblete de gloria.
Y llegaron los últimos 20 minutos, llegó el sufrimiento. El City no hacía nada, pero tú dile a un tío que está de pie rezándole a todos los santos en los que no cree que el árbitro pite el final si sufrió o no. En el 89' llegó el apoteósis de la agonía. Un chut lejano de Agüero se acercó a la portería de Keylor y los segundos se hicieron tan espesos que se podía escribir un cuento de cada uno de ellos. Volaba la bola, uno pensaba "No ha hecho nada en 179 minutos y verás ahora", el otro, el que se sacaba el codo de su amigo de la boca, no se lo podía creer. "Si este tenía que estar jugando con nosotros...", murmuraba con una frase más larga que el tiempo del disparo. Y se marchó por encima del larguero.
El Madrid no voló hacia Milán, acudió a su encuentro en peregrinación. Pero está en la final, con el Atlético, y la ciudad se prepara para lo que se le viene encima. Otra vez tú. No se puede sentir otra cosa que no sea nostalgia del propio presente. Está siendo tan intenso y genial que nos vemos en unos años echándolo de menos en vez de disfrutarlo. La gran final de la Champions se vuelve a jugar en el Paseo del Prado.